Bajo el sol, y la sombra de los toldos, un extraño juego de mata gente empezó entre las promociones.
Mientras tanto, Theo camino lento en el estadio, se detuvo a ver a Bruno en el medio del arco con dos guantes de manos, enfocado en cada chillido de las zapatillas y la pelota.
Sonrió ante su amigo, rasco su cabello y volteo. Apenas pudo regresar hacia la puerta cuando una voz llamó su atención.
— Theo —escucho atrás.
Era su entrenador, con cierta dificultad bajo las gradas, mientras sus ojos viajaron insistente hacia la un grupo de hombres; algunos bien vestidos y otros con trajes deportivos. Observando y escribiendo acerca del partido.
El chico se dio cuenta rápido.
— ¿reclutadores? — susurro Theo.
— Hubo un cambio —el entrenador entregó una hoja—. Por Favor, diles a los demás.
Theo arrugó su frente, inspeccionó la hoja:
“Equipo de básquet 3° grado vs 4° grado: Martes a las 11 am”
— ¿Hoy? — la cara de Theo se arrugó y volteo al grupo de hombres.
— si … dile a los demás que se preparen o que vengan al colegio, tenemos dos horas para calentar.
Theo asintió, volvió sobre sus pasos mientras sacaba un walkie talkie.
— El perro rojo tiene problemas. Que alguien venga —susurro.
Por otro lado, Nicolas subió por las escaleras del sur. En una calmada sonrisa y vaga expresión, sus ojos viajaron de un lado a otro, muy seguro a pesar de la cantidad de personas sospechosas en vigilancia.
« Perdí la cuenta de cuantos hay » pensó para el mismo. Apenas gruñó cuando vio a la directora Alison caminar a lado de su hijo, Aidan.
— profesor Nicolás — llamo alison— ¿cómo va la vigilancia?
— Muy bien, no hay nada malo — Nicolas sonrió y alzó sus pulgares.
Su voz suave pero orgullosa hizo sonreír a la directora. Tal vez era la primera vez para Aidan que pudo capturar ese retrato. Pudo haber permanecido así, pero en el momento que su madre volvió a caminar, él pudo volver en sí.
Parpadeo un par de veces, mientras dos manos de Nicolas golpearon en sus hombros.
— Ve con ella.
Los ojos del adolescente, aún bajo los lentes, vio de un lado a otro en el rostro del mayor. Algo confuso, dudo en sus palabras pero fue entonces que Aidan se alejó de él.
— No me estaba sonriendo a mí — susurró él.
Respiró con fuerza.
Nicolas se dio cuenta, quiso hablar pero los pies de Aidan resultaron rápidos. En segundos vio la espalda del joven alejarse en el mismo camino de su madre.
« Espero que esté bien » fue lo que pensó Nicolas.
— Hola Nicolas.
Una voz nueva se escuchó desde atrás. Oscar, el profesor de arte y el nuevo del colegio. Se acercó con un polo verde claro y mitad de su rostro pintado de verde.
— Las chicas de primero son muy alegres
Nicolás no pudo evitar sonreir. Sostuvo una burla larga con una mano en el cabello castaño antes.
— ¿Tú no llevas color? — Oscar volteo al patio lleno de gritos.
— Nah … — siseo Nicolás— no soy profesor, solo consejero.
Fue entonces que sacó de su bolsillo una tira de pañuelos amarrados de colores suaves: Verde claro, celeste, blanco, lila y naranja. Un cinturón de tela que lo envolvió en su pecho.
Engreído el castaño, tanteo cada tela.
— Por cierto Nicolás — susurro — ¿Viste a esos hombres raros? Los que están caminando por el segundo piso y las escaleras de allá — Oscar volteo hacia un lado, señalo por la derecha—. ¿sabes quienes son?
Nicolas nego. Aburrido antes de palpar su espalda, mientras una risa gimoteo entre sus labios .
— Eres más viejo, ¿tienes ansiedad? ¿Quieres un pañal?
— ¡Callate! y vete a trabajar — ordenó Oscar, solo con un pequeño golpe que hizo tropezar a Nicolás—. debes obedecer a la jefa.
— Ya lo sé …
No dijo nada más, Nicolas se alejó sin voltear o ver por el patio. Centrado al frente, en camino a las escaleras. Su mano viajó a uno de los pañuelos, a penas bajo la mirada cuando escucho pisadas.
Volteo rápido y se encontró con Kayle. Su frente brillosa por el calor de verano y su rápido camina por la escalera.
— Nicolas, hola …
Fue un suave tono, casi ahogado por su cansancio. El mayor apenas pudo despegar sus labios para responder cuando un inquietante golpe en los altavoces los asustó.
Un escalofrío cubrió sus espaldas, Nicolas quiso tomar a la chica, pero se detuvo. Sus ojos pegados a ella, a solo dos escalones de distancia y manos en la espalda. Nicolas parecía esperar algo más.
“ El partido de fútbol entre tercero y cuarto va a iniciar — se escuchó desde las bocinas. Un hombre, posiblemente el subdirector”.
— ¿Nicolas? — Kayle dio un paso atrás, y sacudió su cabello, calmando los nervios— que bueno que tienes los pañuelos.
— Si, gracias — interrumpió el adulto— ¿viniste a ver a Theo jugar?
— ¡SI! — anunció Kayle—. si, eso. Adiós.
Kayle dio media vuelta, volvió a bajar por las escaleras.
Y, Nicolas se quedó quieto, plasmado mientras respiraba lentamente en busca de relajarse. Un poco confuso, sacudió su cabeza y revisó su reloj.
“12:00 pm”
“¿Cuál es la más sublime sorpresa? … quien sabe armar espectáculos imponentes”
Atte. El fantasma.
El mensaje brilló bajo los ojos de Theo. Enojado en la posibilidad de que toda su sangre esté hirviendo en el momento pateo aquel tumulto de hojas apiladas.
Algunas volaron y él vio a Kayle en las escaleras y Andrew acercándose.
— ¿Qué pasó ahora? — susurró Andrew. Más agotado de lo que parece.
Theo bajó el celular, todavía agitado.
—El partido de básquet será hoy. En dos horas.
Nadie respondió. Kayle frunció el ceño y bajó la vista, pensando.
Fue entonces que el walkie talkie crujió. Los tres llevaron la mano al comunicador casi al mismo tiempo.
—El fantasma está aquí.
Theo dejó de respirar por un segundo. Se quedó rígido, con la mirada fija al frente. Sus dedos se aferraron al celular. Desorbitado y casi temblando, aún anclado al suelo cuando la mano de Kayle lo empujó.