Levanté la mirada lentamente después de terminar mi historia por un momento el silencio se apoderó de la habitación Zero permaneció sentado frente a mí, observándome.
—Entonces, al final, solo eres...
—Prepárate —lo interrumpí poniéndome de pie—. Vamos a salir.
No quería escuchar el final de esa frase, no quería escuchar lo que pensaba, no quería escuchar nada me di la vuelta y caminé directamente hacia mi habitación al entrar cerré la puerta detrás de mí me apoyé contra ella y permanecí inmóvil mis manos temblaban mordí mi labio con fuerza.
Respira.
Respira.
Pero no podía los recuerdos seguían ahí, Cley, el pueblo, las llamas y Michael todo volvía una y otra vez mi respiración comenzó a acelerarse llevé una mano a mi pecho intentando recuperar el control entonces escuché la voz de Zero al otro lado de la puerta.
—No fue tu culpa— Cerré los ojos —Aurora... — Su voz era tranquila —Solo eras alguien diferente— Sentí que algo dentro de mí se quebraba —No conocías todo el mal que podía existir en un humano.
Una lágrima descendió por mi mejilla luego otra y otra más apreté los puños intenté contenerlas, intenté detenerlas, pero ya era demasiado tarde abrí la puerta de golpe Zero apenas tuvo tiempo de reaccionar lo miré con los ojos llenos de lágrimas.
—Sí lo sabía —dije con la voz rota—. Sí sabía lo que podían hacer— Mi garganta ardía —Vi pueblos destruidos, Vi guerras, Vi hombres matar por poder, Vi monstruos usando rostros humanos— Las lágrimas seguían cayendo —Y aun así...— Mi voz se quebró—Y aun así me enamoré de él.
Por primera vez en mucho tiempo pronuncié aquellas palabras en voz alta el dolor fue insoportable, pero Zero no dijo nada no intentó corregirme no intentó convencerme simplemente dio un paso hacia mí y me abrazó me quedé inmóvil durante unos segundos no supe qué hacer después mis manos se aferraron a su ropa.
Y me derrumbé.
Las lágrimas comenzaron a salir sin control.
Lloré.
Lloré por Cley.
Por los inocentes que murieron.
Por el hombre que amé.
Por la mujer que fui.
Por todos los siglos de culpa que había cargado sobre mis hombros lloré hasta que me faltó el aire y durante todo ese tiempo Zero no me soltó solo permaneció allí, sosteniéndome como si temiera que fuera a romperme.
—Ya pasó —dijo en voz baja.
Cerré los ojos.
—Estás bien.
Su mano acarició suavemente mi cabello.
—Y vas a estar bien, Aurora.
Por primera vez en mucho tiempo permití que alguien cargara una parte de mi dolor Y seguí llorando entre sus brazos.
Después de un rato logré tranquilizarme seguía sintiéndome avergonzada no por haber llorado sino porque Zero lo había visto tomé el vaso de agua que me ofrecía y bebí un poco sin atreverme a mirarlo directamente él soltó un suspiro y se dejó caer en el sillón.
—No pensé que llegaría a ver a un ángel llorar.
Una pequeña risa escapó de mis labios.
—Son especiales.
Zero arqueó una ceja.
—¿Las lágrimas?
Asentí mientras observaba el agua dentro del vaso.
—Los ángeles no lloramos con facilidad.
Mi sonrisa se volvió triste.
—Por eso son especiales.
El silencio regresó durante unos segundos esta vez fue Zero quien lo rompió.
—¿Y a dónde iremos esta noche?
Suspiré dejé el vaso sobre la mesa y respondí sin rodeos.
—A la tumba de Michael.
Zero casi se atragantó con su propia respiración.
—¿Qué?
—Quiero verla.
—¿Por qué?
Desvié la mirada hacia la ventana.
—Quiero asegurarme de que realmente está muerto.
La habitación quedó en silencio.
—No.
Volteé a verlo.
—¿No?
—No.
Se cruzó de brazos.
—Es una idea terrible.
—Zero...
—No.
—Solo será una visita rápida.
—Sigue siendo no.
Rodé los ojos y me puse de pie.
—Entonces iré sola.
—Eso tampoco es una opción.
Lo miré y él me miró, ninguno parecía dispuesto a ceder finalmente suspiré.
—Bien.
—Bien.
—Pero no iremos directamente a la tumba.
Zero frunció el ceño.
—¿Entonces?
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Editado: 16.06.2026