Atte. El fantasma

CAPÍTULO 63: “Hay cuatro cosas que ponen al hombre en acción”

“El primer día de olimpiadas fue bueno, para nosotros. Pero, el segundo día, la confianza mejoró en esos siete peones”.

La segunda mitad del juego de fútbol estaba a punto de terminar. La campana retumbó en el colegio, mientras el auditorio se encontró ocupado por un equipo de tenis.

Y en las escaleras, Talia vio pasar al fantasma con ojos sonrojados.

— La chica pasó por el auditorio —dijo al walkie talkie—. va a la escalera del medio.

“La veo” — se escuchó desde el aparato.

Desde el tercer nivel, Arthur la siguió con la mirada. Hasta que un golpe lo alarmó.

En la puerta del baño detrás suyo, apareció el fantasma con sonrisa de tiburón.

— Mierda —susurró Arthur.

Dio un par de pasos atrás y empezó a correr, su fuerte respiración lo abrumó rápido antes que dos manos lo detuvieran.

Andrew empujó a su hermano al tramo de la escalera en dirección al primer piso y él, con un globo en mano lo lanzó contra el fantasma. Una nube de harina reventó frente al desconocido.

Siguió corriendo y subió por las escaleras. Andrew pasó frente a Kayle, escondida detrás de una puerta.

Con una pelota de béisbol en mano, vio al fantasma correr.

Ahora detrás de él, dio un pequeño salto, alargó su brazo dominante. Trago hondo, nerviosa. Su mano apretó la pelota y la lanzó.

Todo su cuerpo se estiró, inclinó su espalda y su pierna alzada término en el suelo de nuevo. Enseguida alzó la mirada hacia la pelota.

— Por Favor, que sea tu karma — fue lo que pudo susurrar.

Un golpe, un pequeño quejido de dolor se escuchó. La pelota golpeó en la espalda baja del fantasma.

Como una estatua, por un segundo, el fantasma pareció chillar e inclinarse hacia delante. Kayle se volvió a esconder en otro salón.

Mientras desde arriba de la escalera, igual de escondido, Andrew levantó la cámara de su celular. Apuntó al hombre, con su mano derecha en la espalda y la otra en el abdomen.

Entre quejidos y gruñidos desafinados, su izquierda tomó la máscara.

Pero no se la quito. Acomodo la cafarena negra y volteo hacia atrás.

No había nadie alrededor.

Corni estaba en el primer piso de las escaleras, sentada coqueteando con David. Interrumpiendo en el ingreso de varios, al solo voltear a verlos.

— ¿En serio eres amiga de los gemelos Chang? ¿no se pelean mucho?

— son más amables de lo que crees —dijo ella. Su mirada por el corredor— de hecho son buenos.

Vio correr al fantasma de contextura de mujer cruzar por el centro de la torre. Luego, vio a Arthur correr, lento con la respiración agitada en dirección a la mujer.

— Pronto será el partido de Theo, ¿vamos? Te presentaré a mis amigas.

— Claro.

Cuando el viento golpeó a Arthur, se detuvo. Alzó su mirada por el estacionamiento y la parcela de bancas. Por ningún lado, vio el rastro de esa mujer.

Dio un paso atrás, iba a volver sobre sus pasos cuando escuchó el walkie talkie.

“El fantasma con dientes está en el tercer piso” — dijo Kayle.

Un corto sonido detuvo el aparato.

“La chica fue al estadio, ¿no?” — se escuchó de talia.

Una extraña sensación corrió por su espalda de Arthur. Volteo alrededor hasta que se encontró con Bruno a unos metros y a un lado del basurero del estadio, un grupo de chicos entrando.

— No veo a la chica —susurró él, inquietante sin poder ver sus acciones.

Bruno con el uniforme deportivo y sudoroso, también volteo hacia el grupo de chicos. Vestidos con un polo color naranja, tomaron las bolsas en el suelo antes de entrar.

— Hola — anunció Bruno— Escuchen, un grupo de quinto año se metió a la oficina del estadio —suspiro desgastado— no son del grupo deportivo, y … parecen sospechosos.

— Nosotros iremos —tomo arthur el walkie talkie — Talia ven aquí, corni viene con su novio y theo está dentro.

Pronto una melodía se desató en las bocinas del colegio.

“El siguiente partido será en el estadio. El equipo del quinto grado contra cuarto grado”.

“Oigan nos vemos ahí”— se escuchó de Andrew.

Del walkie talkie se escuchó un golpe antes de apagarse. Arthur continuó el camino al estadio junto a Bruno.

Mientras tanto, en el aula. El sonido de la madera chocó contra la espalda del fantasma con un crack seco. Andrew apretó la escoba, vio al fantasma voltear a él. Su mano enguatada se estiró al cuello.

Antes de que el fantasma pudiera levantarlo del suelo, una bolsa negra cayó sobre su cabeza. Kayle sujeto con fuerza la bolsa sobre su cuello y jalo.

El fantasma se sacudió violentamente.

Dio unos pasos atrás, dirigiendo a la chica contra los escritorios, pero ella no soltó la bolsa.

— ¡Golpealo! — gritó kayle.

Se alejó del fantasma y Andrew golpeó la escoba contra la espalda del fantasma.

Este cayó de rodillas.

Andrew volvió a golpear.

En segundos, el cuerpo golpeó el piso con violencia.

Durante un segundo, todo quedó en silencio. Andrew respiraba con dificultad y Kayle no dejo de ver el cuerpo.

Quiso acercarse y tomar la máscara. Se agacho un poco, a solo unos centímetros de la sonrisa maquiavélica amarilla.

Andrew, por su lado, también se detuvo. Inclinó su cuerpo para verlo.

Pero ella gritó, el fantasma se arrodilló con sus manos en sus muñecas. La empujo contra los bastones metálicos de la mesa y se levantó.

Sin poder reaccionar, Andrew recibió todo el peso del cuerpo del hombre. Terminó contra una mesa y vio como se alejó del salón.

— Mierda — gruñó el chico—. No grites ¿Y si nos escuchan?

— Tranquilo —gruño tambien Kayle—. nunca expulsarían al hijo de una famosa actriz.

Él no dijo nada, revolvió su cabello y dejó a un lado la escoba. Kayle, por su lado, limpio su ropa y luego vio un brazo raspado del chico.

— ¿Estás bien? — suspiro ella.

Contra la mirada verde de ella, solo por un segundo él se detuvo. Fijamente antes de voltear.




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