El cielo despejado de verano brillo se alargó en la madrugada de ese día. El patio vacío se volvió borroso a la vista de Theo, sacudió su cabeza y apretó sus ojos con fuerza. Su cabello apenas golpeó su rostro antes de sujetar las rejas de la azotea y ver el patio vacío y nítido.
— El fantasma no hace algo por querer — Andrew vio el techo del estadio desde su lado— debe tener un significado.
— ¿enserio? — se quejó Theo—. ¿Un criminal con ropa fina? Me está jodiendo.
Andrew suspiró y golpeó las rejas.
— Oye — volteo a Theo— si te vas a estar quejando todo el rato, mejor ve a hablar con Kayle.
Por un instante el silencio atravesó a Theo, trago hondo y volteo la mirada. Apretó las rejas.
— No, puedo. Es una cretina.
Andrew bajo la mirada, a las baldosas grises mientras un incómodo sentimiento cubrió su cabeza, una pesadez o una nube que despertó su curiosidad cuando vio a Theo desviar la mirada por segunda vez.
— ¿Puedo preguntarte algo? — la voz del gemelo resonó por el aire.
Esforzó una vibra ruda a pesar de su polo lila femenino de las olimpiadas, con una carita sonriente tallada en su hombro, apoyó su cuerpo contra una de las columnas y cruzó sus brazos.
— ¿Cómo es que … — suspiro—. ustedes dos son novios?
Aunque no se dio cuenta, Theo aguantó la respiración en la incertidumbre. Escondió sus manos en el frío de las rejas.
— Recuerdo que el año pasado estuvieron en el mismo salón — continuó Andrew— pero ni siquiera se hablaban, ¿No?
— ¿Por qué te importa tanto eso? — Theo divago. Su sonrisa impenetrable se relajo— concéntrate en el plan del maniquí.
Andrew no respondió, relajó sus brazos y volteo al estadio de nuevo.
— Con la trampa del walkie talkie, y el maniquí, podemos jugar con el fantasma— Andrew continuó en su monólogo, sus mano cubrieron sus cabello castaños— en cuanto lleguen todos deben presionar el botón y reproducir el audio.
— si me vas a decir que hacer entonces me largo — el pelirrojo alzó su mano.
En pequeños remolinos al aire mientras caminaba hacia la puerta.
— Yo soy el líder, respétame.
Andrew rodó los ojos cuando Theo cerró las rejas, sus manos en la frente cuando se zambulló en un largo suspiro. Sus ojos contra el estadio y el cielo que lentamente se cubrió en un soleado día.
Mientras tanto, Alison terminó una llamada. Dejó caer con fuerza su celular antes de gruñir. Sus codos golpearon la mesa, un pequeño movimiento que hizo vibrar la madera, las patas se sacudieron y aquel walkie talkie cayó con toda la adhesiva en el suelo.
El sonido llamó su atención, agacho su cuerpo hacia ese espacio para las piernas.
« ¿Qué demonios? » pasó por su cabeza cuando recogió el juguete. Tanteo el juguete y presiono un botón.
— ¿Hola?
No hubo respuesta.
Alison volteó a cada esquina de su oficina, y luego se levantó. Su respiración se hizo profunda con cada espacio y extremo que revisaba. Echó hacia atrás su cabello cuando volteó al walkie talkie y luego a un gran libro verde.
No lo pensó, inhaló y tomó el libro. Lo lanzó contra su escritorio, en un gran golpe y una gran respiración que resistió en chillidos eufóricos.
Su frente se arrugó y desesperada abrió. Un hueco vacío y grande donde el aparato encajó en un simple golpe.
— ¿quién? ¿Quién?
Se preguntó tantas veces como los golpes que dio contra el libro.
— ¡quién mierda!!
Mientras que su coleta se desordenaba, debajo de su escritorio, escondido detrás de la tapa de madera trasera de un cajón, un pequeño aparato tintineo en rojo.
Su grito se escuchó desde el otro lado, en un celular en manos de un hombre con pijama.
— ¿ellos ya están jugando? — el hombre abrió una ventana y vio directo al patio del colegio.
Desde el tercer piso, apoyados en el parapeto. Theo dejó de ver su reloj apuntando “5:50 am”, y vio hacia Talia junto a Arthur, Corni a lado de Bruno y luego volteó, a Kayle. Tenía su vista sobre el patio vacío.
— Theo — empezó ella, una respiración lenta— perdón.
Su voz era tenue contra el viento, el pelirrojo volteó a ella.
— no debí besarte, ni siquiera somos novios de verdad.
Él tragó hondo, sin querer su cuerpo se volteo a ella. Atento a cada una de las facciones finas de la joven, su cabello negro sobre los ojos verdes y esa expresion melancolica que le recordo a la porcelana.
— Son mis primeros amigos — continuó ella—. eres el primero a quien le doy tanta confianza, pero si quieres enojarte conmigo por lo que hice esta bien
Ella volvió a él. Una media sonrisa se aproximó en el pelirrojo.
— ¿Theo?
Parpadeo dos veces antes de abrir los ojos. Vio cada extremo de su rostro, sin saber qué responder.
« Mierda, ¿que dijo?» pensó para sí mismo, plasmado en los grandes ojos de la chica.
— Oye, Kayle —susurro.
Levantó un poco su mano, pero un sonido pegajoso de una alarma los interrumpió. Reaccionó rápido, gruñendo cuando su mano bajó a su bolsillo.
Sujeto un walkie talkie.
— grano rojo aquí, ¿qué pasa?
— Dalmata aquí — respondió corni— Iniciamos el plan.
— ¿Ya llegó? Ah, sí.— susurro Theo.
El pelirrojo volteo a la joven de su lado. Él se acercó y abrio la puertas detras de ellos, entraron con cuidado.
Mientras tanto, La mano de bruno alcanzo el hombro de Corni, ella sin soltar el walkie talkie y rostro palido no dejo de ver el cuerpo de un encapuchado en negro escalando por las rejas de la calle.
Entró al colegio con un solo salto.
La máscara amarilla volteo a ellos, una sonrisa dibujada por triángulos y una espalda ancha se enderezo frente a ellos.
— Ah por cierto — se escuchó la voz de Theo desde el walkie talkie— No sabemos cuántos hay, pero si es el tipo con una sonrisa de triángulos, corran.
— Corre — ordenó Bruno.
Por primera vez, intercambiaron miradas. Corni corrió lo más rápido posible por la derecha, hacia el patio con letreros abandonados del día anterior para el desfile y Bruno por la izquierda, al jardín principal.