Avengers- Los Héroes del Mañana.

Capítulo 7

Las puertas de la ONU se cerraron a sus espaldas con un sonido seco, casi definitivo.

No hubo aplausos.
No hubo cámaras.
Solo el murmullo lejano de funcionarios, guardias y asesores que retomaban sus rutinas como si, dentro de esas paredes, no se hubiera decidido el destino del mundo.

Caminaron juntos por la amplia explanada exterior, escoltados por seguridad, pero con una sensación incómoda: por primera vez, no eran héroes saliendo de una batalla… eran un problema político recién archivado.

Steve Rogers fue el primero en detenerse. Observó el cielo de Nueva York, gris, cargado de nubes bajas, como si la ciudad aún no hubiera terminado de exhalar el trauma de la invasión.

—No me gusta —dijo al fin, rompiendo el silencio—. Nada de esto me gusta.

Natasha caminaba unos pasos detrás, ajustándose los guantes con movimientos automáticos. No levantó la mirada.

—No era una negociación —respondió—. Fue un aviso disfrazado de diplomacia.

Clint soltó una risa seca, sin humor.

—“Los vigilaremos”. —repitió—. Me encanta cuando dicen eso como si no llevaran años haciéndolo.

Bruce Banner respiraba hondo, demasiado consciente de cada latido de su corazón.

—No solo nos vigilan —añadió—. Nos están midiendo. Evaluando cuánto daño podríamos hacer… incluso intentando salvarlos.

Thor avanzaba con paso firme, pero su expresión era más seria de lo habitual. No había arrogancia, ni orgullo asgardiano.

—En los Nueve Reinos —dijo—, cuando los reyes se reúnen así, es porque temen que los dioses ya no obedezcan.

Ese comentario hizo que todos callaran un segundo más.

Entonces Tony Stark habló.

—Bueno… —dijo, colocándose los lentes de sol mientras miraba alrededor—. Si vamos a ser oficialmente “el problema”, al menos podríamos serlo con estilo.

Steve lo miró de reojo.

—Tony, este no es el momento.

—Oh, es exactamente el momento —replicó Stark—. Porque si algo me quedó claro ahí dentro, es que el mundo ya no duerme tranquilo sabiendo que solo somos nosotros seis.

Subieron al quinjet sin más palabras. El despegue fue suave, pero el ambiente dentro de la nave era denso, casi opresivo. Cada uno iba perdido en sus propios pensamientos.

Minutos después, la silueta de la Torre Stark apareció entre los edificios, imponente, familiar… y por primera vez, insuficiente.

El quinjet aterrizó en la plataforma superior. Las puertas se abrieron y el viento de noche que caía lentamente sobre la ciudad de Nueva York los recibió con un golpe frío.

Ya dentro, en el silencio de la sala amplia, se encontraba la silueta de Pepper Potts. Que los esperaba con una visible preocupación en su rostro. A su lado se encontraba Happy, que al verlos apagó el televisor, donde transmitían noticias amarillistas sobre ellos, tratando de dejarlos mal parados.

—¿Cómo están, chicos? Desean tomar algo o…— preguntó Pepper mientras se acercaba a saludarlos, abrazando a Tony en el acto.

—No te preocupes. Estamos bien, gracias. —Le respondió Steve con una amable sonrisa.

Thor y Clint se dirigieron a los sofás que tenían cerca, querían descansar un poco, mientras que Natasha abrazaba con calidez a Pepper, que se mostraba profundamente preocupada por ellos. Mientras que Happy se acercó a Bruce ofreciéndole un vaso con agua. Bruce lo aceptó, ofreciéndole una leve sonrisa, casi forzada.

En ese momento Tony rompió la tensión que se estaba formando en la atmósfera de la sala.

—Escúchenme —dijo—. Creo que Fury, tiene razón. Es necesaria una segunda línea de defensa.

Natasha alzó una ceja.

—¿Qué? Tienes que estar bromeando.

—¿De qué es lo que están hablando? —Pregunto Pepper—. ¿A qué te refieres con segunda línea de defensa?

—Se refiere a que creemos un equipo de jóvenes con habilidades extraordinarias que esté en lugares donde nosotros no podemos estar. —respondió Clint con aire despreocupado y cansado, desde el sofá.

Las luces del amplio salón central de la torre, se encendieron añadiendo calidez. Luces suaves, tecnología silenciosa, pantallas en reposo. Un santuario moderno… pero vulnerable.

—Hoy fueron alienígenas —prosiguió Stark, caminando hacia el centro de la sala—. Mañana puede ser algo peor. Algo humano. Algo que no venga del cielo, sino desde dentro.

Bruce lo miró con inquietud.

—¿Estás sugiriendo…?

—Que hay que aceptar su propuesta —interrumpió Tony, girándose hacia ellos—. Gente joven. Preparada. Entrenada. No para reemplazarnos… sino para que el mundo no dependa solo de que seis personas tengan un buen día.

Steve frunció el ceño.

—Eso suena peligroso.

—Lo es —admitió Tony sin rodeos—. Pero ¿sabes qué es más peligroso? Que el mundo siga esperando a que aparezcamos cuando todo ya esté en llamas.

Thor cruzó los brazos desde el sofá mirándolo divertido.




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