Kayle subió un escalón. Luego otro, uno tras otro hasta llegar frente al chico.
Theo apenas dio un paso atrás, cuando la mano de la chica tomó su muñeca. Fue un suave jalón hacia abajo, mientras su otra mano se posó en el hombre del chico.
Sin saber donde ver, el pelirrojo deslizó su mirada a sus ojos verdes, perdido por un instante cuando dejó de sentir la presión sobre su muñeca, y la palma de la joven, decorada por pulseras tejidas cubrió sus ojos.
Sin poder ver, dejó de moverse.Tal vez por instinto o porque el aroma de Kayle embriago sus fosas nasales. Sintió el masaje del viento sobre su cabello y ropa.
En segundos, algo se pegó en sus labios.
Húmedo y suave.
Los delgados dedos de la joven se movieron un poco sobre sus ojos, como una rejilla pudo verla. Sus ojos cerrados. Lentamente, la mano derecha de theo viajó a la cintura. Pero apenas la tocó, ella se alejó.
Kayle volteo, bajo unas gradas cuando se detuvo.
— A mi, si me gustan los chicos grandes —susurro—así que, cuando quieras pregúntame en qué mes es mi cumpleaños.
No lo vio. Solo siguió caminando con un sonrojo en las mejillas.
Theo, por su lado, sus comisuras se alzaron. Una sonrisa tonta se reflejó bajo un tono rojo como su cabello.
«Un beso» pensó. Sus labios volvieron a pasar por su mente.
— wow…
Esa vez, su mano viajó a su cuello. Acarició, tal vez podría divagar por mucho tiempo con el recuerdo y lo quería.
Dio un giro, un poco lento, casi como un baile que terminó al ver a Nicolás.
— wow — siseo el mayor.
Su quijada se abrió, convertida en sonrisa que terminó en un silbido. Theo apretó la toalla, golpeando su propia espalda cuando la lanzó hacia atrás.
— La familia cruz, ¿Quieres consejos?
— No
Theo empezó a bajar por las escaleras. Mientras tanto, Nicolás giró por la escalera.
— entonces un chisme — anunció alegremente— La razón por la que termine en el retiro.
Fue entonces que el joven se detuvo y volteó a él.
— En una reunión de profesores dije que es buena idea para los adolescentes hablar más sobre , ah. intimidad.
Sonrío alegre, frente a la ceja arqueada de Theo.
— ¿Serías el primero en firmar mi petición? — explicó y llamó la atención del chico, lo veía con asco — ¿Que? Cuando yo tenía tu edad, busqué moteles de dos horas, éramos pobres.
Theo rodeó sus ojos en blanco y siguió su camino.
— Y preguntarás, ¿Dos horas? — preguntó al seguirlo por el patio.
— Nicolás, no pienso escucharte.
Siguió su camino, sin escuchar ni voltear a ver al adulto.
El tercer día de olimpiadas fue el más complicado. Esa vez, escondimos algo y alguien.
En cada salón, donde los grupos de ajedrez, tenis y otros juegos bajo techo estallaron en harina.
Cada esquina resonó en una melodía clásica. Y al final de las escaleras en la azotea, Theo golpeó con un tomatodo la llave de la reja. Mientras, Arthur y Andrew revisaron el pasadizo.
Hasta que una voz se hizo presente.
— “Tres hombres de seguridad suben hacia ustedes” — se escuchó a Talia desde el walkie talkie.
— “Alison también está subiendo” — la voz de Corni también apareció.
— ¿Y el plan becado? —dijo Andrew.
— En camino — se escuchó de Bruno.
Entonces un sonido metálico llamó la atención de los tres. Corrieron a la azotea, en cambio Arthur trotó en su lugar y después, bajó las escaleras al cuarto piso. Lentamente cambió su expresión.
Lleno de miedo y un sonrojo.
Respiro con su inhalador, al mismo tiempo que vio a los tres hombres.
— Ayuda … — siseo a ellos.
El grupo se detuvo, Arthur se dejó caer en la barandilla, a punto de caerse.
— Vi a alguien — suspiro él— me siguió, pero siguió de largo.
— Ustedes bajen, yo lo buscaré —ordenó uno de ellos.
Arthur se sentó en una grada, exagero en sus respiraciones y sus ojos, siguieron el camino de esas tres personas. Tomó su celular y mandó un mensaje.
“Éxito”.
Alison llegó a aquel espacio entre escaleras del segundo piso, pero algo la hizo detenerse.
— Hay un colegio que está recibiendo a todos los becados — escucho.
Ella volteo rápido, desconcertada vio a Bruno hablar con otros adolescentes.
— También es privado y tiene convenio con el extranjero — continuó el chico.
— ¿Enserio? ¿Quién te lo dijo? — un chico preguntó.
Alison lentamente se acercó, sus ojos sobre el patio pero atenta a cada comentario:
— ¿O es que te buscaron?
— Directora Alison.
En alerta, volteo rápido. Kayle, perfectamente estable a su lado. Sin embargo, su rostro se reformó con preocupación.
— ¿Es cierto que van a botar a los becados?
— No existe ningún rumor así — anunció la directora. Con fuerza, llamó la atención de los demás adolescentes— señorita Cruz, tenga cuidado con alimentar rumores.
Alison carraspeo su garganta y entre refunfuños volvió a la torre principal. El grupo de estudiantes se desviaron en diferentes direcciones, pero Kayle escribió en su celular.
“Éxito con Alison”.
La joven lo iba a guardar en su bolsillo, pero un nuevo mensaje la interrumpió.
“ Mini yo, ¿estás en casa?”
Ella no respondió, solo guardó su celular y siguió su camino a Bruno.
…
Por otro lado, detrás de la cafetería, Corni se limpio su cabello de la harina. Resoplo unas veces enojada, vio a otros en su mismo estado y a David divertido con la harina sobre su ropa.
Ella también sonrió, dio unos pasos a él pero se detuvo cuando David abrazó a una chica. No era estudiante, tenía otra ropa.
— Corni! — él alzó una mano— te presento a Cami, es mi amiga de la primaria.
— Fuimos novios por unos meses, aunque solo por broma —la joven continuó.
Corni sonrió a pesar de sentir un pequeño respingo en su pecho, pero su mirada se mantuvo sobre los brazos de cada uno sobre el hombro del otro. Demasiado juntos, muy sonrientes, divirtiéndose.