Aun Asi Te Recuerdo Suave

CAPÍTULO_ 01 ALEC

Nunca fui bueno fingiendo que estaba bien.
Pero ese día lo intenté.
Mi hermana insistió en sacarme de la casa, como si cambiar de paredes fuera a curar algo.
Yo estaba vacío, y ella lo sabía. Aun así me arrastró a ese grupo de amigos suyos que no conocía.
Odié cada segundo… hasta que lo vi.
Michael.
No fue amor.
Ni flechazo.
Ni ninguna de esas boludeces idealizadas.
Fue algo más simple y mucho más jodido: lo miré y sentí que, por primera vez en meses, alguien me veía a mí.
No a mi depresión.
No al tipo roto que todos trataban con cuidado, como si fuera de vidrio.
Solo… a mí.
Él apareció riéndose, abrazando a los demás, con esa forma cálida de tocar los hombros, de decir el nombre de cada uno como si importara.
Y cuando me vio, frenó un segundo.
La sonrisa se le suavizó.
No como si yo le disgustara…
Sino como si estuviera tratando de leerme.
¿Sos Alex, no? me dijo.
Asentí. No tenía ganas de hablar.
Pero él se acercó igual.
No invadió.
Solo… estuvo ahí.
Tu hermana me habló de vos. Dijo que necesitabas aire. Sonrió, sin presión. Si querés, te acompaño.
No sé por qué, pero sentí algo mínimamente parecido a alivio.
Nadie hablaba así conmigo desde hacía mucho.
El resto de la tarde fue él intentando sacarme palabras
y yo dándole monosílabos como escudo.
Él insistía.
Yo retrocedía.
Era ridículo.
Pero también inevitable.
Al llega llegar a casa, sonó mi celular, (era el) me mandó un mensaje.
Ni siquiera sabía que tenía mi número.
Michael: “¿Llegaste bien?”
Michael: “Si querés hablar, estoy.”
Yo no quería hablar.
Ni con él.
Ni con nadie.
Pero igual contesté.
“Sí. Gracias.”
Esa noche no dormí.
No por ansiedad, como siempre.
Por él.
Había algo raro en Michael.
Algo que me atraía…
y me advertía al mismo tiempo.
Algo parecido a una herida escondida detrás de tanta ternura.
No lo entendí en ese momento.
Después sí.
Después entendí que la ternura era real…
y que también lo eran las punzadas que vendrían con ella.
Pero esa noche, tonto e ingenuo,
solo pensé que Michael era alguien diferente.
Alguien que podía salvarme.
Sin saber que, un día,
iba a ser él quien me hundiera más hondo que nadie.




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