En algún lugar de Guatemala, un pequeño pero funcional televisor viejo zumbaba suavemente, con la imagen ligeramente distorsionada. La señal iba y venía, pero el sonido era claro.
Ashly estaba sentada en el borde de la cama, con el cuaderno del curso de enfermería abierto sobre las piernas. Entre sus dedos giraba lentamente una venda, practicando un nudo que ya sabía de memoria. Había pasado la tarde ayudando a su abuelita con los medicamentos y luego repasando apuntes, como todos los días.
En la pantalla, los rostros serios de los mandatarios llenaban el encuadre.
“Reunión extraordinaria de la ONU”; anunciaba el presentador.
Ashly frunció el ceño.
Escuchó con atención. Las palabras seguridad global, responsabilidad, control se repetían una y otra vez. Luego, el nombre que ya todos conocían.
—Los Vengadores deberán presentarse en la próxima sesión… —decía la voz del noticiero.
Ashly apretó los labios.
—No es justo… —murmuró.
Su abuela, sentada en la mecedora, levantó la vista.
—¿Qué dices, mija?
Ashly bajó el volumen del televisor.
—Que los están tratando como si fueran cosas —respondió con calma, pero con firmeza—. Como si no fueran personas.
La anciana suspiró, acomodándose el chal sobre los hombros.
—El mundo siempre busca a quién culpar cuando tiene miedo.
Ashly volvió a mirar la pantalla. Las imágenes mostraban a los Vengadores entrando y saliendo de edificios, rodeados de cámaras, flashes, voces.
—Ellos salvaron a miles —dijo—. Y ahora quieren ponerlos contra la pared… solo porque pueden.
Apretó la venda entre los dedos.
—Ser héroe no debería significar perder el derecho a decidir.
Su abuela la observó con una ternura silenciosa.
—Tú siempre has tenido un corazón grande.
Ashly sonrió apenas, sin despegar la mirada del televisor.
—No es grande, abuelita… —susurró—. Solo creo que cuidar también es una forma de pelear.
La imagen se congeló un segundo por la mala señal.
Ashly cerró el cuaderno con cuidado.
Afuera, el cielo empezaba a oscurecer. Y en algún lugar del mundo, personas que ella nunca conocería estaban siendo juzgadas por salvarlo.
༘⋆📼˚ ༘ ೀ⋆。˚
El edificio de la ONU estaba rodeado.
Vallas metálicas, cordones de seguridad, agentes armados y una marea de cámaras que no dejaban espacio para el silencio. Los flashes estallaban como pequeñas detonaciones cada vez que una figura se movía detrás del cristal blindado.
El convoy se detuvo.
Nick Fury fue el primero en descender.
Su expresión era impenetrable, pero sus hombros cargaban el peso de una decisión que no había tomado solo. Bajo del auto, esperando que los demás se acomodaran.
—Mantengan la formación —ordenó en voz baja—. No respondan preguntas. No miren a las cámaras. —Se giró hacia Clint, antes de que el bajara del auto—. Ten, ponte esto, al menos evitaras que encuentren tu cuenta bancaria. — Dijo mientras le daba una gorra de color negra y unos lentes oscuros.
Clint los tomó, sin refutar nada, Thor en acto de empatía, le sonrió mientras le daba una pequeña palmada en la espalda.
—Te ves menos feo, nadie perderá su vista hoy. —Bromeó Natasha, mientras salía del auto, para que el saliera. Provocando sonrisas y risas entre sus compañeros aliviando un poco la tensión.
Uno a uno, los Vengadores se acomodaban frente al vehiculo.
Tony Stark se colocó las gafas de sol, aunque el día estaba nublado.
—Nunca pensé que salvar el mundo viniera con alfombra roja… y cara de juicio público —murmuró.
—Concéntrate —respondió Steve, caminando a su lado—. Esto no es sobre nosotros.
—Eso es exactamente lo que me preocupa, Cap. Por cierto, lindo conjunto de vaquero retirado. Me hubieras pedido el favor, y te hubiera prestado uno de mis trajes.
Rogers arqueando una ceja evitando reírse ante el comentario ocurrente de Stark. —¿Me veo tan mal, con mis pantalones vaqueros y mi chamarra marrón? Yo creo que es bastante modesto.
—La verdad, parece que vas a ir a hacer la compra que a una reunión con los presidentes del mundo. Sin ofender. —Le respondió Tony, mientras se desabrochaba el botón de su carísimo traje color negro, y se acomodaba su corbata roja.
Natasha avanzaba unos pasos detrás. Su postura era perfecta, controlada, pero sus ojos se movían con rapidez, detectando ángulos, cámaras, amenazas. No estaba hecha para esto. Ninguno de los dos, ni ella ni Clint.
Clint mantuvo la cabeza baja.
Cada cámara era una posibilidad.
Cada transmisión, una grieta.
—Hay demasiados rostros —susurró—. Esto ya no es un briefing… es una exposición.
#267 en Fanfic
#100 en Ciencia ficción
accion y aventura, romance lento (slow burn), universo marvel mcu
Editado: 20.08.2026