Aurora (libro 2 de la Saga Kuran)

08

Las calles del distrito cuatro estaban tan vivas como siempre. Las luces de neón colgaban entre edificios antiguos, mezclándose con las voces de los comerciantes nocturnos y la música que escapaba de las tabernas. Caminaba sin prisa, con las manos dentro de los bolsillos de mi abrigo, mientras Zero avanzaba un paso detrás de mí, observando todo a nuestro alrededor con esa expresión seria que parecía no abandonarlo jamás.

—¿Hacia dónde nos dirigimos? —preguntó finalmente.

Seguí caminando sin detenerme.

—Tengo que ver a un viejo amigo.

—¿Tú tienes amigos? —preguntó con un sarcasmo tan evidente que me hizo sonreír.

—Muy pocos —respondí divertida—. Pero supongo que sí.

—¿Y quién es ese amigo?

Me detuve frente a una vieja puerta de madera negra, desgastada por los años, con símbolos grabados sobre ella.

—El brujo más poderoso de este plano.

Toqué la puerta mis ojos se tiñeron de negro por un instante y, apenas el hombre del otro lado me vio, abrió sin hacer una sola pregunta.

Entramos.

El interior era un bar abarrotado. Criaturas de todas las razas se mezclaban bajo una lluvia de luces doradas y violetas. Algunos vestían trajes extravagantes, otras capas adornadas con joyas y plumas imposibles. La música resonaba por todo el lugar, mientras parejas bailaban en el centro de la pista Zero frunció el ceño.

—Se me hace conocido este lugar…

Pero yo ya me había detenido en medio de la pista alcé la vista hacia uno de los balcones superiores.

—¿El brujo que dices se llama...? —preguntó Zero, aún sin darse cuenta de que me había detenido.

—Marcel.

Fue entonces cuando nuestros ojos se encontraron los de él y los míos sus pupilas se abrieron por completo una sonrisa apareció en mis labios y sin pensarlo, salté mi cuerpo aterrizó sobre el balcón justo frente a él. Zero me siguió un segundo después Marcel se había congelado.

—¿Aurora...? —susurró.

Sonreí.

—La misma que viste en persona hace años.

Pero, en vez de alegrarse, el miedo se dibujó en su rostro.

—Espero que… no… este no es el lugar…— Di un paso hacia él Entonces Marcel habló apresuradamente —Está vivo.

Me detuve en seco.

—¿Qué?

—Está vivo.

—¿Quién está vivo? —preguntó Zero inmediatamente.

Sentí como toda la sangre abandonaba mi rostro.

El frío.

Ese maldito frío.

Mi corazón comenzó a golpear con fuerza.

—¿Está… vivo? —pregunté apenas en un susurro.

Marcel asintió lentamente su expresión recuperó aquella elegancia sofisticada que siempre lo había caracterizado. Se acomodó las mangas de su traje oscuro y esbozó una pequeña sonrisa.

—Debemos hablar, vieja amiga.

Extendió una mano hacia mí, pero mis piernas no reaccionaban.

¿Cómo podía…?

¿Cómo era posible?

Sin embargo, alguien se movió antes que yo.

Zero.

Se colocó frente a mí, bloqueando el camino.

La sorpresa cruzó el rostro de Marcel.

—Es una curiosidad bastante grande que tú estés aquí con ella. ¿Cómo pasó?

—Larga historia —respondió Zero con tranquilidad.

Sus ojos dorados seguían fijos sobre Marcel, como si estuviera evaluando una amenaza Finalmente logré volver en mí.

Tragué saliva.

—Bien… hablemos.

Marcel sonrió.

—Síganme.

Y con aquella elegancia que nunca perdió, comenzó a caminar hacia una escalera privada que conducía a los pisos superiores Zero y yo avanzamos detrás de él, pero mi mente ya no estaba en aquel bar solo una frase se repetía una y otra vez dentro de mí.

Está vivo.

Y si Marcel decía la verdad…

En cuanto entramos a la habitación, el ruido del bar desapareció por completo las paredes estaban cubiertas de libros antiguos y velas flotantes iluminaban el lugar con una tenue luz dorada. Pero yo ni siquiera me detuve a observar antes de que Marcel pudiera abrir la boca, lo tomé del traje y lo estampé contra la pared mis dedos se cerraron alrededor de su cuello.

—¡¿Cómo que está vivo?! —espeté—. ¡¿Qué demonios estás diciendo?! ¡Tú mismo me dijiste que había muerto!

Marcel levantó ambas manos.

—Espera, cariño, espera...

—¡No me llames así!

Pero una mano sujetó mi brazo.

—Aurora, espera —dijo Zero con calma— Déjalo hablar— Giré la cabeza para verlo —Suéltalo— La expresión de Zero no cambió —Déjalo hablar.




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