Meses después...
No es que Andros se haya preparado para decirle a Mel que está saliendo con Niky. Sin embargo cuando lo hizo se sorprendió de las palabras de su hermana.
—Ya lo sabía. Esperaba el momento que me lo dijeras—, comentó irritada y de mal humor.
Mel está bastante molesta, pero hasta el momento no ha dicho el diálogo que más o menos él se había imaginado en la cabeza.
—Lo descubrí hace un mes—, siguió hablando—. Primero la orquídea en tu carro, ni idea en ese momento. Luego tus constantes salidas fuera de la ciudad. Pero los cabellos rojos en tu habitación fue lo que me abrió los ojos. A partir de ahí solo busqué el destino de tus viajes. El mismo que recorrió mi padre ciento de veces.
—Suiza, ahí comenzó todo—, confesó.
—Te escucho—, respondió un poco alterada.
—Mel, en el fondo sabes que ella tampoco tuvo la culpa—, sin esperar algún comentario más él continuó—. La amo. Nos volvimos a ver en Suiza y…
—Te la llevaste a la cama porque al morir mi padre decidiste consolar a la hija ya que no podías hacerlo con la madre—, alzó la voz alterada.
—Mel por favor, déjame explicar…
—¡Por favor qué Andros! Si esperas que te aplauda o te haga fiesta estás muy equivocado. Todos hemos sufrido por ese maldito romance de papá con la zorra manipuladora de Jessica y la alcahuete y puta de su hija, tan barata como la madre.
—No le hables así. No te lo permito Mel, y lo reconoces, TODOS HEMOS SUFRIDO—, remarcó la palabra lo más que pudo.
—Me refiero a nuestra familia, tu… esa cosa con la que andas no está incluida.
Andros está que revienta. Pero intenta controlarse.
—Estoy harto de pagar por los errores de otros y no pienso renunciar a Nicole, no está vez. Sé que Niky no sabía nada.
—¿Estás dudando de la palabra de nuestra madre? No puedo creer que ahora pongas a esa por encima de nosotras. Pues tendrás que elegir Andros de qué lado quieres estar—, dijo fríamente.
—Ese papel de mujer sin escrúpulos déjaselo a nuestra madre. Te conozco y sé lo que eres y lo que no. Deberías darle una oportunidad a Niky, no sabía nada. Fue tan engañada como tú y yo. Mi madre nos mintió y en el fondo yo nunca le creí. Jamás la vio con papá y con Jessica, desconocía todo igual que nosotros. Pregúntale a la tía Helen también. Mel aquí la única que ha sido engañada eres tú.
Pero Mel no va a aceptar que su madre les mintió.
—Eres un tonto por creerle a la maestra de las mentiras. Tan zorra e hipócrita como su madre. Síguetela cogiendo si eso te hace feliz.
Y Mel salió del departamento dando un portazo y Andros sabe que se irá directo con su madre a contarle todo sino es que ya lo hizo. Sería extraño que no le hubiera dicho. Ha Andros no le importa en lo más mínimo lo que su mamá piense. Si la relación con ella no era buena cuando estaba en Boston, menos ahora que está en Nueva York, y el hecho que no se hubiera quedado en la casa con ella le sugirió fue como la gota que derramó el vaso en la relación de ellos.
Después que Mel se fue, el día para Andros transcurrió rápidamente hasta que llegó la noche y se fue a dormir.
Durante la madrugada sonó su móvil y despertó somnoliento. Vio la hora. Son las cuatro de la mañana y es el numero de Mel. Por un momento dudó en contestar pero el instinto de hermano mayor lo obligó ha hacerlo.
** ¿Andros puedes venir por mí?
Su voz suena como el de una persona en total estado de ebriedad.
—¿Dónde estás?—, preguntó al instante.
** En Drinks.
—No te muevas de ahí, voy por ti—, le pidió preocupado.
** No puedo de todas formas —, respondió.
—¿Estas bien?
** No lo sé —, fue su respuesta.
—Voy saliendo—, dijo poniéndose un pantalón y una camisa.
Drinks queda como a media hora de distancia del departamento y la mayoría de los meseros, el barman y el gerente los conocen. Suelen ir siempre que están en Nueva York, que esté ahí no le sorprende, pero ha sido su tono de voz lo que lo dejó preocupado. Condujo y al llegar uno del valet parking se llevó el auto y el caminó directo a la entrada, sin embargo otro de los muchachos lo alcanzó antes de entrar.
—Joven Andros—, le llamó.
Cuando él volteó para verlo el muchacho le hizo señas con la mano al tiempo que le dice algo al aparcacoches que maneja su auto. Andros regresó para encontrarse con él.
—Su hermana está en la oficina del gerente, venga conmigo por favor—, agregó.
—¿Está todo bien?—, preguntó nervioso.
—No se preocupe—, contestó.
Andros lo siguió hasta que llegaron a otra entrada del lado lateral a la principal. Hay tres oficinas por lo que pudo ver y una que dice gerencia. Se sintió nervioso cuando el mesero tocó.
—Adelante—. Respondió una voz del otro lado.
Entró y lo primero que vio fue a Mel acostada en un sofá. Tiene un cubo de hielo en el ojo y unos raspones leves en la rodilla y el brazo izquierdo. Una mejilla también se ve un poco roja e hinchada. Trae un vestido y el tirante derecho está rasgado.
—¿Qué pasó?—, alarmado le preguntó a Kevin, gerente del lugar.
Mel se soltó a llorar y él se acercó a ella y la abrazó. Kevin respondió.
—La acompañaba otra persona que no es cliente habitual. Cuando se retiraron y les entregaron el auto al hombre permanecieron un rato en la calle dentro del auto. Después la puerta se abrió y ella cayó mientras el auto arrancaba.
Andros se llevó la mano a la frente asimilando eso de que cayó mientras el auto arrancaba.
—Se le han bajado bastante los efectos del alcohol—, dijo otra chica que no había visto que estuviera ahí—. Le he dado una taza de café muy cargada. Le va ha ayudar.
—Gracias—, contestó.
Mel no se ve nada bien considerando el comentario de la chica de que ya se le ha bajado bastante.
—Mel vámonos—, la tomó del brazo con delicadeza para levantarla. Lo hizo quejándose un poco.
—Mi auto está en el estacionamiento—, dijo con la voz entrecortada.
Editado: 24.03.2025