Ausencia

Silencio

Silencio

Clara fue la primera en notarlo. No porque Bryan dijera algo extraño, sino porque dejó de decir cosas. Ya no interrumpía. Ya no discutía. Solo asentía, como si cada palabra fuera una prueba que debía pasar. Cuando reía, lo hacía tarde. Cuando preguntaban algo, miraba a Daniel antes de responder. Clara no sabía por qué, pero eso le produjo una incomodidad vieja, esa sensación de ver caer algo sin intentar atraparlo. No dijo nada. Como siempre. Ese mismo día, Bryan buscó a Laura. No por cercanía. Por desesperación. La encontró sola, en la cocina, revisando su teléfono.

—¿Puedo preguntarte algo? —dijo desde la puerta.

Laura levantó la vista.

—Claro.

Bryan dudó.

—¿Tú… crees que yo hice algo?

Ella parpadeó.

—¿Algo cómo?

—Algo que… que no quiero recordar.

Laura dejó el teléfono.

—¿De qué estás hablando?

Bryan se acercó un poco más.

—Daniel dice que tomé decisiones. Que… afectaron a alguien.

El silencio se volvió espeso.

—¿A quién? —preguntó Laura.

—No lo sé —respondió—. Pensé que tal vez tú sabías.

Laura negó lentamente.

—Bryan, nadie ha dicho eso.

—No… no directamente —corrigió—. Pero se siente así.

Laura lo miró con más atención.

—¿Desde cuándo te sientes así?

Bryan apretó las manos.

—Desde que dejé de recordar algunas cosas.

Eso sí la inquietó.

—¿Qué cosas?

Bryan tragó saliva.

—Antes. Antes de todo.

Laura dio un paso atrás.

—Eso no tiene sentido.

—Lo sé —dijo él—. Pero si pasó… necesito saberlo.

Laura frunció el ceño.

—¿Y por qué vienes conmigo?

Bryan dudó demasiado.

—Porque tú no me mentirías.

Laura sintió el peso de esa frase.

—Bryan… yo no sé de qué hablas.

—Pero podrías saberlo.

—No lo sé.

—Tal vez lo olvidaste.

Laura alzó la voz sin querer.

—¡No inventes cosas!

El grito los sorprendió a ambos. Bryan retrocedió.

—No estoy inventando…

—Entonces deja de decir que hicimos algo —dijo ella—. Porque no es justo.

Bryan la miró, herido.

—Entonces… ¿soy yo?

Laura respiró hondo.

—No lo sé. Pero no puedes venir a acusar sin saber.

Bryan salió sin responder. Desde el pasillo, Clara había visto parte de la escena. No oyó todo. Pero vio suficiente: El tono de Laura. La cara de Bryan. La forma en que se alejaba, como si hubiera perdido algo más que una conversación. Clara sintió un nudo en el estómago. No era una discusión normal. Era una grieta. Buscó a Daniel con la mirada. Lo encontró sentado, tranquilo.

—¿Sabes qué le pasa a Bryan? —preguntó Clara, sin rodeos.

Daniel la miró con falsa sorpresa.

—¿Por qué?

—Está distinto.

Daniel sonrió apenas.

—Todos lo estamos.

Clara no respondió. Pero dentro de ella algo se acomodó mal. No tenía pruebas. No tenía palabras. Solo una intuición que empezaba a doler. Esa noche, Bryan escribió en una hoja: Si todos dicen que no pasó nada… ¿por qué me siento culpable? La dobló. La rompió. La tiró. Y en otra habitación, Daniel pensaba: Ya no necesito decirle nada. Ahora él solo hace el trabajo




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