Mientras Aido conducía, permanecí mirando por la ventana. Las luces del distrito cuatro desaparecían poco a poco detrás de nosotros, convirtiéndose en simples destellos en la oscuridad. Las calles vacías, las tiendas cerradas y los edificios iluminados se mezclaban con el reflejo de mi rostro sobre el cristal.
Todo lo que Marcel había dicho seguía rondando mi cabeza.
Aurora.
Sus alas.
Michael.
Aquella historia imposible.
El silencio dentro del auto comenzaba a volverse insoportable.
—Quiero que encuentren a Zero y a Aurora —dije finalmente.
Fue Akatsuki quien tomó mi mano. Apenas sentí sus dedos, retiré la mía sin siquiera mirarlo.
—Gure…
No respondí.
Aido observó por el espejo retrovisor.
—¿Y a dónde vamos?
—A la mansión principal.
Su expresión cambió.
—¿Distrito uno?
—Sí.
Apoyé la cabeza en la ventana.
—Por ahora debemos mantener a Michael lejos de la academia… y lejos de mi padre. No quiero darle más cosas que matar.
Ninguno volvió a hablar y Las horas transcurrieron en silencio Cuando el auto finalmente atravesó las enormes puertas de hierro de la residencia Kuran, el reloj marcaba casi las dos de la mañana.
Bajé sin esperar a nadie.
El aire era frío y las luces exteriores de la mansión iluminaban los jardines vacíos. Las historias de Marcel seguían repitiéndose una y otra vez en mi mente.
¿Aurora realmente estaba viva?
¿Michael era el primer vampiro?
¿Y por qué Marcel había tenido tanto miedo?
Al entrar, el mayordomo se inclinó para recibirme.
—Bienvenida, señorita Gure…
Ni siquiera lo miré una mezcla de risas y voces llegaba desde el comedor fruncí el ceño.
¿A esta hora?
Seguí el ruido hasta llegar al enorme comedor principal y me detuve la larga mesa estaba llena de platos vacíos, botellas de vino y comida a medio terminar.
Lilith reía a carcajadas.
Kairen sonreía con tranquilidad.
Y Michael…
Michael reía junto a ellos como si fuera un abuelo normal los tres levantaron la mirada al mismo tiempo al verme.
—¡Ahí está mi nieta número uno! —exclamó Michael con una sonrisa enorme.
Lo observé con fastidio.
—Pensé que estarían durmiendo.
Lilith soltó otra carcajada.
—¡El abuelo es divertido! ¿Dónde habías estado?
Pero Michael ya se había puesto de pie su sonrisa seguía allí y aun así… algo en ella era falso se acercó lentamente hasta quedar frente a mí.
—¿Estabas dormida, hija mía?
Su voz cambió.
Y levanté la vista.
Sus ojos.
Rojos.
Del mismo tono que los míos.
Sin liberar una sola pizca de poder aquellos eran sus ojos naturales y los míos también nos observamos fijamente.
—¿Tienes algo que decir, hija mía?
—No.
Aparté la mirada y pasé junto a él tomé asiento en la cabecera de la mesa michael sonrió nuevamente y se sentó frente a mí, en el extremo opuesto.
—Entonces…— Tomó una copa de vino —¿Cuánto tiempo llevan casados?
Parpadeé.
—¿Quiénes?
—Kairen y tú, por supuesto.
—¿Qué?
Kairen habló con firmeza.
—Aún nadie está casado.
Michael abrió los ojos sorprendido.
—¿Cómo? ¿Tú y Gure no?
Miré a Kairen y luego al anciano.
—No. Por el momento.
Sonreí levemente.
—Las tradiciones Kuran no pienso seguirlas, abuelo.
Michael permaneció unos segundos en silencio.
Luego sonrió.
—Bueno… entonces tenemos muchas cosas que cambiar, ¿no crees?
Reí con burla.
—Después de que encuentre a Aurora, abuelo.
La copa se detuvo en su mano su sonrisa desapareció el comedor entero quedó en silencio Lilith y Kairen dejaron de moverse.
—¿Qué dijiste?
Lo miré directamente.
—Hasta que Aurora aparezca, abuelo.
El sonido del cristal rompiéndose resonó por toda la habitación la copa había explotado en su mano y en el siguiente segundo… Michael estaba a mi lado sus ojos rojos brillaban.
#182 en Ciencia ficción
#1416 en Fantasía
#728 en Personajes sobrenaturales
angelescaidos, academia, vampiros brujas hombres lobos y magia
Editado: 04.07.2026