Aurora (libro 2 de la Saga Kuran)

18

—Bien... la pregunta es...

Ni siquiera terminé la frase una explosión ensordecedora hizo temblar todo el edificio el mundo se volvió blanco por un instante.

Después...

Oscuridad.

El suelo desapareció bajo mis pies y una fuerza brutal me lanzó contra una pared. El techo comenzó a desplomarse mientras el cristal estallaba en miles de fragmentos que salían despedidos en todas direcciones el estruendo era tan fuerte que apenas podía escuchar mis propios pensamientos.

Tosí con fuerza.

El aire estaba lleno de polvo me incorporé como pude, todavía aturdida. Un agudo pitido resonaba en mis oídos mientras intentaba enfocar la vista entonces los vi bajo un enorme bloque de concreto sobresalían dos piernas antes de que pudiera moverme, aquella inmensa losa se levantó con una sola mano.

Era Kairen.

Su respiración era agitada y un hilo de sangre descendía por un costado de su rostro nuestros ojos se encontraron apenas un segundo no había tiempo una segunda explosión sacudió los cimientos del edificio el piso volvió a estremecerse.

—¡Kairen! —grité él levantó la vista —¡Búscalos! ¡Ayúdalos!

No discutió simplemente asintió antes de desaparecer entre el humo y los escombros me puse de pie ignorando el dolor que recorría mi cuerpo los restos de la pared exterior habían desaparecido por completo caminé hasta el enorme hueco que ahora dejaba al descubierto el distrito cuatro las sirenas comenzaban a escucharse a lo lejos autos destrozados personas corriendo cristales cubriendo el asfalto, pero nada de eso captó mi atención en medio de la avenida... Había una figura inmóvil.

Cabello negro.

Traje impecable.

Y unos ojos... Rojos como la sangre.

Todo mi cuerpo se tensó.

Después de tanto tiempo...

Por fin lo tenía frente a mí.

Michael.

Él levantó lentamente la vista y sonrió mis pupilas se dilataron hasta que el negro devoró por completo mis ojos un parpadeo y eso fue todo en un instante Michael ya estaba frente a mí su mano rodeó mi cuello con una fuerza descomunal el impacto me hizo retroceder varios pasos apreté los dientes y sujeté su muñeca con ambas manos mis músculos se tensaron mientras intentaba apartarlo.

Poco a poco...

Logré mover su brazo.

—Vaya... — Su sonrisa se hizo más amplia —Eres más fuerte de lo que imaginaba.

Entonces...

—¡¡Aurora!!

Alguien gritó mi nombre Instintivamente giré la cabeza.

Un error.

Michael recuperó el control de inmediato Su agarre volvió a cerrarse sobre mi cuello Y, con un movimiento brutal… Me arrojó fuera del edificio El viento golpeó mi rostro.

Caía.

Los pisos pasaban uno tras otro a una velocidad aterradora segundos después… el asfalto estalló bajo mi cuerpo una nube de polvo cubrió la calle mientras el impacto abría un enorme cráter permanecí inmóvil apenas un instante apoyé una mano sobre el suelo y levanté lentamente la vista hacia el edificio destruido una sombra descendía desde lo alto Michael aterrizó frente a mí con la elegancia de quien simplemente acababa de bajar un escalón ni siquiera el polvo parecía atreverse a tocarlo.

Sonrió.

—No pensé que nuestro primer encuentro sería así... — Sus ojos brillaron con diversión —...amor mío.

Una mueca de desagrado cruzó mi rostro Me puse de pie sin apartar la vista de él.

—La última vez... — Flexioné ligeramente las piernas —...no estabas a mi altura.

Su sonrisa desapareció.

—¿Y crees que ahora sí lo estoy... Aurora?

No respondió nadie porque, en ese mismo instante, Michael desapareció solo alcancé a escuchar el silbido del aire su puño venía directo hacia mi rostro, pero otra figura apareció entre los dos.

¡CLANG!

El choque del acero resonó por toda la avenida la espada de Gure había detenido el ataque ella permanecía frente a mí, sosteniendo el golpe de su abuelo con ambas manos.

—No la tocarás.

Su voz fue baja pero cargada de una determinación que incluso hizo vacilar a Michael no desperdicié la oportunidad di un paso al frente concentré toda mi fuerza en un solo puño y golpeé el costado del rostro de Michael el impacto fue tan brutal que su cuerpo salió despedido varios metros, atravesando la fachada de un edificio cercano antes de perderse entre una nube de concreto.

—¡Marce! —grité sin apartar la vista del lugar donde había caído—. ¡Un portal!

A lo lejos, sobre los restos del edificio, marce ya estaba extendiendo ambas manos runas plateadas comenzaron a girar bajo sus pies el espacio frente a nosotros empezó a deformarse un enorme portal oscuro se abrió lentamente.

—¡Muévanse! —ordené.

Uno a uno comenzaron a atravesarlo.

Lilith fue la primera.




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