Aurora (libro 2 de la Saga Kuran)

21

Si pudiera volver a verlo... Si pudiera volver a aquel instante, antes de que todo se rompiera.

Michael estaba sentado sobre aquella piedra, esperándome. El sol caía lentamente detrás de él, tiñendo el cielo de tonos dorados y rojizos. El viento movía su cabello mientras él me observaba acercarme con aquella sonrisa que tantas veces había logrado hacerme olvidar quién era, dónde estaba y todas las guerras que existían a nuestro alrededor.

Por un momento, no había sangre, no había enemigos, no había muerte solo él y yo una sonrisa escapó de mis labios sin que pudiera evitarlo cuando llegué frente a él, Michael se puso de pie y sus manos rodearon mi cintura, acercándome lentamente hasta que nuestros cuerpos quedaron pegados.

Sentí su calor.

Su respiración.

El suave roce de sus dedos contra mi piel levanté la mirada y me quedé contemplándolo ¿cómo podía alguien recordar tantos detalles de una persona incluso después de haber intentado olvidarla? Sus ojos la forma en que sonreía la pequeña curva que aparecía en sus labios cuando intentaba ocultar que estaba feliz su voz... Dios su voz podía escucharla incluso en mis sueños. Michael llevó una mano hasta mi mejilla y acarició mi piel con una delicadeza que contrastaba demasiado con el hombre que había llegado a convertirse.

—Todo esto acabará —murmuró mirándolo en silencio —Esta será la última guerra, Aurora. Te lo prometo— Solté una pequeña risa y negué con la cabeza.

—Eso lo dudo.

Él sonrió no aquella sonrisa cruel que conocía ahora, no era la sonrisa de Michael la que alguna vez fue solo mía.

—Entonces tendrás que confiar en mí— Sus dedos recorrieron lentamente mi mejilla —Quiero una vida entera contigo, Aurora— Mi pecho se apretó —Quiero despertarme a tu lado —continuó—. Quiero verte todos los días. Quiero que dejemos de correr, de pelear... de perder personas.

Su frente se apoyó contra la mía Cerré los ojos Y por primera vez en mucho tiempo me permití imaginarlo.

Una casa.

Una vida tranquila.

Sus brazos rodeándome mientras despertábamos su voz llamándome por las mañanas, quizá incluso hijos una familia, una vida en la que nuestras manos no estuvieran cubiertas de sangre, una vida donde nadie tuviera que morir.

—Quiero vivir contigo —susurró—. Siempre.

Abrí los ojos y lo miré quise creerle dios, cuánto quise creerle porque en aquel momento no veía al monstruo no veía al enemigo, no veía al hombre al que algún día tendría que enfrentar veía al hombre que había amado al hombre por el que habría dado mi propia vida, al hombre con el que alguna vez imaginé envejecer.

Y entonces la realidad regresó de golpe mi espada estaba a centímetros de atravesar su pecho, mi mano se congeló el mundo entero pareció quedarse en silencio miré aquellos ojos rojos y durante un segundo... Volví a verlo.

A mi Michael.

El que me sostenía entre sus brazos, el que me prometía una vida, el que me decía que todo estaría bien mi respiración se quebró no podía hacerlo, no podía matarlo porque, por más que intentara odiarlo... Una parte de mí todavía lo amaba.

Mi mano comenzó a temblar alrededor de la empuñadura Y entonces escuché su voz La misma voz que alguna vez me había hecho sentir segura Pero esta vez no había ternura.

Solo una orden.

—Hazlo… Si crees poder hacerlo... entonces venga, hazlo.

La voz de Michael retumbó entre nosotros no necesité escuchar nada más me lancé contra él el choque de nuestras espadas hizo que el sonido metálico retumbara por todo el lugar. Nuestros ojos se encontraron apenas por un segundo ante de volver a concentrarnos en el combate.

Golpe.

Bloqueo.

Otro golpe.

Bloqueo.

Era como si ambos pudiéramos leer la mente del otro yo sabía hacia dónde atacaría y él sabía exactamente cómo respondería cada movimiento mío parecía haber sido aprendido por él mucho antes de que lo ejecutara y lo mismo ocurría conmigo Michael giró sobre sí mismo y lanzó un corte hacia mi costado. Lo esquivé respondí con un golpe directo a su pecho lo bloqueó nuestros rostros quedaron a centímetros sus ojos rojos se clavaron en los míos.

Sonrió.

Aquella maldita sonrisa.

—Sigues siendo predecible.

—Y tú sigues hablando demasiado.

Giré la espada y finalmente conseguí atravesar su defensa mi golpe impactó contra su cuerpo y lo mandó varios metros hacia atrás la marca Kuran apareció bajo sus pies el suelo comenzó a estremecerse de aquella marca surgieron cadenas de sangre, una tras otra, disparándose directamente en mi dirección saltando en el aire giré, pero una de las cadena pasó rozando mi rostro otra se dirigió hacia mi pecho esquivando y cortado cada cadena que veía una voz llegó hasta mis oídos.

—¿El poder de un ángel? — Sonrió mientras destruía otra cadena —¿Eso es todo lo que tienes? — Troné los labios —¿O es que te hacen falta tus alas, amor mío?

Sus ojos se afilaron Y desapareció Lo vi aparecer frente a mí Su espada descendió con fuerza Levanté la mía justo a tiempo El impacto hizo que mis pies se hundieran ligeramente en la tierra Apreté los dientes Él ejerció más fuerza.




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