Aun Asi Te Recuerdo Suave

CAPÍTULO_14 LO QUE SE ELIJE SOLTAR

Me quedé en el piso, apoyado contra la pared, con las rodillas pegadas al pecho para no moverme demasiado. El cuarto olía a sudor viejo y a esa mezcla rara de perfume barato con desinfectante; un olor que intenta limpiar lo que no se puede limpiar así nomás.
Michael seguía en la cama, con los codos apoyados en las rodillas y la cabeza baja, como si pudiera hacerse pequeño para que el mundo no lo encontrara. Afuera no llovía, pero adentro de él la tormenta todavía no se había ido.
No lo miraba fijo. Lo miraba como se mira a alguien cuando estás aprendiendo a no invadirlo: de costado, sin exigir nada.
Pasaron varios minutos en silencio.
No era el silencio ansioso de antes ese que yo llenaba con miedo. Era un silencio más firme. Más consciente.
Hasta que habló.
¿Qué querés que haga?
No levantó la cabeza.
La pregunta me cayó encima como una prueba. Antes yo habría respondido rápido. Habría armado un plan. Habría intentado salvarlo para no sentir el terror de perderlo.
Pero ya no.
Respiré.
Quiero que no me uses como salvavidas para después dejarme en el agua.
Michael levantó la mirada. Sus ojos estaban rojos, no de llorar, sino de pelear durante horas con su propia cabeza.
No te uso murmuró.
Sí dije, sin dureza pero sin retroceder—. Me buscás cuando estás por caer, y cuando te estabilizás… me soltás. Y yo quedo esperando el próximo derrumbe.
No se defendió.
Eso fue nuevo.
Tragó saliva.
No sé hacerlo distinto admitió. En mi cabeza todo es amenaza o salvación. No hay punto medio.
Me dolió escucharlo porque era verdad. Lo había visto moverse por el mundo como si en cualquier momento alguien pudiera castigarlo por existir.
Pero entenderlo no cambiaba el efecto en mí.
Yo tampoco tengo punto medio respondí. Yo te amo, Michael. Y cuando te amo así, me pierdo. Aguanto cosas que no debería. Me quedo más de lo sano. Y después termino roto… justificándolo todo.
La palabra quedó suspendida entre nosotros.
Amor.
Él intentó hablar, pero no encontró aire.
Entonces… ¿qué querés? preguntó al fin.
Y ahí estaba lo más difícil.
Quiero que esto termine como relación dije. Pero no como guerra. Quiero que si algún día nos cruzamos, ninguno tenga que haberse destruido para que el otro aprendiera algo.
Michael parpadeó lento.
¿Terminamos? repitió.
Y en esa pregunta había miedo. No solo a perderme. A quedarse solo con su ruido.
No estoy negando lo que siento aclaré. Te amo. Pero no puedo seguir siendo tu calma y tu consecuencia al mismo tiempo.
Sus manos se abrieron, como buscando algo que ya no estaba ahí.
¿Y entonces qué queda?
Miré el espacio entre nosotros. No había respuestas limpias.
Queda lo que sea posible sin que nos dañemos —dije. Si querés estar bien, vas a tener que hacerlo sin usarme como anestesia. Y yo tengo que aprender a quererme sin necesitar salvarte.
Fue duro. Pero fue honesto.
El silencio que siguió no era vacío. Era aceptación empezando a formarse.
¿Y si no sé hacerlo? preguntó muy bajo.
Ahí estaba el núcleo de todo.
Entonces lo aprendés respondí. Con ayuda. Con terapia. Con alguien que no sea yo. Pero no conmigo así.
Cerró los ojos unos segundos. Cuando los abrió, ya no estaba peleando.
Estaba entendiendo.
¿Podemos hablar alguna vez? preguntó.
No quise prometer algo que no supiera sostener.
Sí. Pero no ahora. Ahora necesitamos distancia para que esto no vuelva a confundirse con esperanza.
Respiró hondo. Como si recién ahí pudiera aceptar el aire.
Me puse de pie.
No había música de fondo. No había drama exagerado. Solo una verdad que nos estaba separando con la misma calma con la que nos había unido.
Voy a irme dije.
Asintió.
En el umbral me detuve.
Michael… te voy a recordar bien. No como el que me rompió, sino como el que quiso amar y todavía no sabía cómo.
Su voz salió baja, casi sin forma:
Y yo te voy a recordar como el único que se quedó sin pedirme que cambiara para merecerte.
No respondí. Si lo hacía, abría la puerta otra vez.
Salí. Cerré con cuidado.
En el pasillo entendí algo que me habría dolido aceptar meses atrás:
El amor no siempre se demuestra quedándose.
A veces se demuestra teniendo el coraje de irse antes de que el amor se vuelva excusa para el daño.
Y así, con el pecho apretado pero la mente clara, empecé a caminar hacia una vida sin él.
No para borrarlo.
Sino para dejar de perderme.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.