“Me esforcé por no cometer ningún problema. Aunque malogre mi plan esta vez, siento que puedo mejorarlo todo ahora” Eso es lo que pensé cuando me di cuenta que el fantasma no se iba a alejar fácilmente.
Intenté comportarme como ellos, tuve que abrirme. Mostré una parte de mi que nunca pensé que haría, pero de alguna forma, mis días en el colegio se volvieron más fáciles.
Nunca aprendí a demostrar afecto más.
Todo era, solo precauciones que tomaba. Si algo andaba mal, simplemente cambiaba de dirección, si algo era bueno para mi, avanzaba.
Luego me di cuenta que … a veces dejarse llevar por su normalidad, afectaba mi plan: nuevos amigos, bromas que ahora entiendo y emociones extrañas cada vez que lo molesto a él.
¿Yo quiero esto?
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No lo sé.
Pero falta un mes para acabar el año, solo tendré un año más y lo único que sé es que:
Yo vine a esta escuela a buscar a mi hermano.
Fue por eso que actúe.
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Esa tarde, Kayle observó por unos segundos la espalda de Theo salir del salón.
— ¿que me quede aquí? Está loco.
Murmuró para sí.
Se dio media vuelta y caminó hacia la salida. Su mano ya rodeaba la manija cuando el zumbido de su celular rompió el silencio.
Se quedó inmóvil.
Lenta pero tranquila, sacó el teléfono del bolsillo. Sus mirada despertó un ligero brillo y su mano libre apartó un mechón de cabello detrás de la oreja al ver el nombre en la pantalla —Cristian—, la dureza de su expresión se resquebrajó apenas. Sus cejas se relajaron y el aire escapó lentamente de sus pulmones.
No dudó en contestar.
— ¿Cris cris?
Del otro lado se oyó una risa baja.
—Extrañaba que me llamaras así, Miniyo... —Su voz adquirió un tono más grave—. Pero necesito que dejes esa escuela.
Kayle apretó la mandíbula. Sus dedos volvieron a aferrarse a la manija.
—Oye... —se mordió la lengua antes de continuar—. Te fuiste durante siete años. Me dejaste sola. ¿Y ahora crees que puedes aparecer de la nada para decirme qué...
—Estoy en el estacionamiento —la interrumpió Cristian con calma—. Placa HXT-305.
Hubo un breve silencio.
—Vamos a casa juntos.
Kayle bajó el celular, giró la manija y abandonó el salón.
La música inundó los pasillos, amortiguando el sonido de sus pasos mientras descendía las escaleras con cautela. Sin que nadie la viera, sin que sus compañeros se dieran cuenta, a escondidas.
Con cada piso que dejaba atrás, su respiración se hacía más corta. De vez en cuando lanzó su mirada por encima del hombro y, al no ver a nadie siguiéndola, aceleró apenas el paso.
Solo al llegar al primer piso disminuyó la velocidad.
Avanzó con mayor cuidado, el walkie talkie aún en mano, observando el estacionamiento antes de abandonar la protección del edificio. Entonces se deslizó hasta ocultarse detrás del grueso tronco de un árbol.
Con la torre de salones a su espalda y el tronco cubriendo casi por completo su figura, se dedicó a estudiar cada carro.
La mayoría de profesores que dejaron su auto solo una noche, otro de la directora Alison y otro del fundador,
Aunque eran pocos, casi cinco, La sensación de volver a ver a su hermano mayor la inundó, quiso mantener la respiración aun si fuera a la fuerza.
Entonces...
¡Tac!
Algo golpeó el pavimento.
El sonido seco rebotó por el estacionamiento e hizo que todo su cuerpo se sobresaltara. Instintivamente se agachó junto a unos arbustos y dirigió la mirada hacia el origen del ruido.
Una pequeña roca blanca rodó sobre el cemento, arrastrando una hoja doblada que crujía con cada giro hasta detenerse a pocos metros de ella.
Kayle esperó.
Un segundo.
Dos.
Asomó la cabeza por un costado del tronco, sin nadie a su alrededor ella abandonó su escondite.
Se acercó con pasos silenciosos, su espalda ligeramente encorvada cuando recogió la roca y desdobló la hoja.
“¿buscabas a tu hermano? owO, Sorry!! soy yo, si quieres verlo, quiero que hagas algo por mi. Solo así, sabré si eres digna de mi ayuda, para tener a tu familia de vuelta, para dejar de molestarte, hasta te ayudaré a desaparecer, pero solo será a ti.
Quiero saber cual es el miedo ACTUAL de cada uno de los peones.
OXOXO besos y abrazos.
Atte. El fantasma”
Por un instante sus ojos verdes dejaron su brillo, ni siquiera respiro cuando sus manos arrugaron la hoja.
Se sintió demasiado sola.
— ¿No dijimos que tenemos que botar eso? — escucho detrás de ella.
Guardó su puño con la hoja en mano y tomó fuerza al alejarse de él.
— ¿Qué?.
— cálmate — susurró ella, más para sí misma—. Él insistió en ser el cebo para escapar. Anoche me dijo que tenía un plan.
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Esa noche. En el silencio agobiante y solitario Kayle permanecía sentada frente al escritorio, con un codo apoyado sobre la madera y dos dedos sobre el mentón. Sus ojos sobre el papel, una lista de los miedos de cada uno de los chicos.
Kayle recorrió la lista una vez más.
Después desvió la vista hacia aquel papel arrugado que encontró en el estacionamiento, descansando a un lado.
Su mirada volvió lentamente a la lista.
Entonces ocurrió. Una pequeña sonrisa.
— Fue tan fácil —susurró ella.
Fue entonces que se dio cuenta.
« Claro, somos amigos. Claro que confían en mí para hacer un nuevo plan» Tan rápido como lo pienso, sus dedos en el mentón acariciaron su mejilla hasta sobar su frente.
Apenada, sus cejas se curvaron.
En un suspiro se dejó caer en su sillón, estiró su cuello y volteo hacia una foto de madre colgada en la pared.
— Mamá — gimoteo kayle.
Cerró los ojos, dejándose llevar por el silencio mientras, sus hombros se relajaron y cada uno de sus sentimientos desapareció hasta que nada cruzó por su mente.