Aurora (libro 2 de la Saga Kuran)

19

El sonido de las olas rompía con suavidad sobre la arena, mientras la brisa marina jugaba con mi cabello a lo lejos, una figura salía del agua, provocando que más de una chica se detuviera a mirarlo. Algunas reían entre ellas, otras levantaban la mano para saludarlo con descaro él, como siempre, respondía con aquella sonrisa encantadora que parecía desarmar a cualquiera.

—¡Aido! —gritó una de ellas.

—¿Ya te vas tan pronto?

—¡Vuelve mañana!

Aido soltó una pequeña risa y comenzó a conversar con ellas con la naturalidad de quien llevaba toda la vida haciéndolo. Gesticulaba, bromeaba y hacía que todas terminaran riendo.

No pude evitar sonreír.

—Aido... eres demasiado guapo para cualquier mortal.

—¿Te divierte verlo coquetear?

La voz de Akatsuki me hizo girar la cabeza. Se dejó caer en una de las sillas de playa con total tranquilidad, estirando las piernas mientras observaba la misma escena solo asentí, sin borrar la sonrisa.

—Es divertido ver cómo se entregan tan fácil.

Akatsuki soltó una risa baja.

—¿Y tú? ¿Por quién caes?

Lo miré de reojo, divertida.

—Por nadie.

—Claro...

Rodó los ojos con evidente sarcasmo fue entonces cuando sentí una mirada sobre mí al volver la vista hacia el mar, encontré los ojos azulados de Aido clavados en los míos su sonrisa cambió ya no era la sonrisa amable que dedicaba a todas aquellas chicas.

Era una distinta.

Más cálida.

Más sincera.

Sin despedirse siquiera, echó a correr directamente hacia donde estábamos las muchachas protestaron entre risas al verlo marcharse, pero él ni siquiera volvió la cabeza corría descalzo sobre la arena, con el cabello rubio aún empapado y pequeñas gotas de agua resbalando por su piel bajo el sol y allí estaba... Esa sonrisa la misma sonrisa que, sin darme cuenta, se había convertido en una de mis favoritas.

Mis manos no dejaban de temblar acariciaba el rostro de Aido con cuidado, como si en cualquier momento fuera a abrir los ojos podía sentir su corazón latiendo.

Lento...

Débil...

Pero seguía ahí.

Era suficiente para aferrarme a la esperanza Rildo conducía sin apartar la vista del camino, mientras Akatsuki ocupaba el asiento del copiloto. El silencio dentro del vehículo era asfixiante yo solo podía mirar a Aido necesitaba verlo despertar necesitaba escuchar una de sus bromas tontas.

—Despertará... tranquila.

La voz de Rildo me sacó de mis pensamientos.

—¿Cómo puedes decirlo con tanta calma?

Él levantó la vista hacia el retrovisor, encontrándose con mis ojos.

—A dónde vamos— Akatsuki giró ligeramente la cabeza

—Al refugio de Marcel. Ahora mismo es el lugar más seguro que tenemos.

Volví a bajar la mirada hacia Aido sus labios habían perdido el color no... No podía perderlo también apreté los dientes.

—Detén el auto— Nadie respondió —Rildo… — Mi voz sonó mucho más fría —Que detengas el puto auto.

Las llantas rechinaron al salirse de la carretera hasta detenerse en un camino de tierra abrí la puerta de golpe y bajé del vehículo Rildo hizo lo mismo durante unos segundos ninguno habló solo nos miramos fijamente finalmente, él dejó escapar un suspiro.

—¿Por qué le pediste que me salvara?

La pregunta me atravesó como una daga.

—No es tan fácil matar a tu propio padre... ¿lo sabes?

Rildo dio un paso hacia mí.

—Hija...

Pero antes de que pudiera acercarse más, Akatsuki se colocó frente a mí, impidiéndole avanzar.

—Estoy aquí para ayudarlos.

Rildo bajó la mirada un instante antes de volver a hablar.

Fruncí el ceño.

—¿Cómo sabías lo que estaba pasando?

Él soltó una risa cansada.

—Aurora.

Mi corazón dio un vuelco.

—¿Aurora?

—Ella mandó a buscarme.

Lo observé sin comprender.

—¿Tú... la conoces?

Rildo asintió lentamente.

—Claro que la conozco. Aurora siempre ha sido el mayor secreto de esta familia— guardó silencio unos segundos antes de continuar —Tu antiguo novio, Zero, la llevó con Shizuka. Cuando llegaron, Aurora entró en mi cabeza y descubrió que seguía con vida. Después le pidió a Shizuka que me llamara. Cuando hablamos, me contó todo su plan para acabar con Michael.

Apreté los labios.

—Pero... el vínculo...

Rildo negó con la cabeza antes de que terminara la frase.

—Ese es el menor de nuestros problemas. Lo que necesitamos ahora es encontrar aliados.

Lo observé durante unos segundos había demasiadas preguntas demasiadas dudas.

—¿Cómo hiciste para someterlo?

Rildo sostuvo mi mirada.

—Ese es justamente el punto, hija— Su expresión se endureció —Si una vez fue posible derrotarlo... podremos hacerlo de nuevo.

Negué lentamente.

—¿Y cómo se supone que confíe en ti?

Rildo se encogió apenas de hombros.

—Sé que ninguno de tus hermanos volverá a confiar en mí— Hizo una breve pausa —Pero Aurora sí lo hace.

El nombre volvió a resonar en mi cabeza.

Aurora...

—¡Gure! — la voz de Akatsuki me hizo reaccionar —¡Aido se movió!

Sin pensarlo dos veces corrí hacia el me arrodillé a su lado y tomé su mano con fuerza por primera vez desde que todo había comenzado… sentí que aún había esperanza respiré hondo y me limpié las lágrimas con el dorso de la mano.

—Bien... —murmuré mientras levantaba la vista hacia Rildo—. Vayamos al refugio— Apreté con más fuerza la mano de Aido —Y acabemos con esto... de una vez por todas.

El refugio de Marcel apareció entre la espesura del bosque como una fortaleza escondida en cuanto el vehículo se detuvo, varios hombres salieron a recibirnos.

—¡Rápido! ¡Llévenlo a la enfermería!

Con cuidado, tomaron el cuerpo de Aido y lo colocaron sobre una camilla mis dedos se resistieron a soltar su mano solo cuando vi que lo trasladaban con urgencia hacia el interior del refugio pude obligarme a dar un paso atrás.




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