Al entrar en la sala de reuniones todo se congeló. Verla sentada en aquella mesa mientras papá revisaba unos papeles hizo que la sangre me hirviera. La sonrisa en el rostro de Aurora solo consiguió que el odio que sentía creciera.
—¿Qué diablos hace ella aquí? —dije de golpe, llamando la atención de mi padre.
Aurora simplemente sonrió.
—Hola, Gure.
Pero no fue ella quien me dejó sin aliento detrás de aurora se encontraba Zero sus ojos se encontraron con los míos y por un instante el mundo desapareció. La voz de Cross me sacó de aquel momento.
—Hija.
Retomé la postura.
—¿Me explicas?
La voz de Zero llegó a mis oídos como una flecha. Volteé a verlo, pero Aurora ya estaba a su lado. Podía sentir la tensión solamente al verla.
—Tenemos que hablar.
—¿De qué se supone que tenga que hablar con ustedes?
Aurora soltó una pequeña risa.
—¿Ves? Te dije.
—¿Qué se supone que es esto?
Me acerqué a la mesa y Aurora dio un paso al frente.
—Creo que los golpes de aquella vez no te hicieron efecto, niña.
Sostuve su mirada.
—Ni siquiera dolieron.
Aurora sonrió.
—¿Por eso huiste?
Tomé su camisa de golpe, pero ella solo se echó a reír.
—¡Basta! —pidió Cross.
Aurora clavó sus ojos en los míos.
—No eres ni la mitad de fuerte que él.
Apartó mi agarre de un manotazo.
—Y agradece que tu padre me cayó bien, niña Kuran.
—Aurora —la voz de Zero hizo que ella girara los ojos.
Me reí levemente.
—¿Qué? ¿Él te manda ahora?
Pero de un momento a otro Aurora me pateó con fuerza. Salí disparada atravesando las puertas de la sala.
—¡Aurora! —Zero la sujetó del brazo.
—¡Ella comenzó!
Aido corrió hasta mí y me ayudó a ponerme de pie.
—¿Qué demonios se supone que es esto? —preguntó furioso.
Aurora, ya claramente harta, cruzó los brazos.
—Una tregua entre la niña y yo.
Volví a entrar en la sala, ignorando el dolor, y miré directamente a mi padre.
—¿Qué es lo que quiere?
Cross suspiró.
—Quiere una tregua.
Aurora llamó mi atención.
—Tengamos una tregua.
Cerré los ojos con fuerza.
—Deja de entrar en mi cabeza.
—Y tú deja la mía —respondió Aurora.
Ella se echó a reír y una nueva oleada de rabia me recorrió.
—Vamos, estás más celosa que interesada en la tregua.
—¡Basta, Aurora! —ordenó Zero.
Ella rodó los ojos.
—Bien. Hagamos un trato.
La miré con desconfianza.
—Te ayudaré a matar a Michael.
—¿A cambio de qué? —pregunté.
Una sonrisa extraña apareció en sus labios. Incluso Zero pareció tensarse.
—A cambio… de que me regreses lo que me quitó.
Después de aquella escena, en la sala solo quedábamos papá y yo Suspiré mientras observaba los documentos que Cross me había entregado.
—Ella se quedará aquí… con Zero —dijo Cross.
Yo ya estaba cansada. Con una mano me froté los ojos, intentando aliviar el dolor de cabeza.
—Hija…
Papá se sentó a mi lado y tomó mis manos.
—Lo que se aproxima no será nada fácil. Debes tener aliados.
Lo miré a los ojos.
—¿Cómo puedo confiar en ella, papá?
—Si Zero está de su lado… es por algo, ¿no crees?
Bajé la mirada.
—A veces no podrás hacerlo sola, Gure.
—Debo protegerte Papá… si Michael se entera de ti…
—Entonces estaremos listos.
—Claro, ahora mismo no hay muchas cosas que Michael tema más que a mí, niña.
La voz de Aurora interrumpió el momento entró sola en la sala.
—¿Por qué? —pregunté.
—Digamos que soy la única que sabe cómo matarlo… y además soy más fuerte que él.
—¿Y por qué debería confiar en ti?
Cross se puso de pie.
—Las dejaré solas.
Antes de salir me dedicó una mirada preocupada cuando nos quedamos solas, miré a Aurora. Sus ojos ya no eran negros. Eran azules. Completamente normales.
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Editado: 04.07.2026