— No, no pienso salir.
Corni se arrulló con brazos cruzados y sentada en la mayólica del salón. Mientras los reflejos de luz cruzaron por las ventanas alta de la pared y la incertidumbre rompió con su compostura.
— Odio al fantasma— gimoteo Corni, aguanto sus lágrimas—. Y, la verdad … me da un poco de miedo.
— Corni — susurró Talia—. todos estamos asustados.
Miro de reojo a la chica de trenzas, era obvio. Las rodillas de Talia vibraron aún estando pegadas a su cuerpo.
— ¡Ya lo sé! — grito y pronto cubrió su boca— solo… me siento, tan… perdida. ¿Tú no te sientes así? Que el fantasma está haciendo lo que quiere y nosotros
— sobrevivir —interrumpió talia y tragó saliva— ¿qué no podemos hacer nada más que solo eso?
Lentamente, ambas chicas intercambiaron miradas. De sus ojos brotaron lágrimas que, sin querer, se convirtieron en un desahogo con hipos silenciosos.
—O sea —susurró Corni—, estoy feliz de haberme alejado de Jack y de los otros idiotas… y de conocerlos a ustedes, pero… ¿por qué así?
Corni se limpió las lágrimas.
Vio a Talia esconder los pies, que se movían con desesperación.
—Yo también… me alegro de tener amigos —balbuceó Talia antes de sonreír.
De corni una linda mueca de pena se dibujó, alargó sus comisuras hacia abajo y apretó su puño.
— Ay, lo siento por ponerte ese hueso. Tu cabello si es lindo.
A veces se escucharon gemidos, que quisieron esconder.
Fue entonces cuando la puerta rechinó. Ambas se acercaron a la pared, con profundas lágrimas que ya era imposible amortiguar. Pero que calmó su respiración más cuando encontraron a Kayle en la puerta entrecerrada.
— Kayle —gimoteo corni. De nuevo, lágrimas demandaron sus mejillas— Me alegra que seamos amigas, aunque eres una verdadera cretina.
— ¿De qué hablan? — susurró Kayle.
— Que somos amigas, aunque fue por culpa del fantasma — respondió talia. Se quitó sus gafas para limpiarse las lágrimas— que bueno que estamos juntas.
Rápidamente, las lágrimas salieron de ella. Las tres se sentaron formando una media luna.
Como si en verdad disfrutaran de ese momento interrumpido por el sonido de sus celulares. Un mensaje:
“Los juegos de los niños no son juegos y hay que juzgarlos … y castigarlos”.
“Hoy perdieron, encontré a su actor escondido y ataque a la mano fuera del juego”.
— En verdad lo odio —susurro talia.
— ¿Para el fantasma todo es un juego? — sollozo corni.
Pronto dos pequeños golpes melódicos retumbaron en los parlantes del colegio, y se escuchó la voz de la directora Alison:
— “Debido a las actuales circunstancias, por el día de hoy se cancelan los partidos deportivos. Revisaremos el colegio para que podamos volver mañana. Muchas gracias y vuelvan a casa seguros”.
Se refresco con sus manos, Kayle llevó su cabello hacia atrás y se levantó.
— Vámonos.
….
Al cabo de unos minutos, el capot de un auto se encontró destruido en medio del estacionamiento. Vestido con jean y sombrero, alguien caminó con
Rápido, un trote limpio en dirección a dos bicicletas.
Un espacio vacío, a unos metros de las rejas de protección, dejó de lado un fierro y empezó a correr.
Cada trote fue más rápido, el viento empezó a mover la capucha. Aidan se quitó la casaca. Solo con el polo lila y un jean.
Ese día, un mensaje llegó a los correos de cada estudiante.
“Después de una investigación exhaustiva, hemos decidido continuar con el evento el día de mañana. Reanudando con los partidos del Martes y continuando los partidos del lunes en el campo atlético”.
— ¿Van a continuar? — Corni susurro—. ¿no es peligroso?
Dejó de lado el correo del computador y volteo a cada uno de sus amigos, en un círculo extraño en el medio de la sala de Talia.
— Escuche que la escuela no está en buenos momentos —Kayle vio por su celular—. Por eso quieren tener inversionistas y conseguir dinero.
— ¿Quién te dijo eso? — Arthur soltó.
— Nicolas — ella respondió. Se sentó a lado de Talia—. ¿El fantasma les dijo algo a ustedes?
— No —talia nego— Nos asustamos mucho y solo corrimos.
— A mi si me dijo algo— la voz de Theo llamó la atención— Bueno escuche como se reclamó, le dijo “niño” y hablo de un jefe.
— La chica también dijo algo sobre un jefe narcisista — intervino Arthur.
— Pero, también tenía puesto un traje —theo volvió a decir.
— ¿Lo viste? — Corni llamó, exaltada una vez pudo levantarse.
Su queja alarmó a todos, hasta Talia que volteo hacia el pasillo.
Theo nego en cuanto pudo. Respiro profundo, tuvo que parpadear con fuerza antes de responder:
— Creo que me golpeó en la cabeza
Suspiro y rasco su cabello.
— Vi que llevaba un traje, mi viejo también usa algo así.
— pero recuerdo haber visto al fantasma con buzo — una queja salió de kayle—. ¿será otro fantasma ayudando?
— Creo que sí — Andrew intervino—. El fantasma supo que dejamos a Arthur en la bodega, debe conocernos.
— Podría ser un profesor — Kayle dedujo.
— Eso es muy posible — se escuchó cerca a ellos.
Ricardo, el tío de Talia apareció con una pequeña bandeja de quesos que dejó en la mesa del centro. Se sentó en el sillón frente al grupo, con sus piernas casi abiertas y ojeras oscuras.
Bruno quiso tomar una, pero recibió un golpe en la mano por el hombre.
— ¿Hablan de ese criminal? ¿Se llama fantasma? ¿Quieren ayuda?
Todos voltearon a Talia. Aunque ella solo pudo asentir nerviosa y reclamar una pequeña sonrisa inocente. Desde el lado de los demás, cada uno reaccionó con la misma inquietud.
Una persona completamente diferente escuchó su plan.
— Si lo que quieren es detenerlo, quedense en un lugar público, así intentará ir por el que esté solo. Pero, si lo que quieren es atraparlo sin que la escuela se de cuenta deben pensar como él.
— Y cómo hacemos eso? —la voz de Theo se hizo eco.