Aun Asi Te Recuerdo Suave

CAPITULO_05 ALEC

Esa noche dormí poco.
No por él, sino por lo que su silencio decía cuando creía que yo no lo escuchaba.
Michael respiraba agitado, igual que siempre que tiene una pesadilla que no confiesa. Se mueve, se tensa, pero no pide ayuda. Su forma de sufrir es callada… aunque para mí ya no lo sea.
Cuando abrí los ojos, lo primero que vi fue su espalda.
Estaba en la misma posición que cuando se acostó, como si toda la noche hubiera tenido miedo de girar y encontrarse conmigo.
Me incorporé despacio.
¿Despertaste?
Tardó en responder. Siempre tarda cuando está decidiendo qué versión de sí mismo va a mostrar.
Sí —dijo al final, todavía dándome la espalda. Perdón si… no dormí bien.
No “perdón por despertarte”.
No “perdón por moverme”.
Perdón por no estar bien.
Michael, no hiciste nada.
Se sentó en el borde de la cama, los hombros tensos.
Justamente murmuró. No hice nada.
Lo entendí.
No me abrazó.
No se acercó.
No se permitió necesitarme.
No tenías que hacer nada respondí, manteniendo la calma. Solo necesitabas quedarte.
Se pasó las manos por el rostro como si hubiera corrido kilómetros durante la noche.
A veces creo que esperás algo de mí que no sé si puedo dar.
Solo espero honestidad —le dije—. Y que no me destruyas cuando te asustás.
Bajó la mirada. No discutió.
Eso siempre es peor.
Anoche pensé en irme confesó.
No me sorprendió. Pero dolió igual.
¿Por qué no lo hiciste?
Alzó los ojos. Por un segundo no había defensa, solo verdad.
Porque cuando iba a levantarme… tu respiración me calmó.
Tragué saliva.
Esas pequeñas confesiones son las que me sostienen.
Y las que me desgastan.
Se levantó y caminó hasta la ventana. La abrió apenas, dejando entrar el frío.
No estoy bien, Alex murmuró. Y vos te merecés a alguien que sí lo esté.
No estoy con vos porque estés bien respondí. Estoy con vos porque me gustas.
La palabra quedó flotando.
Él sonrió, pero fue breve.
Ese es el problema susurro..

yo no sé sostener eso.
Guardé silencio.

Porque empezaba a preguntarme si yo sí sabía.

Hoy voy a juntarme con mis amigos dijo de repente.
Ahí estaba. La salida lateral.
¿Otra vez? pregunté, sin poder esconder la molestia.
Necesito despejarme.
Despejarse.
Su palabra favorita cuando quiere huir.
¿Querés que vaya? —intenté.
Negó rápido. Demasiado rápido.
No. Esta vez no.
Lo entendí sin que lo explicara.
Cuando no me incluye, es porque está levantando distancia.
Está bien dije.
Pero no estaba bien.
Se acercó. Dudó.
Y apoyó su frente contra la mía.
El gesto fue breve, torpe, cargado de contradicción.
No te enojes conmigo pidió en voz baja.
No estoy enojado —mentí.
Me sostuvo la mandíbula un segundo, como si necesitara comprobar que todavía estaba ahí.

Sos lo único que me calma dijo. Y eso me asusta.
Claro que lo asusta.

Porque para quedarse, tendría que dejar de correr.

Nos vemos después.
Y se fue.
Sin beso.
Sin abrazo.
Sin promesas.
La puerta se cerró con suavidad.
Y entendí algo que me dio más miedo que cualquier discusión:
A veces lo más doloroso no es un portazo…
sino la delicadeza con la que alguien empieza a alejarse.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.