Aurora (libro 2 de la Saga Kuran)

11

Antes de que Zero pudiera perderse entre la multitud, aceleré el paso. Las luces de los edificios del distrito cuatro se reflejaban sobre el pavimento húmedo por la lluvia de la tarde, y las personas continuaban con sus vidas sin prestar atención al muchacho que caminaba con el ceño fruncido y los hombros tensos.

Sonreí.

Siempre era tan fácil saber lo que pensaba estiré la mano y lo sujeté del brazo. Zero se giró inmediatamente y me miró con evidente molestia.

—¿Qué quieres?

Su tono era áspero, y eso solo consiguió divertirme más.

—¿Tanto te afectó verla?

—No empieces con eso.

Reí suavemente.

—Vamos, Zero. Fuiste algo grosero, ¿no crees?

Sus ojos se estrecharon.

—Me tiene harto. ¿Cuál es tu estúpido plan, Aurora?

Lo observé unos segundos. Aún seguía molesto. Tan serio. Tan fácil de leer.

—Todo cambia ahora, Zero. No tengo ninguno.

No esperé una respuesta. Simplemente continué caminando. El aire fresco de la noche acariciaba mi rostro mientras entrábamos al parque del distrito cuatro. Siempre me había gustado aquel lugar. Los árboles estaban adornados con pequeñas luces blancas que colgaban de las ramas como estrellas atrapadas entre las hojas. Las fuentes brillaban con reflejos azulados y el murmullo del agua era apenas interrumpido por las risas de algunas parejas que paseaban entre los senderos.

Me detuve un momento, admirando las luces.

—¿Cómo que no tienes un plan? —preguntó Zero, alcanzándome.

Giré la cabeza y no pude evitar sonreír.

—¿No lo ves? Con Michael aquí, no necesito hacer nada más.

—¿A qué te refieres?

Me senté en una banca de madera. Las luces de los árboles iluminaban apenas nuestras sombras.

—Ahh… A veces eres muy tonto, Zero. De verdad.

Él se cruzó de brazos.

—Explícate bien.

Apoyé un brazo sobre el respaldo y contemplé las estrellas que apenas podían verse entre las ramas.

—Con Michael aquí, la misma familia se destruirá. Gure no es alguien que se deje mandar o dominar… y Michael no es alguien que permita que se le rebelen.

—Gure no se dejará controlar.

—Exacto.

Sonreí.

—Michael es cruel y despiadado, pero también es inteligente. Muy inteligente. Sabe manipular a las personas. Hará que Gure haga cosas que no quiera. Traerá gloria a esa estúpida familia— Cerré los ojos un instante, imaginando el desastre —Y ahí es donde todo se volverá hermoso.

—Gure no permitirá que dañe a los demás —dijo Zero, interrumpiéndome—. Intentará matarlo.

Asentí lentamente.

—Sí… lo intentará— Abrí los ojos y una pequeña sonrisa apareció en mis labios —Pero no podrá. Michael es más fuerte mucho más fuerte.

Zero me miró confundido.

—Entonces, ¿qué ganas con eso?

Solté una pequeña risa.

—Ahí es donde entro yo.

—¿Por qué?

Mis dedos acariciaron distraídamente la superficie de la banca.

—Porque si hay algo que ese hombre temerá… seré yo.

Vi cómo la confusión apareció en su rostro.

—¿Por qué te tendría miedo? Si es tan poderoso.

Mi sonrisa desapareció.

Por unos segundos, el sonido de la fuente y las conversaciones lejanas se volvieron extrañamente silenciosos para mí suspiré y me puse de pie.

—Porque conozco un secreto suyo.

Zero levantó una ceja.

—¿Y si Gure mata a Michael?

Volteé a verlo.

—Seré libre.

—¿Libre?

Levanté la vista hacia el cielo nocturno. Las estrellas estaban ocultas por las luces de la ciudad, pero aun así sabía que seguían ahí.

Mi hogar.

Mi prisión.

Mi castigo.

—Para volver al cielo… necesito que Michael muera.

—¿Solo él?

Sonreí.

—No.

Lo miré directamente a los ojos.

—Todos los vampiros deben morir.

Zero me observó como si hubiera perdido la razón.

—Eso es imposible.

No pude evitar reír.

—Ja, ja… Vamos, Zero. Une las piezas.

—¿Qué piezas?

—Si Gure mata a Michael… todos los vampiros morirán.

Su expresión se volvió aún más absurda.

—Eso no tiene sentido.




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