Autora de la muerte.

Capítulo IV

—Ahora tendré que invitarlos por tu culpa, Jade. Te dije que no se lo dijeras.

—Lo siento, se me escapó, fue la emoción.

—A veces eres una idiota.

Pasaron dos semana más en el pueblo de Francia. Sólo faltaba unas par de noches para que el esperado cumpleaños de Emma llegará. Los preparativos ya fueron hechos gracias a la ayuda de Jade y los sirvientes de la casa. Lo único restante en la lista, era que sólo había que entregar las últimas invitaciones a algunas personas del pueblo, entre ellos los oficiales Drake Mills y Benjamin Felix. Que a Emma no le agradaba mucho la idea.

—Lo lamento Emma. Creí que cuando dijiste que todo el pueblo estaba invitado también te referías a los oficiales.

—No, ellos no pertenecen al pueblo. Vienen desde España.

—Felix sí, pero Mills no, está es su tierra natal.

—¿Cómo es que sa-? Ah no importa, ve y entregarles las invitaciones tú misma—Se las entrega—. También llévate esta hoja para anotar a quienes les falta estar en la lista, así entregar las invitaciones a quienes les falta.

—Esta bien. —Dió vuelta para salir,

—¿Sabes donde encontrarlos?

—Felix me dijo que hoy estarían toda la tarde en la comisaría, así que sí, sé dónde están.—Sonríe.

—Ya que vas para ahi, ¿puedes también hablar con el general? Necesitaré hombres que cubran y estén presentes en la fiesta, así la gente se sentirá más segura y protegida.

—Déjame eso a mi.

Jade con su gran carisma de todos los días, siguió las órdenes de su amiga mientras paseaba toda la ciudad. Fuera de que había peligro en todas las calles, le gustaba ver en como la gente seguía con su vida, porque era lo que debían hacer, seguir, sin importar las circunstancias. Saludaba a quien sus miradas se cruzaban, y todo el mundo le gustaba la carisma que tenía Jade incluso en los días más oscuros.

Ella ya a unos cuantos pasos de la comisaría, pudo ver que a lo lejos se encontraba los tenientes hablando al general fuera de la comisaría.

—Jade, qué gran sorpresa verte otra vez.—Dice con entusiasmo el General y ambos tenientes sonríen al verla.

—También es el mío. He venido a entregar las invitaciones que la Emmanuel manda para la fiesta. Para ustedes, detectives.—Sonríe entregando dos cartas con una cinta roja y una gran y preciosa ortografía.

—Me sorprendió cuando dijiste que la señorita Emmanuel hará una fiesta después de tanto tiempo. La última vez que se hizo un fiesta, fueron dos años antes de que sus padres muriera, era una niña desde entonces.—Dijo el general comentando a los detectives.

—No sabe lo mucho que me costó convencerla, sabe lo tacaña que es.

—Lo sé. En fin, me sorprende que aun siga en el pueblo después de tanto peligro que hay. El hecho de haya parado un poco no significa que no exista un asesino suelo. ¿Por Qué no se va con sus padres a Inglaterra? Estaría mejor allí.

—Porque aquí está mi gente, mi pueblo. Y aquí está Emma, no quiero dejarla sola.

—Entiendo, que corazón tan hermoso tienes, Jade. Espero que nunca nadie te lastime, a la señorita Emmanuel y a usted, haré que me encargue de que estén siempre seguras.

—Gracias, general. Aunque nosotras ya nos sentimos segura con ustedes y con la llegada de nuestros tenientes favoritos—Ambos sonríen con un poco de vergüenza—. Por cierto, Emma me pidió si podía poner hombres afuera y dentro de la casa del señor Illaster, para que la gente se sienta más protegida esa noche.

—Con gusto. Iré a hablar con ellos ahora mismo. Así que si me permite...—Hizo reverencia y se retiró, dejando a Jade junto a los detectives.

—Que tenga un buen día.

—¿Siempre fue así de reservada?—Preguntó Mills.

—No siempre, antes era diferente hasta que... terminó con su pareja en ese momento.—Sobró los hombros mientras sonreía un poco apenada.

—¡Jade!—Escuchó gritar trás de ella, entonces Jade abrió su boca sorprendida al reconocer su voz—No puede ser…

Entonces ambos oficiales vieron en como un tipo arreglado como si se tratará de un millonario, se acercaba con una gran sonrisa de ego y picardía en su rostro. Se paró en frente de Jade, hizo reverencia mientras que le sonría.

—Jade.

—Eric.

—Oh, me recuerdas aún. Eso me encanta. —Se para y toma de su mano y Jade la quita rápidamente.

—¿Qué haces aquí?

—¿Así vas a recibirme? Al menos pregúntame como me encuentro.

—Tú no te mereces ser tratado bien por mí, ni por nadie. No sé qué es lo que quieres aquí.

—Para serte sincero, mi preciosa Jade, mi padre me contó que Emma iba a hacer una fiesta, así que está más que claro que no iba a faltar.

—Tú no estás invitado. Si Emma se entera de esto…




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