Los zombies se avalanzan frenéticamente hacia los tres aventureros que no lograron ingresar al mausoleo. El desespero los atormenta, y aun así, no se pueden detener. No pueden bajar la guardia, porque la cantidad es abrumadora. Gracias a su poder de ataque actual, cada zombie cae de un solo golpe, pero el problema no está en su poder, está en la cantidad y en el agotamiento de los aventureros.
Yara, con angustia, observa a sus compañeros pelear, e instintivamente da un paso al frente para salir a apoyar.
—¡Detente! —grita el aventurero de la espada—. ¡No salgas! ¡Recupérense! Después pensaremos en una estrategia.
—Pero... —dice Yara, con aflicción en su mirada y en su voz.
—¡Obedece! —responde Iván—. ¡Nosotros aguantaremos!
La conversación hizo que María y Helen abrieran los ojos. Estaban recostadas en el suelo, agotadas.
Al voltear, un escalofrío les recorre la espalda al ver que Iván y los otros dos aventureros aún están peleando en la entrada del mausoleo.
Con esfuerzo, María se pone de pie, seguida de Helen. María camina lentamente hacia Yara.
—No pueden entrar —dice Yara, con lágrimas brotando de los ojos.
Helen voltea a ver y confirma que el cupo de 5/5 estaba ocupado por ellas y los aventureros inconscientes.
Sin decir una palabra, María corre hacia la fuente. No observa nada a su alrededor. No lo piensa demasiado. Solo corre directamente a beber agua de la fuente.
Al beber, siente como el agua escurre por su garganta. Da enormes sorbos hasta que su cuerpo comienza a recuperar resistencia y a sanar sus heridas, así como su maná y HP, hasta quedar completamente restaurada.
Se levanta y dice: —Vengan ustedes también.
—No lo piensen. Restablezcámonos y pensemos en cómo ayudarlos —dice María con una fuerte determinación.
Yara y Helen, después de esas palabras, comprenden la razón y corren a restaurarse con la fuente.
Por otro lado, los aventureros en el suelo solo pueden esperar a que se recuperen y despierten.
Con más tranquilidad, comprendiendo la situación, Yara respira profundamente y comienza a analizar y a observar a su alrededor.
—El cronómetro ahora es de 10 horas —dice después de ver el cupo de 5/5 en el mausoleo. Esa es la razón por la que no pueden entrar más.
María se queda parada firmemente en la entrada del mausoleo, lista para entrar en acción si la situación lo requiere. —Yara, te dejo la estrategia a ti. Estoy segura de que encontrarás la mejor solución —le dice María, confiando en su juicio.
—¡Oswal, a tu derecha! —dice el aventurero con espada a su compañero. Estos aventureros armados, uno con espada y otro con machete, son los mayores del grupo. Parecen estar arriba de los 40 años, pero se ve que tienen físicos robustos y fuertes.
—¡Cuidado! —grita Iván, eliminando al zombie que estaba por morder al aventurero con machete.
Entre la batalla, muchas semillas caen, pero la situación impide que puedan llegar a coger alguna. Un paso en falso y es su fin.
Sus cuerpos les pesan en cada movimiento. El sudor salpica por todos lados. Se puede observar que están dando todo, tanto física como mentalmente.
Con el paso del tiempo apareció otro problema: a excepción de las monedas, las semillas desaparecen después de un tiempo. No esperan a su dueño. Simplemente, si no se obtienen a tiempo, se pierde la oportunidad de obtenerlas.
Mientras la batalla sigue, Yara se acurruca en el suelo y se agarra la cabeza, ansiosa y desesperada porque no se le ocurre nada más que salir a tomar su lugar.
Entonces, vuelve a temblar. Empieza con un leve temblor y se intensifica con el tiempo hasta hacer caer tanto a aventureros como a zombies. Pero ahora fue tan fuerte que mueve la tierra como si fuese agua.
Nadie logra sostenerse, pero los zombies se arrastran sin detenerse. A Iván y a sus compañeros de batalla les es difícil reaccionar, y un zombie muerde al aventurero con machete.
Iván lo ataca y le destroza la cabeza al monstruo. María se repone de la sacudida y sale rápidamente, utilizando Cura para sanar al aventurero. Iván y Oswal la protegen. Tan pronto termina, regresa al mausoleo y recupera su maná en la fuente, con la intención de mantenerse al máximo.
—Tranquilízate —dice Helen a Yara. Gracias a estas palabras, al temblor y a la rápida respuesta de María, Yara pensó en un plan.
—Lo tengo —murmura Yara.
Mientras afuera la batalla sigue siendo intensa, la niña no deja de llorar y la horda no deja de incrementarse.
—María —dice Yara, llamando a María—. Tú serás nuestra salvación.
—¿A qué te refieres? —pregunta María, incrédula.
—No somos tan fuertes como ellos, pero podemos salir dos —comenta Yara—. Uno puede ser relevo. Se transfiere el arma de uno de ellos y este ingresa a recuperarse en la fuente. Al recuperarse, vuelve a salir para cambiar al siguiente, y así hasta que los tres se recuperen con la fuente.
—María saldrá porque será nuestra protección. No somos tan fuertes como el resto, por eso necesitaremos que sane nuestras heridas, hasta que todos se recuperen.