¿aún me odias?

2) LAS BRAZAS NECESITAN SOLO VIENTO PARA ARDER

Andros se estacionó frente a un restaurante que tiene bastante gente.

—El gerente de las cabañas me dijo que es uno de los mejores—, le comentó a Niky antes de bajarse y después le abrió la puerta.

—Pues vamos a comprobarlo—, comentó sintiendo el frío al bajarse e ignorándolo un poco. No es algo que no aguante.

Entraron y le sorprendió darse cuenta que Andros reservó una mesa, así que los condujeron a un apartado bastante agradable con vista a un hermoso lago.

Ordenaron, cenaron y el tiempo transcurrió tranquilo y agradable platicando de sus vidas a lo largo de los seis años que han pasado. Cuando salieron se dirigieron al ballet parking.

—¿Te gustó el lugar?—, preguntó abriéndole la puerta y tomando su mano para subir—. El punto de vista de un profesional vendría muy bien—, agregó después.

—Hiciste una muy buena elección. El sabor es exquisito. Pero aún me faltan meses para ser una chef profesional.

—Ciencias culinarias. No te imagino en una cocina—, dijo sonriendo.

Andros sigue sorprendido que estudie para chef. Y más sorprendido cuando Niky le platicó más sobre esa profesión y que sea tan larga como otras.

—Voy a deleitarte un día de estos —, comentó casual, pero Niky le está coqueteando.

—Claro que lo harás. Seis horas en avión a Los Ángeles te aseguro no serán nada—, dijo él sin dejar posibilidad de ser broma. Le hace ilusión reanudar su amistad o lo que surja—. Ahora nuestra siguiente parada—, comentó encendiendo la camioneta.

Andros manejó pocos minutos hasta llegar a un centro nocturno con bastante gente en la entrada. Se ve de esos lugares en los que entrar requiere horas de espera sino se tiene membresía. Pero Niky y Andros no esperaron nada porque él sacó una tarjeta y entraron sin hacer fila.

—Membresía de la gerencia en las Cabañas—, dijo sonriente tomando la mano de Niky mientras caminan por el pequeño pasillo.

El ambiente se mira bastante prendido. El sonido de la música y las luces hacen que inmediatamente sientan ganas de bailar.

—Vamos a bailar—, le dijo Andros, pero ya la está dirigiendo al centro de la pista sin soltarle la mano.

La música está movida y al ritmo de ella se movieron juntos. Niky empezó a ponerse eufórica, bailar le fascina y él lo sabe. En ocasiones quedaban tan juntos que sus cuerpos se rozaban constantemente.

—Vamos a sentarnos un rato—, le dijo él después de bastante tiempo de estar bailando y acercándose demasiado al oído de Niky.

—Te cansaste muy rápido—, dijo a las risas, pero a ella también le duelen los pies—. ¿Acaso después de los veinticuatro eso pasa?

Él se echó una carcajada y la llevó a hacia la dirección de la mesa que les asignaron. Caminaron tomados de la mano y al llegar no dejó que se sentara en el sillón, sino que la jaló hacia él quedando sentada sobre una de sus piernas, mientras que con uno de sus brazo rodeó su cintura, y con la otra mano atrajo su rostro hacia él para besarla.

Andros quería hacerlo desde ayer en la playa. Sin embargo al estar un poco tomados no lo hizo.

Niky desde que la sentó en las piernas se imaginó que quería besarla. Y vaya beso que le dio. Se sintió mejor que como lo recuerda. Y después la besó muchas veces más hasta llegar a su cuello y luego morderle la oreja. Los brazos de ella le rodearon el cuello y sus dedos se enredaron en su cabello al tiempo que sus labios responden ante los suyos.

—Desde que te vi he querido besarte—, le susurró al oído.

Aquellas palabras para Niky se sintieron como brasas calientes quemando su piel.

—Yo también—, respondió sin apartarse de sus labios. Y luego de la boca de Niky salieron las siguientes palabras—. Vayamos a otro lugar—, le susurró al oído asombrada por atreverse a hacerlo. No es así, pero con él todo se siente diferente.

—Por supuesto—, contestó sin titubeos.

La voz de Andros está ronca pero no hizo a pararse. Al contrario, se alejó lo suficiente para que no pudiera besarlo recargando su cabeza sobre el sillón y cerrando los ojos brevemente. Al momento ella se sintió confusa hasta que lo entendió. Apenas iba a pararse pero él le tomó la mano y negó con la cabeza. Niky no pudo evitar reprimir una sonrisa y se recargó sobre su hombro aspirando su olor. El mismo perfume que recuerda; 212 de Carolina Herrera, su favorito, el que siempre la hace pensar en él.

—Vámonos—, le dijo pocos minutos después.

Mientras van caminando a la salida volvió a besarla pero está vez recargándola sobre la pared del pasillo antes de salir. Luego siguieron caminando hasta que un chico del ballet parking le llevó la camioneta.

Una vez dentro del auto Niky se acomodó en el asiento preguntándose a donde la llevará, porque a ese nivel no le importaría hacerlo en el mismo auto, pues él acaba de tener una erección en pleno antro. Al recordarlo ella reprimió una pequeña risita mientras Andros condujo en silencio por breves minutos pero en lugar de poner la mano en la palanca la puso sobre la pierna de Niky. Después llegaron a la entrada de un lujoso hotel. Por supuesto que ella no esperaba algo menor a eso. Él no iba a tumbarla en cualquier lugar para hacerle el amor.

Andros entró al estacionamiento. Se siente nervioso a pesar de ser un hombre de veinticuatro años que obviamente ha tenido suficientes experiencias sexuales. Pero la mujer a lado de él es con quien ha tenido sueños calientes varias veces. Se estacionó pero antes de bajar la besó nuevamente. Después salió del auto para abrirle la puerta. Niky también está nerviosa, consciente que la intención no es precisamente venir a dormir.

Él la tomó de la mano hasta llegar al mostrador donde se registró y le entregaron la llave. Niky se dio cuenta que Andros ha reservado antes. Lo que la hizo preguntarse si fue antes de reencontrarse, o quizá pensando que podía conquistar a alguien en las vacaciones. Ella ignoró todo lo anterior y siguieron caminando tomados de la mano hasta llegar al elevador, otra pareja subió con ellos. Andros aprieta su mano suavemente y ella no ha dejado de estar nerviosa. De echo las tiene frías y él sabe que es de nervios. Al salir del elevador caminaron a la habitación y entraron.




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