Atte. El fantasma

CAPÍTULO 56: Secretos oprimidos.

La puerta de una habitación se abrió, Theo tomó la parte de la axila de su polo y lo olió. Hizo una mueca leve: no estaba fresco, pero todavía era aceptable.

Solo dio unos pasos cuando se encontró en la cocina frente a su madre en medio de una llamada.

— Gracias — un suspiro salió de sus labios— puedo ese día, mi hijo estará con Javier.

Su pelirrojo corto y una sonrisa calma antes de abrir sus ojos con sorpresa frente a su hijo a punto de irse.

— Theo, espera — llamó la madre.

El semblante de la mujer se llenó de furia, apretó su cien en un largo suspiro.

— Theo, consigue la beca— ordenó.

Theo rodó los ojos.

— Tu padre te puede pagar lo que quieras, pero … te hará estudiar y trabajar en lo que él quiere

Con sus palabras, tuvo la atención de su hijo. Pensativo, sus ojos bailaron entre el suelo y su madre.

— Si, voy a conseguir esa beca.

Por otro lado, frente al televisor de la cocina. Aidan dejó su plato lavado, y apagó las noticias acerca de esa nueva pareja.

Su madre, ansiosa. De traje, coleta alta de su cabello corto, un cerquillo ligero sobre su frente, camino de un lado con cartera en mano y carpetas.

— ¿estás bien? — el castaño volteo a su madre— te ves rara.

— Estoy bien cariño — Alison respondió.

Ella revisó a su hijo, de pies a cabeza. Impecable. Lo abrazó y volvió a tomar su bolso.

— Limpia tu zapato antes de irte — dio un beso en la frente antes de ir a la puerta.

— Mamá — detuvo él— ¿que vas a limpiar en el colegio?

Su pregunta la obligó a voltear, sin poder evitar presionar su mandíbula a unos metros de su hijo. Sus ojos abiertos detrás de los lentes que lo hacían brillar. Una inocencia que Aidan mantuvo delante mientras apretaba su pantalón de pijama desde atrás.

— ¿Qué dices? —alison suspiro.

— en la noche, vine por agua pero te escuche en la oficina — respondió, lentamente. Viendo de reojo cada reacción de su madre— dijiste que no quieres ensuciar el colegio. ¿Pasó algo?

— Si — dijo ella.

Cambió el peso de su pierna, mientras esbozaba una gran sonrisa. Sus comisuras apenas vibraron.

— Para evitar que se ensucie los toldos en las olimpiadas o que se rompan, se pondrá un plástico.

En un silencio largo, ambos intercambiaron miradas.

— No llegues tarde a tu academia—dijo y salió.

La puerta se cerró con fuerza.

— ¿A quien destruyo? — Aidan bajo la mirada.

Por otro lado, Talia estaba sentada sobre su cama, frente a Corni y Kayle. Disfrutando de un ramo de lirios.

— Lo siento mucho — los ojos verdes de kayle laderon entre Talia y el suelo. Apenada, revolviendo los dedos del pie— si hubiera pensado más. Yo,

— Ya — detuvo Talia en un suave tono— no es tu culpa.

— Ves — corni golpeó a kayle— no tienes que sentirte tan mal.

Al mismo tiempo, los cuatro chicos llegaron con margaritas y cestos de comida. Andrew fue el primero en detenerse, frente a la chica sin sus trenzas. Él tragó hondo y habló:

— Perdón, lamento lo que te pasó.

— Oigan, ustedes hicieron el plan pero yo no tuve cuidado. ¿Bien?

— Si quieres culparlos hazlo ahora — Arthur se acercó— ¿quieres que golpee a Andrew?. Corni golpea a Kayle.

— ¡Ni loca! Ella lo devuelve —corni pronunció mientras se alejaba un poco de kayle.

— Chicos — detuvo Talia. su rostro triste — mi papá no quiere que salga de casa.

Tras sus palabras la discusión termino, voltearon boquiabiertos a la joven que cruzo sus brazos.

— y … no quiere que vaya a las olimpiadas — continuó ella— después de todo, yo no me voy a presentar.

— ¿Qué? — corni salto— pero … ¿y si hablamos con él?

Talia negó con la cabeza.

— Desde que mi mamá murió, papá siempre tuvo reglas — respondió ella— estoy segura que me dirá nuevas reglas de llegada. Lo siento.

— Deja que hable con él — theo se levantó y salió de su habitación.

— Oh …. ese es nuestro capitán — susurró Arthur.

Theo solo dio unos cuantos pasos hacia la sala, el padre de Talia, Victor revisando un catálogo.

— Señor — pronunció Theo.

Su rostro enmarcado en la poca esperanza que tenía, rasco su ojo derecho cansado antes de suspirar o cuando Victor volteo a verlo.

— Señor, quiero pedirle que deje salir a Talia con nosotros para las olimpiadas.

Victor arqueo una ceja, volteo a la habitación de su hija y luego al pelirrojo.

— ¿Disculpa? mi hija casi la secuestran — alzó la voz— no voy a dejar que regrese a la hora que quiere, solo porque sí. ¿Ustedes la convencieron a entrar a ese grupo de estudio? Mi hija está dentro del top 3 no lo necesita.

— ¡Pero también es nuestra amiga! — gritó él.

Por un instante, parpadeo. Se dio cuenta rápido, alzó la voz a un hombre y no era su padre.

Theo trago saliva y apretó sus manos. Sus ojos directamente sobre el adulto.

— Talia es nuestra amiga —dijo, calmado — solo queremos pasar el tiempo.

Victor lo estudió por un momento, antes de ver se hacía una foto con su hija cuando era pequeña. Al mismo tiempo, Corni apareció delante de los demás en el marco de la puerta.

— ¿En Serio ustedes son amigos de Talía? — el hombre no dejo de ver la foto.

— ¡LO SOMOS! — grito Corni.

— ¡Por eso vinimos a verla! — gritó Arthur.

El hombre se detuvo, vio a cada adolescente y luego inhaló. Fuerte y largo, vio al techo y luego a la mesa al suspirar.

— Victor — llamo Ricardo sentado desde el sofá— ellos son buenos niños, te lo juro. la pecosa, a veces la trae. Los gemelos me ayudaron a encontrarla y sobre los demás… no me importan mucho, pero estoy seguro que no tienen nada que pueda lastimarla.

Fue entonces que el padre vio a su hija salir de su habitación, en medio del grupo.

— Bien, pero quiero que llegues antes de las 4 de la tarde.

— ¡Bien! — talia sonrió.

Corrió a él y lo abrazó.

Después de una hora, el grupo se encontró en la calle. Talia apenas los vio cruzar el umbral antes de regresar a su casa. Vio a su padre y tío un poco incómodos en el silencio de la sala.




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