Atte. El fantasma

CAPÍTULO 31: FAMILIA MODELO

Theo salió del baño guardando el celular. Mientras cruzaba el pasillo, sus ojos se detuvieron en las fotos familiares: Kayle de niña, y una mujer de ojos verdes.

«Se parece mucho a su madre » pensó él, mientras regresaba al patio y terminaba sentado en la comodidad de una silla playera frente al calor de una fogata escuchaba la conversación de la familia.

—¿Cómo no entendiste la soledad del jaguar? —preguntó Santiago a su hija con un tono casi paternal— En serio, deberías aprender más del cine.

—Por favor, tú te quedaste dormido en media película —respondió Kayle, con un toque de ironía en la voz.

Mientras la conversación continuaba, Theo se sumergió en sus propios pensamientos. Recordó los gritos y golpes en su hogar, la violencia que su padre ejercía tras el divorcio, y el miedo que lo paralizaba cuando era encerrado en el armario.

Observó a Kayle y sus padres, interactuando con una complicidad que él nunca había experimentado. Y de pronto, un pensamiento lo atravesó: "¿Por qué no puedo tener una familia así?"

Theo había llegado a la conclusión de que el divorcio entre sus padres podría ser la respuesta a sus problemas. Al menos, en la casa de Kayle, veía una "Familia modelo".

Aaron se levantó, estirando la espalda con un gesto de agotamiento — Son las diez, es hora de dormir — anunció Aaron mientras se levantaba con cierto dolor en la espalda.

— Kayle y Theo, por favor. Acomoden las cosas antes de dormir, yo hare una cama en el sofá — agregó Santiago.

— Bien — alargó la chica.

En silencio, ambos comenzaron a ordenar el jardín. Kayle notó los suspiros de Theo mientras trabajaban. Al principio pensó que eran por cansancio, pero cuando escuchó el segundo suspiro, seguido de una suave risa, sus cejas se fruncieron, curiosas y alertas.

Volteó silenciosa, al chico que contemplaba el fuego.

— ¿Estás bien?

Theo intentó sonreír, pero las comisuras de sus labios temblaron antes de que pudiera contener un suspiro cargado de vergüenza.

— Es solo que, tu familia es tan ... diferente a la mía.

Kayle levantó una ceja, analizando al chico que intentaba sonreírle con una expresión que no lograba comprender. Algo en su falsa sonrisa complaciente la molestó profundamente.

—Oye —su voz se alzó, con un tono de furia inesperada mientras se acercaba a él— si te burlas de mi familia, te golpearé la cara.

—¡No, no, no es eso! —Theo se alarmó, levantando las manos en un gesto defensivo, como si intentara crear una barrera entre ambos— Es solo que este lugar es tan... acogedor. Debe ser increíble tener dos casas —dijo, sorprendiéndo sin darse cuenta— vivir con tus padres y poder visitar a tu madre.

Hubo un silencio mientras él recogía su cabello hacia atrás. Kayle suspiró y mostró una sonrisa que ocultó en segundos

—Mi mamá murió cuando era niña —dijo ella.

Theo sintió un nudo en el estómago. Se detuvo unos segundos antes de seguir con sus labores. Sin embargo, Kayle ya estaba viendo las pocas estrellas de la noche.

—¿Puedo preguntarte algo? —dijo ella, llamando la atención de Theo— ¿Por qué viniste a mi casa?

Theo dudó, sus ojos parpadearon con incertidumbre antes de fijarse en la fogata. No tenía el valor para mirarla a los ojos.

— Mis padres pelearon.

El silencio se instaló de nuevo. Kayle se acercó, hombro con hombro, mientras Theo bajaba la mirada, apretando sus manos en un gesto de tensión.

—Mi padre me golpeó y yo, por primera vez, lo golpeé —confesó, con la voz quebrada— por eso me escapé. Si iba con Andrew y Arthur, sería incómodo. Y si iba con Corni, su abuela le diría a mis padres.

La palabra "incómodo" resonó en la mente de Kayle. Notó el cambio en Theo, la transformación de un chico impertino y audaz a uno con una expresión deprimida. Aunque no lo culpaba, ella también sentía una tormenta similar en su interior.

Kayle desplegó dos sillas y se sentó.

— Mi mamá me decía que es mejor soltarlo todo hasta las lágrimas antes de lamentar una tontería —explicó ella— ¿Por qué sería incómodo ir con ellos?

Theo maldijo internamente. La serenidad en la voz de Kayle, esa mirada verde que lo atravesaba, lo hizo sentir vulnerable, más de lo que había sentido en mucho tiempo. Sintió un calor en su pecho, como si algo en él quisiera salir en ese lugar tranquilo y silencioso.

— "El hijo de un abogado poderoso" — inició Theo al sentarse— ese es mi apodo, aunque casi todos lo dicen a mis espaldas.

— Creo que tu padre es interesante — susurró kayle.

Theo soltó una risa amarga, seguida de un largo suspiro

—El honorable abogado, en realidad, es un perdedor infiel —dijo con fiereza— tiene una aventura con la madre de Andrew y Arthur.

Kayle parpadeó, sorprendida. Volteó hacia la fogata, las brasas se tambaleaban. No sabía qué decir, y mientras acariciaba sus propias manos entre las piernas. Giró hacia Theo, a punto de estallar, ella colocó su mano en su antebrazo.

— Gracias por desahogarte conmigo — dijo ella.

Su sonrisa era suave. No era pena por el pelirrojo, era empatía. Theo sonrió tímidamente, encogiendo sus hombros sin poder evitar sonrojarse en el proceso. Él no se dio cuenta hasta que Kayle oculto una suave risa.

— Perdón, perdón. Tu rostro es tan rojo como tu cabello, es lindo. Ah, tu apodo debe ser tomatito — bromeó con una sonrisa coqueta.

Finalmente reaccionó. Alejándose del agarre, dejando atrás el sonrojo.

—Oye... ¿ solo piensas en coquetear con chicos? —preguntó, con una queja contenida, mirando rápidamente por la mampara para asegurarse de que no los escucharan.

— No tengo tiempo para enamorarme. Es mi manera de estar cuerda — Respondió Kayle, girando a la noche— últimamente, siento más presión que antes. ¿Tú no?

Él asintió lentamente, empezando un silencio. Bajo la luna y las estrellas.

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