Aun Asi Te Recuerdo Suave

CAPÍTULO_12 EL MENSAJE DE LUCAS

El mensaje de Lucas se me había quedado clavado en el pecho desde el día anterior. Como una espina que no podés sacar sin abrir la herida.
Yo había decidido no volver al ciclo. Pero la frase “es importante” no sonaba a drama. Sonaba a urgencia.
A la mañana siguiente me levanté con el estómago apretado. Me miré al espejo más de lo normal, como si pudiera encontrar una versión de mí que ya no se involucrara en nada.
No la encontré.
Me puse una campera, agarré el celular y salí.
Lucas había sido claro:
“En el café de la esquina de la plaza, a las cuatro. Por favor.”
Esa última palabra me incomodó más que todo lo demás.
Cuando llegué, lo vi sentado al fondo, de espaldas a la pared y mirando cada vez que se abría la puerta. No parecía el amigo relajado de siempre. Parecía alguien sosteniendo una crisis con los dientes apretados.
Alec dijo apenas me acerqué.
Su voz estaba más cansada de lo que esperaba.
Me senté frente a él.
¿Qué pasó?
Lucas tragó saliva. Miró su taza como si necesitara tiempo.
Michael no está bien.
La frase cayó pesada.
¿Qué significa “no está bien”? pregunté, firme. Necesitaba algo concreto.
Lucas bajó la voz.
Ayer tuvo un episodio fuerte. Se encerró en su cuarto durante horas. No respondía. Cuando su mamá intentó entrar, reaccionó mal. No contra ella… contra todo. Estaba desbordado. Nos asustó.
Sentí un golpe seco en el pecho.
No era una escena de celos.
No era una pelea más.
Era algo distinto.
¿Dónde está ahora?
En casa de su madre. Está más tranquilo, pero cerrado. Y yo… no sé cómo ayudarlo solo.
Ahí entendí el peso real de su mensaje.
Yo seguía siendo un botón en la vida de Michael. Uno que, si se presionaba, podía calmarlo.
Y yo venía de jurarme que no iba a ser más su ancla.
Lucas dije despacio. Yo puse distancia por una razón. Si vuelvo a meterme ahora, no sé si voy a salir entero.
Lucas sostuvo mi mirada.
No te estoy pidiendo que lo salves. Te estoy pidiendo que lo veas. Y si ves que esto es más grande que nosotros… que lo ayudes a buscar ayuda. Que no te lo cargues vos.
Esa diferencia me dejó en silencio.
No me estaba pidiendo amor ciego.
Me estaba pidiendo límites.
¿Él sabe que me escribiste?
Lucas negó.
Si lo supiera, se cerraría más. Él cree que si alguien lo ve así, lo van a usar en su contra. Vos sabés cómo es con el control.
Sí. Lo sabía.
El nombre de Michael apareció en mi cabeza como siempre: el chico que me hacía sentir elegido… y descartable al mismo tiempo.
Respiré hondo.
Decime dónde es. Pero te lo digo ahora: si intenta volver a lo de siempre, me voy. No voy a ser el parche de una herida que él no quiere curar.
Lucas asintió, y por primera vez pareció aliviarse.
Eso es suficiente.
Me puse de pie.
El corazón me latía en la garganta, pero mi voz no tembló.
Entonces vamos.
Antes de salir, me detuve un segundo frente al vidrio del local. Mi reflejo me devolvió la imagen de alguien todavía herido, pero más consciente.
No estaba yendo a rescatarlo.
Estaba yendo a ver la verdad.
Y mientras empujaba la puerta hacia la calle, entendí algo incómodo pero claro:
No iba por Michael.
Iba por la parte de mí que quería aprender a amar sin destruirse.




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