El video de la propuesta de Gabriella y Javier siguió fresco en internet. Las noticias, en internet, en cada celular de los estudiantes del colegio y lo peor, en la memoria de Andrew.
Aun cuando intento pensar en su encuentro con su padre, en las llamadas de mudanza que escucho en casa y en las voces románticas desde el interior de la habitación de su madre.
A todos les dio repulsión, ni siquiera la soledad que logró después de la pelea ficticia contra su hermano, pudo calmarlo.
Su caminata se había convertido en una rutina de una semana, desde su salón hacia la escalera más lejana. Aquella que pocos usaban.
A punto de ver el piso desde el cuarto piso, su rostro pasó por la desilusión y agotamiento hasta que una voz lo alarmó.
— Andrew
Justo en el descanso de las escaleras, giró y se encontró con una chica menor, quizá de un grado inferior. Sus manos pequeñas se entrelazaron nerviosa, su mirada viajo desde el rostro de él y las escaleras.
Fue entonces que suspiro.
— Eres , ¿Andrew?
Andrew tragó saliva. Bajó la mirada un segundo antes de forzar una sonrisa y negar con la cabeza.
— Lo siento, Andrew debe estar en el baño.
—Ah… —exhaló ella, emocionada, fue entonces que dio un paso más—. Arthur, quería decirte que lo que está pasando debe ser difícil. Puedes confiar en mí. Tu pelea con Andrew me preocupó… él a veces es un poco… frío. Oscuro.
—Gracias —la interrumpió él—. Nos vemos.
La chica no insistió. Solo lo vio alejarse escaleras abajo.
Mientras tanto, debajo de las escaleras; Kayle extendió un sándwich envuelto en papel hacia el pelirrojo.
—Capitán —dijo—. Debes descansar la mente. Mañana es tu gran día.
Theo lo tomó sin entusiasmo.
—Sigo haciendo lo que mi papá quiere —siseó—. En el estadio siguen jodiendo, y será peor después de que ese idiota le pidió matrimonio a Gabriela. En las noticias no dejan de decir que es perfecto.
Siguió hablando. Kayle, en cambio, apoyó una pierna contra el muro y cruzó los brazos, con una mueca en sus labios antes de ver hacia el cielo.
Apretó los labios antes de mirarlo.
—Theo —lo detuvo—. ¿Te siguen molestando?
Él alzó la vista.
Mientras tanto, desde arriba, Andrew bajó un par de escalones y se detuvo en la conversación.
—La última vez, terminé coqueteando contigo delante de Esteban y Marco —continuó ella— aunque también fue bueno para mí, Marco dejó de acercarse a mí.
—Oye, no es necesario eso.
—Me ayudaste con Tom —replicó—. Es justo que haga lo mismo.
—Lo hice porque…
Theo no terminó la frase.
Desde arriba, Andrew no tocó el afeizer, se mantuvo quieto y curioso viendo las nucas del par. Apenas arqueo una ceja, tal vez juzgandolos.
Mientras los otros dos, se miraron. El silencio se cargó de algo incómodo y peligroso. El pelirrojo se perdió en los ojos verdes de Kayle; ella, por su parte, revisó con cuidado cada rasgo de su rostro.
—¿Somos falsos novios? —susurró Kayle.
—Oye, nos van a escuchar.
Theo dio un paso. Demasiado cerca a su rostro.
Andrew, por su lado, no pudo evitar dar un paso adelante. Su mandíbula cayó un poco mientras sus brazos se apoyaron sobre el afelizer de la escalera.
—Oh, capitán —Kayle levantó las manos y tomó el rostro de Theo—. No te acerques si buscas quemarte.
Lentamente, volvió a alejarse. Su pequeña sonrisa atrevida no dejo de jugar frente al chico que ocultaba su sonrojo.
—Sé que necesitas a la psycho —añadió en voz baja—. Pero sé lo que hiciste contra tu padre, hiciste bien. Así que no entiendo… ¿Aún me necesitas?
Theo se apartó de golpe.
Andrew, desde arriba, se quedó inmóvil junto al alféizar.
« ¿Falsos novios?»
—Aunque no he podido usarte para ayudarme —Kayle volvió a apoyarse en el muro—. A los profes ya no les importa mucho.
—Eso es bueno —murmuró él, con sarcasmo.
Theo estiró los brazos y Andrew se alejó del barandal.
—Y tú tampoco asustas mucho ahora — continuó Theo— Algunos chicos ya no ven a la psycho. Ahora hablan que eres linda.
—Querido —Kayle sonrió, calmada, casi dulce—. Siempre lo fui.
—Sabes a lo que me refiero —Theo rodo los ojos, y miró hacia el campo atlético. Sus manos jugueteaban en los bolsillos.
Kayle siguió su mirada.
—¿Deberíamos decirle a los demás? —preguntó ella. Su voz se endureció mientras sus dedos tocaban el pequeño libro escondido en su casaca.
Se miraron.
Andrew quiso verles el rostro, pero solo alcanzó a distinguir sus nucas mientras intentaba ocultarse.
Por un instante, el mundo se quedó en silencio. La pierna de Andrew subió y bajó ansioso.
Pero, entonces la campana reverberó por toda la escuela. Andrew reaccionó y subió las escaleras apresurado.
Abajo, el par de adolescentes sonrieron.
—No dudan de nosotros —dijo Theo mientras avanzaba hacia las escaleras.
—Es cierto —respondió Kayle— Pero después de lo que pasó con Talia… me gustaría menos secretos.
Hubo un corto silencio, mientras avanzaban por las escaleras.
— ¿Y qué hay de los chismes? — Theo siguió desde atrás.
— Escuche que un pelirrojo tiene nueva mami
— Callate, ¡Cretina! — Theo gruño, en un tono burlón junto a un salto en las gradas.
Empezó a correr, dejó atrás a la chica. Sin notar la sonrisa contenida que asomaba en los ojos verdes de Kayle.
Pronto, en el momento que su pie tocó el segundo nivel, un pequeño golpe en la nuca la detuvo.
Kayle se giró de golpe, con los ojos muy abiertos. Pero, el gesto le duró solo un parpadeo, antes de transformarse en algo distinto: su postura se tensó y clavó su vista, con fuerza y seriedad. Sus ojos brillaron en la cautela delante de Oscar, aunque él no se detuvo.
— No está bien que sean tan cariñosos en el colegio
Continuó caminando, mientras la joven parpadeó un par de veces antes de torcer la boca con desdén.