Aurora (libro 2 de la Saga Kuran)

16

Gure permanecía firme frente a mí. Su espada de un intenso color morado descansaba a un costado de su cuerpo mientras sus ojos no se apartaban de miguel el silencio apenas duró un instante miguel desapareció de mi vista el impacto de su velocidad levantó la tierra bajo sus pies.

—¡Aurora!

No necesité escuchar el grito de Gure. Mi cuerpo reaccionó por instinto. Deslicé mi espada frente a mí mientras giraba sobre un pie, esquivando el corte que estuvo a centímetros de partirme en dos las hojas chocaron con un estruendo metálico Gure aprovechó la abertura y giró sobre sí misma, lanzando una poderosa patada hacia el rostro de Miguel él levantó el brazo y detuvo el golpe con facilidad.

Era justo lo que necesitaba.

Me agaché, pasé por debajo de ambos y hundí mi espada en su abdomen.

Miguel retrocedió dos pasos.

Solo dos.

Su expresión no cambió.

Con una velocidad aterradora sujetó a Gure del cabello.

—¡Gure!

La estrelló contra el suelo con tanta fuerza que el impacto abrió grietas bajo su cuerpo no le dio tiempo para respirar corrí hacia él y descargué mi espada contra su costado el golpe logró obligarlo a soltarla.

—¡Levántate, Kuran!

Gure escupió sangre hacia un lado antes de ponerse de pie Sus ojos rojos ardían Sin decir una palabra se lanzó nuevamente Su espada morada danzaba con una precisión impecable.

Yo la seguía.

Cada vez que una atacaba, la otra cubría el siguiente ángulo era como si entendiéramos nuestros movimientos sin necesidad de hablar.

Una respiración.

Un paso.

Un ataque.

Otra respiración.

Otro corte.

Otra apertura.

Miguel bloqueaba cada uno de nuestros ataques metal contra metal, chispas y ondas de choque la tierra temblaba bajo nuestros pies mientras el aire se desgarraba con cada impacto.

Apreté los dientes.

—¡Más rápido!

Gure respondió sin mirarme nuestros ataques se volvieron un solo movimiento y una sincronía imposible finalmente encontré una abertura mi espada chocó con la suya y, concentrando toda mi fuerza, conseguí hacerlo retroceder varios metros miguel soltó un largo suspiro luego volvió a colocarse en guardia como si nada hubiera ocurrido a mi lado, Gure cayó de rodillas mi respiración también era un desastre cada músculo de mi cuerpo ardía.

Pero Miguel...

Él apenas escupió un poco de sangre al suelo después comenzó a caminar lentamente hacia nosotras le extendí el brazo a Gure para impedir que avanzara.

—No— Ella me miró confundida Y Di un paso al frente —¿Qué demonios haces aquí... hermano?

Miguel se detuvo durante unos segundos solo nos observamos.

—Lo que escuchaste tu muerte querida hermana.

Una sonrisa burlona apareció en mis labios.

—¿En serio? Con esa fuerza... no lo creo, hermano.

La energía comenzó a brotar de mi cuerpo una inmensa aura gris cubrió todo el campo el viento rugió las piedras comenzaron a elevarse Miguel respondió de inmediato una luz completamente blanca envolvió su cuerpo las dos energías chocaron entre sí el suelo volvió a temblar apreté con fuerza el mango de mi espada.

—Gure... no te muevas.

No esperé una respuesta los dos desaparecimos al mismo tiempo las espadas chocaban una y otra vez miguel esquivaba cada uno de mis ataques yo hacía lo mismo con los suyos.

—¡Lo arreglaré, hermano! ¡Lo arreglaré!

Empujé mi espada hacia adelante el impacto lo lanzó varios metros hasta hacerlo atravesar parte del bosque respiré con dificultad sentía el pecho arder Miguel volvió a incorporarse lentamente.

—¿Quieres que confíe...? — Su voz era fría —Lo hice una vez... — Apreté los dientes —...y mira lo que pasó.

Sus palabras atravesaron mi pecho bajé ligeramente la mirada después levanté la vista hacia Gure.

—Lo mataré, hermano... sí...

Pero antes de que cualquiera pudiera moverse… un destello cayó del cielo otro ángel vestía exactamente la misma armadura que Miguel se acercó caminando hasta quedar a su lado.

No cruzaron palabra.

Solo se miraron.

Finalmente, Miguel habló.

—Padre te dará tiempo. La respuesta está frente a tus ojos— el recién llegado permaneció en silencio entonces Miguel señaló a Gure —Y tú... haz lo que debas hacer.

Gure le sostuvo la mirada con evidente molestia.

Un segundo después...

Una intensa luz blanca envolvió a ambos.

Cuando desapareció el resplandor… ya no estaban el silencio regresó al campo de batalla solté un largo suspiro y dejé caer ligeramente la espada estaba agotada giré lentamente hacia Gure nuestros ojos se encontraron esbocé una pequeña sonrisa cansada.




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