Serví una segunda copa de vino para Marcel mientras ambos reíamos.
—No puedes decirme que esas capas enormes eran elegantes —dije entre risas.
Marcel negó con la cabeza, llevándose una mano al pecho con dramatismo.
—¡Eran horribles! ¿Recuerdas aquellos cuellos gigantes? ¿Quién en su sano juicio pensó que eso imponía respeto?
No pude evitar soltar una carcajada.
—Parecían pavos reales.
Él también rio, y por un instante la cocina se sintió cálida... Normal entonces la puerta se abrió levanté la vista y encontré a Gure de pie en la entrada mi sonrisa no desapareció, pero mi risa murió al instante había algo en sus ojos. Un cansancio tan profundo que parecía pesar más que su propio cuerpo.
—Buenas noches, Kuran —saludé con suavidad—. ¿Una copa de vino?
Gure dejó escapar un largo suspiro antes de acercarse.
—Sí... la necesito.
Se sentó junto a la mesa sin decir nada más Marcel tomó una copa limpia y la llenó lentamente. El vino rojo cayó con un sonido suave que llenó el silencio de la habitación. Cuando terminó, la dejó frente a ella Gure dio un pequeño sorbo antes de cerrar los ojos unos segundos la observé con atención.
—¿Cómo están tus chicos?
Ella apretó los labios.
—Mejor... al menos ya no corren peligro inmediato.
Marcel asintió.
—Se recuperarán rápido.
Gure bajó la mirada hacia el vino.
—Todo fue por Rildo...
Ninguno respondió Solo observé cómo el líquido rojo se movía dentro de la copa que sostenía entre las manos Marcel y yo intercambiamos una breve mirada sabíamos perfectamente que no solo hablaba de la batalla.
Hablaba del miedo.
Del dolor.
De todo lo que había estado cargando desde aquella noche después de unos segundos, Gure rompió el silencio.
—¿Cuál es el siguiente paso?
Me recargué sobre el respaldo de la silla.
—Ganar tiempo.
Ella levantó la vista.
—Necesito algo más que eso.
Suspiré.
—Aún no descubro cómo romper el vínculo.
—Debe existir una forma —intervino Marcel—. Todo hechizo tiene una grieta.
Gure giró lentamente la copa entre sus dedos.
—Si tan solo pudiera... transferirse.
El sonido seco de un golpe contra la madera nos hizo sobresaltarnos.
¡Bang!
Marcel acababa de golpear la mesa con la palma de la mano.
—¿Qué? —preguntamos.
Nuestras voces se mezclaron de tal forma que ambas nos volteamos a ver por un segundo Fruncimos el ceño exactamente al mismo tiempo.
—No me copies —dijimos otra vez al unísono.
Las dos hicimos una evidente mueca de desagrado antes de volver la atención hacia Marcel Él nos observó unos segundos... y terminó soltando una pequeña risa.
—No es momento para eso.
Se inclinó hacia adelante, apoyando ambos antebrazos sobre la mesa.
—¿Y si sí puede transferirse?
El ambiente cambió por completo las sonrisas desaparecieron toda nuestra atención quedó fija en Marcel y sin apartar la mirada de Marcel, esperé a que terminara de ordenar sus ideas.
Él apoyó los codos sobre la mesa y comenzó a hablar con una seguridad que no le había visto en mucho tiempo.
—¿Y si funciona como con las brujas... o con los hombres lobo?
Gure frunció ligeramente el ceño.
—¿A qué te refieres?
—Cuando un alfa muere, otro ocupa su lugar y toma el control de la manada. Lo mismo ocurre con los aquelarres de brujas. Ambos poseen antiguos rituales para transferir la jerarquía y el vínculo de poder de un líder a otro.
Mis labios se curvaron lentamente en una sonrisa.
—Eres un genio...
Marcel levantó una ceja.
—No sabemos si los vampiros poseen un ritual similar.
—Pero podemos investigarlo —continué—. Si existe una forma de transferir un vínculo sin destruirlo... entonces podemos crearla.
Gure permaneció en silencio unos segundos.
Podía ver cómo cada pieza comenzaba a encajar en su mente.
—Si logras desarrollar ese hechizo... tendríamos la ventaja.
Asentí.
—Exactamente.
Por un breve instante nuestras miradas se encontraron sin necesidad de palabras, ambas sonreímos era la primera vez que sentía que estábamos luchando por el mismo objetivo.
—Debemos trabajar juntas, Kuran.
Gure sostuvo mi mirada ya no había el mismo rechazo de antes.
—Así es— después volvió la vista hacia Marcel —¿Cuánto tiempo necesitas?
Él dejó escapar un largo suspiro mientras hacía cálculos mentalmente.
—Si encuentro los textos adecuados... mínimo un mes.
—¿Un mes? —repetí.
Me acomodé en la silla mientras daba un pequeño sorbo a mi copa no era el escenario ideal… pero tampoco era imposible.
—Eso será fácil.
Los dos me observaron.
—Debemos mantenerlo ocupado Michael no se quedará de brazos cruzados mientras nosotros buscamos una solución.
Gure comenzó a pensar golpeaba suavemente la mesa con la yema de los dedos.
—Puedo organizar una reunión con los clanes de hombres lobo y con los cazadores. Si conseguimos una alianza temporal, podremos mantener a Michael ocupado y ganar el tiempo que Marcel necesita.
Asentí.
—Es una buena idea.
Hubo un breve silencio dejé la copa sobre la mesa y respiré hondo.
—Quiero proponerte algo, Gure.
Ella levantó la mirada.
—¿Qué sucede?
La observé directamente a los ojos.
—Hagamos un pacto de sangre.
Su expresión cambió de inmediato la sorpresa fue evidente.
—¿Qué?
Asentí con tranquilidad.
—Sé que no confías completamente en mí — Hice una breve pausa —Y sería hipócrita decir que yo confío por completo en ti— El silencio volvió a instalarse entre nosotras —Pero tenemos un mismo enemigo. Si vamos a enfrentarlo, necesito saber que ninguna de las dos traicionará a la otra.
Gure no respondió solo me observó podía ver el conflicto en sus ojos un pacto de sangre no era una simple promesa era un juramento que ninguna de las dos podría romper sin pagar un precio los segundos parecieron eternos finalmente, Gure dejó escapar un suspiro Sin apartar la vista de la mía… Asintió lentamente con la cabeza.
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Editado: 09.07.2026