—Mi amor, ¿Cómo te sientes?— a Kiri poco le importaba lo que había dicho su hijo y lo que generó en los demás. A ella solo le preocupaba el estado de su retoño.
—¡Bien! Me siento bien, sa'nu— At'ok ni siquiera volteó a ver a su madre. Seguía inmerso en la vista que tenía de sus familiares en estado de shock —¡Rojo! ¡Mami, él tiene aura roja!— señaló extasiado el infante hacia donde estaba sentado Payun.
—¿¡Qué!?— gritó Payun mientras su hermano hacía ademán de alejarse de él con las orejas tensas, tanto por la sorpresa como por el grito que le retumbó en los oídos.
Los demás en la habitación estaban en alerta, sacudiendo sus colas y moviendo sus orejas sin saber si agazaparse o mantenerse en vigilia. Miraban con cierto temor y comprensión al joven na'vi.
—¡Si! ¡El de la abuela es verde!— exclamó al ver a Neytiri, aunque no hubo tiempo de reaccionar ya que el niño siguió señalando colores —¡El de Rai'uk es gris! ¡El tío 'Nung también tiene rojo!— se detuvo un momento para aplaudir y reir, sus lunares luminiscentes brillaban con intensidad —¡Lukxa es azul! ¡Tía 'Reya también tiene gris!— al tratar de buscar más volteó a ver a su padre, sin embargo, él no mostraba esa indiscutible luz que rodeaba al resto. Terminó volteando a ver a su Sa'nok.
—¡Mami! ¡Tu tienes azul!— se lanzó a abrazar a su madre, tratando de expresar su emoción de aquella forma.
—¿Q-Qué? ¿Co-cómo? ¿Quién? Ustedes-yo— Rai'uk no encontraba las palabras para intentar formular algo coherente.
—Así es compañero, ustedes también tienen poderes— le ayudó Ru'niya siendo muy fanfarrona al decirlo.
—Verde. ¿Qué significa?— preguntó Neytiri cautelosa por la respuesta que recibiría.
—Puedes... controlar la tierra— respondió Rotxo ya que al estar ayudando a Ru'niya junto a su familia, ya había escuchado a su hijo decir que el aura de la joven na'vi era verde.
Neytiri no dijo nada y simplemente salió al exterior.
Nadie entendió aquel comportamiento, por lo que todos salieron detrás de ella con el temor de que hiciera algo estúpido.
Desde el interior se veía como iban desapareciendo uno por uno, las colas agitadas mientras intentaban no tropezarse al levantarse con rapidez y querer salir todos al mismo tiempo detrás de la felina abuela. No fue como la vez anterior que habían salido con calma, esta vez querían asegurarse de que lo que ocurriera adentro, se quedara ahí antes de enfrentar al resto del pueblo.
Por fuera se apreció a una muy tensa Neytiri saliendo con zancadas rítmicas y pesadas en una marcha rígida. De lejos no se podía asegurar si estaba preocupada o molesta. Pero lo que no se notaba a distancia y estaba bastante presente era el sudor frío que recorría los contornos de su cuerpo.
Su soaia detrás de ella la seguía con preocupación pero no tan de cerca por no arriesgarse a ser el blanco de lo que sea que sentía. Sus pasos eran pausados entre querer y no atreverse a acercarse para ayudarla. Compartían miradas conflictuadas mientras los tres jóvenes ajenos a la familia observaban todo con mera confusión pues no entendían para nada la dinámica familiar.
—Papá, ¿crees que sea buena idea?— la voz de Kiri sonó entrecortada al no querer alzarla demasiado. Lo detuvo del brazo con una mano, ya que tenía a su hijo en la otra, y le preguntó al ver que tenía la intención de alcanzarla con determinación, después de que los pies del na'vi mayor parecieran estar bailando entre detenerse y salir corriendo torpemente.
—No lo sé hija pero nunca la he dejado sola ni cuando está tan enojada como para destruir todas las rocas que encuentra— dijo Jake con el mismo tono de voz y con el mismo temblor. Ha sido testigo de tantas rabietas de su amada esposa que debería haberse acostumbrado y saber cómo tratar con ese temperamento. Sin embargo, nunca se pudo acostumbrar a la furia que desprende esta na'vi, pero así la amaba.
Como si las palabras de Jake hubieran invocado a la calamidad en persona, se escuchó delante de ellos un estruendo que retumbó en los oídos de los presentes en el área seguido de un rugido indescriptible. Llamando así, la atención que querían evitar.
Jake y los demás abrieron en demasía sus ojos antes de dirigir la vista hacía el ruido que se había prolongado en forma de rocas cayendo una tras otra, hasta aparecer arena.
Ahí estaba Neytiri, respirando pesadamente con los ojos abiertos mientras veía aquella roca que hacía lucir el lugar por su gran tamaño ahora hecha pedazos a sus pies.
El gentío quedó en estado de shock, los Sully quedaron atónitos con la boca demasiado abierta. Incluso las colas bajaron inertes detrás de la mayoría de los na'vis. El sonido del mar y los animales no tuvieron ninguna alteración demostrando que el mundo seguía su rumbo a pesar de que el tiempo parecía detenerse en ese espacio de incertidumbre.
Nadie se atrevía a mover un músculo ni a emitir ni el más mínimo sonido. Neytiri tenía una reputación muy conocida por su severidad, que provocaba escalofríos en cada na'vi que escuchaba de ella.
Los metkayinas, que convivían cada cierto tiempo con los Sullys, estaban muy conscientes de lo que podrían causar el provocar a tremendo primor.
Dos jóvenes na'vis, mejores amigos, observaban la escena desde su lugar, detrás de una de las tantas raíces en forma de arco que funcionaban como soporte y pilares para las construcciones de los hogares metkayina.
Se miraron entre sí y recordaron lo que les habían dicho tiempo atrás.
Flashback siete días antes
Dia del accidente de Sa'eyla
—¿Qué está pasando?
—¿Qué es eso?
—¿De dónde salió esa cosa?
Las preguntas llegaban sin tregua, buscando respuestas con desesperación al no entender lo que habían visto.
El par de na'vis habían llegado corriendo al escuchar las exclamaciones de sorpresa que iban en aumento, acompañados de algunos gritos asustados.
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Editado: 09.10.2026