Autora de la muerte.

Capítulo XI

La vida a veces solía ser un poco grata,un poco injusta. Te quita y te da a la vez; Que afortunados aquellos que la vida sólo le da algo sin nada a cambio, y que desgracia para aquellos que de la vida sólo se han encargado de quitarles.

El tiempo se había detenido hace mucho para Emma pero siempre había factores que le hacían entrar en una confusión constante, y el preguntarse qué porque el tiempo no se había detenido para Jade, para las personas de está ciudad. Tampoco entendía mucho el hecho de que el tiempo estaba detenido pero a la vez se pasaba tan rápido para su vientre que creía sin parar.

Desde la ventana donde ella tenía puesta la mirada viendo en como la gente pasaba y sonría, desvió la mirada en su vientre, tuvo que comenzar a usar vestidos más anchos y dejar de usar corsets. Luego miró sobre su hombro, detrás de ella se encontraba Jade con dos bebés en sus brazos junto con su esposo, Felix, al lado de ella. Habían tenido mellizos. Ambos pasaban más tiempo en la casa para saber si ella necesitaba compañía, y más Jade que ella era la que había prometido ayudarla en el caso de que el bebé naciera sin avisar, ya que estaba apunto de nacer pronto.

Emma más allá de sentir una enorme admiración, cariño y al estar agradecida por la compañía de ambos, contemplaba con mucho amor la hermosa escena que tenía de su amiga, pero sentía un poco de envidia, ya que esos niños iban a crecer con mucho amor, en donde la oscuridad jamás existiría. Especialmente con unos padres que le darían todo incluso si les costará y le faltara.

Tocó su vientre, la decisión que había tomado era más que nada por saber a quien traería al mundo, y por la pequeña curiosidad, de que aquel niño o niña iba a tener los rasgos de su madre o de su inexistente padre.

Felix levantó la mirada y miró en como Emma se acariciaba la panza que trataba de esconder debajo de esos vestidos, y se lamentó que su compañero no se encontraba junto con ella, acompañándola en este proceso como hizo con su mujer.

—Emma, sigo lamentándome que estés pasando está situación tú sola. Si dejarás que Mills se enterara…—Dijo Felix

—Es verdad, Mills correría apenas se enterara que viene un hijo suyo en camino. Sería fácil para tí, Emma. no tendrías que hacer nada, es mandarle una carta y él llegaría en menos de dos días.—agregó Jade.

—No es la decisión de ninguno de ustedes—tajó Emmanuel, ya que este tipo reclamos no eran la primera vez que salía de ambas bocas—. Tome la decisión de qué va a nacer sin que él sepa porque no quiero que se haga cargo. Siempre pude, criar un niño sola tambien podre.

Jade y Felix se miraron un poco apenados porque ambos sabían que ella se sentía un poco solitaria, más allá de que tenía un mayordomo que estaba constantemente atento a ella. Emma estaba enojada y molesta con ese hombre ya que aún después de haberse entregado a él, fue capaz de irse sin importarle nada. Sin embargo, estaba la incertidumbre y el miedo a lo nuevo que se le estaba avecinando.

Jade y Felix debían irse por la hora que era, era tarde y sus hijos no podían tomar frío.

—Avísame si necesitas algo, ¿si?—dijo Jade abrazándola con mucho cariño—. Correría hacia donde estés.

—Lo sé.

Emma la abrazó con fuerzas mientras que miraba a los niños de Jade en brazos de Felix. Aún no tenía la valentía de acercarse a ellos a tocarlos porque de alguna forma sentía un rechazo por que los niños eran del amigo de aquel hombre.

Ambos salieron, alejándose lentamente de la mansión mientras pensaban que realmente la dueña se sentiría sola. Felix fue quien le dió un último vistazo, antes de volver a mirar hacia frente y luego a su mujer.

—Siento que esa casa cada vez es más grande—dijo un poco desconcertado—. Me da demasiado pavor cada vez que entro desde que todos sus sirvientes se fueron.

—Ella no está sola, tiene a ese mayordomo que la cuida bastante bien.—Respondió Jade mirando a sus hijos sin dejar de pensar en su amiga.

—Ese mayordomo la mira como si fuera una presa.—Respondió Felix incómodo.

—Es lo unico que le queda—tajó Jade—. Podemos visitarla cuando podamos, sé que le gusta nuestra compañía.

—Pero no siempre será así, también necesitamos tiempo en familia.

Jade lo miró arrugando la frente pero sólo se quedó en silencio porque tenía razón, no siempre iba a poder a estar presente, pero su deseo por el momento era que hasta que ella tuviera al bebé, se podría sentir acompañada y segura hasta que al menos nazca.

Felix dejó a su esposa y sus dos hijos en casa y emprendió hacia la oficina en donde tenía que atender en esos asuntos que se dejaba para después , y una vez en el lugar pensó: Con Mills siempre se escribían aunque ya habían pasado un par de meses que no sabía nada de su amigo, es entonces que sólo en su cabeza daba vueltas a un asunto. Estaba más que claro que ese niño que Emmanuel tenía en el vientre era de él, ya que la mujer era demasiada exclusiva y no era de tener hombres detrás de ella incluso sabiendo que era una de las mujeres más hermosas e influyentes del país. Entonces tenía que saberlo, tenía que saber que iba a ser padre, que su legado se iba a extender, y más que eso, tendría que estar aquí para acompañar a la mujer que amo en secreto. Fue aquí en donde las decisiones corrieron por su cuenta y no importó la opinión de su mujer, ni de su amiga, simplemente tomo un papel y una pluma y no hubo como detener su mano. Escribió sobre la situación en que se encontraba al ver a Emma cargando a su hermoso hijo, en como la maternidad enriquece a aquella mujer frívola, en como se había vuelto más hermosa y que el deseo de todo hombre es el querer verla con un bebe propio en sus brazos. Que aquella mujer cargaba un ombligo de ocho meses y medio, que hasta ni siquiera los vestidos mas toscos y largos podía cubrir. En que la decisión de traer semejante criatura al mundo fue una decisión de vida o muerte porque según su esposa, Emma no estaba anímicamente bien y que podría perder su vida apenas el niño nazca, pero que aquella cosa sólo lo sabía Jade, ya que también carga con el deseo egoísta de mantener a su amiga con vida hasta el último segundo, si eso incluso sea una decisión de último momento en dejar sin vida al bebé. Que quien lo podría llegar a saber es su mayordomo, ya que si la única dueña de aquella mansión muere, tendrá que hacerse cargo de la criatura hasta que tenga la edad suficiente para ser consciente que tiene un legado que continuar, uno en donde las leyes de la muerte lo persiguen. Sin embargo, si de leyes se hablase, en caso de que la dueña muriese y el niño viviera, tendría que quedarse con un padre biológico, aquel que ni siquiera sabe que el niño existe por decisión de su egoísta madre.




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