No supe que lo estaba conociendo en el momento exacto en que mi vida empezaba a dividirse en antes y después.
No hubo fuegos artificiales.
No hubo promesas.
Ni siquiera hubo certeza.
Solo un gesto torpe, una mirada que duró un segundo más de lo necesario… y esa sensación incómoda de que algo se había movido por dentro.
Hay encuentros que no parecen importantes hasta que te das cuenta de que ya no puedes volver a ser quien eras antes de ellos.
Si hubiera sabido todo lo que vendría después lo que me haría sentir, lo que me obligaría a enfrentar, lo que terminaría rompiéndome para reconstruirme distinto¿habría dado el mismo paso?
Sí.
Porque hay personas que llegan sin aviso y aun así se convierten en inevitables.
Y él fue eso para mí.
Inevitable.
Un antes.
Un después.
Y una historia que todavía vive en la parte de mí que aprendió que amar no siempre significa quedarse.