Auditoria al Corazón

CAPÍTULO 3 - Parte 2

Parte 2

Ese mismo dia a las cinco y veinte, Roberto Conti regresó. Esta vez no llevaba documentos sueltos pero si traia consigo una gran carpeta.

—Señorita Valenti.

—Director.

—He conseguido los registros que pidió. - Dejó una carpeta sobre la mesa. Adriana automaticamente la abrió.para revisar el contenido de la misma.

—¿Son todas las documentaciones completas?

—Sí.

Ella pasó las primeras páginas.

—Falta una semana. - Roberto se quedó inmóvil.

—¿Disculpe?

—Los registros cubren todo el mes excepto del doce al diecinueve.

—Debe ser un error.

—¿Me estas queriendo decir que es un error suyo?

— No, no del sistema. - Adriana levantó la mirada.

—¿Otra falla de sistema, interesante? - Roberto suspiró.

—Los sistemas fallan.

—Demasiado. - Él no respondió. - Adriana cerró la carpeta.

—Necesito esos siete días.

—Lo solicitaré.

—No.

—¿Qué quiere decir?

—Quiero saber quién tiene autoridad para recuperar los archivos. - Roberto la miró durante unos segundos.

—Tecnología.

—¿Quién exactamente?

—El director de sistemas.

—Nombre.

—Tomás Ferrer. - Adriana anoto el nombre precisamente en su agenda

—Gracias. - Roberto se dirigió hacia la puerta. Antes de salir, se volvió.

—Señorita Valenti.

—Sí.

—Le aconsejaría no sacar conclusiones demasiado pronto. - Adriana lo observó en silencio en todo momento.

—Nunca lo hago.

—Bien.

—Pero tampoco ignoro patrones y hechos. - Roberto sonrió débilmente.

—Eso puede ser peligroso. - Y se marchó.

Adriana esperó a que cerrara la puerta. Después escribió una nueva línea en su libreta.

ROBERTO CONTI: REACCIÓN DEFENSIVA, No escribió sospechoso, todavia no, a las seis y cuarto, el edificio comenzó a vaciarse, Mateo automaticamente guardó sus documentos.

—¿Nos vamos? - Adriana seguía frente al ordenador.

—Tú sí.

—¿Y tú?

—Tengo que revisar algo.

—Llevas trabajando desde las ocho.

—Lo sé.

—Eso no es una respuesta. - Adriana lo miró.

—Mañana te necesito aquí a las ocho.

Mateo suspiró.

—Entonces me voy.

—Buenas noches.

—Buenas noches.

Cuando él salió, Adriana quedó sola. La sala de auditoría estaba en silencio. Abrió nuevamente el archivo de la cuenta eliminada. FIN-ADM-07. Después abrió el registro de acceso. Nada. Intentó recuperar información borrada. El sistema pidió autorización. Introdujo las credenciales proporcionadas por Gianluca. Acceso denegado.

Adriana frunció el ceño. Volvió a intentarlo. Acceso denegado. Miró la hora. 18:37. Abrió el teléfono. Pensó en llamar a Gianluca. No. No iba a hacerlo. No por eso.

Se levantó y salió de la sala. Caminó hacia el área de tecnología. El piso estaba prácticamente vacío. Las luces de algunos sectores habían sido apagadas. Llegó a la puerta del departamento de sistemas. Cerrada. Probó el acceso con su tarjeta temporal. Una luz roja apareció.

ACCESO DENEGADO.

Adriana se quedó quieta. Su tarjeta funcionaba en todas las áreas autorizadas. Aquella no era una de ellas. Se dio la vuelta. Y vio algo en el suelo. Un pequeño papel doblado. Lo recogió. No tenía nombre. No tenía logotipo. Solo una frase escrita a mano.

Deje de buscar lo que no le corresponde.

Adriana permaneció inmóvil. No sintió miedo. Al menos no inmediatamente. Sintió algo diferente. Una especie de claridad. La misma que sentía cuando encontraba una cifra que no cuadraba. Alguien sabía lo que estaba haciendo. Alguien sabía dónde estaba. Alguien sabía qué estaba investigando. Y alguien quería que se detuviera.

Guardó el papel en una funda transparente de evidencias que llevaba en su maletín. No lo tocó más de lo necesario. Después sacó el teléfono. Miró la pantalla. Durante un instante pensó en llamar a Víctor. Luego recordó la última conversación con Gianluca. "Si alguien intenta intimidarte, dímelo." No. Todavía no. Una amenaza anónima no era suficiente para alterar el procedimiento. No podía convertir una sospecha en una acusación. Tenía que seguir trabajando.

Regresó a la sala. Cerró la puerta. Se sentó. Y escribió en una hoja limpia:

PISTA 1: Cuenta administrativa eliminada.
PISTA 2: Interrupción de cámaras durante veintinueve minutos.
PISTA 3: Registros financieros incompletos.
PISTA 4: Acceso restringido al departamento de sistemas.
PISTA 5: Amenaza anónima.

Se quedó mirando la lista. Cinco elementos. Cinco puntos que todavía no formaban una figura. Pero estaban relacionados. Tenía que descubrir cómo.

A las siete y cuatro minutos, Adriana abandonó finalmente el edificio. La noche había caído sobre la ciudad. Caminó hacia su automóvil con el maletín sujeto contra el cuerpo. Antes de entrar, miró hacia la torre de Rossi Enterprises. Treinta y dos pisos iluminados. Cientos de ventanas. Cientos de personas. Cientos de secretos.

Pensó en Gianluca. No quería hacerlo. Pero lo hizo. Recordó su expresión cuando ella le había hablado de la cuenta eliminada. No parecía sorprendido. Parecía preocupado. Y eso era diferente.

Adriana abrió la puerta del automóvil. Antes de entrar, recibió una notificación. Un mensaje. Número desconocido. No lo abrió inmediatamente. Lo observó durante unos segundos. Después lo hizo. Solo había una línea.

La próxima vez no será un papel.

Adriana sintió un escalofrío. Esta vez no hubo ninguna duda. Aquello ya no era una advertencia. Era una amenaza.

Levantó la mirada hacia el edificio. Una de las ventanas del piso treinta y uno permanecía iluminada. El despacho de Gianluca. Adriana no sabía si él seguía allí. No sabía si había visto algo. No sabía si alguien estaba observando desde aquella altura. Y, por primera vez, una pregunta diferente apareció en su cabeza. No era: ¿Quién está robando a Rossi Enterprises? en realidad¿Quién sabe exactamente qué estoy encontrando?




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