ÁVÍAMOS SIDO UNA FAMILIA
El alba del día siguiente encontró a toda la familia Rojas lista y preparada en la entrada del albergue. Gabriel había dormido apenas unas horas, su mente ocupada con planes y cálculos sobre cómo aprovechar al máximo el terreno que don Enrique les había conseguido. Elena había pasado la noche cosiendo algunas mantas viejas para hacer colchones improvisados para la carpa, mientras los niños habían organizado las cosas que habían rescatado, separando lo útil de lo que solo servía para recordar.
A las seis y media, los primeros vecinos empezaron a llegar en sus carretas y camionetas, cargados de herramientas, materiales de construcción y provisiones. Don Francisco, el dueño de la ferretería, llegó con una camioneta llena de clavos, sierras, martillos y una nueva azada que dijo ser un regalo para la familia. La señora Marta trajo pan caliente, queso y una gran jarra de atole de maíz, mientras don Miguel, el vecino que les había tomado la foto de Navidad, llegó con su tractor y un remolque para ayudar a limpiar los escombros.
—¡Vamos, gente! —gritó don Miguel con su voz potente, bajándose del tractor—. Hoy tenemos mucho trabajo por hacer, pero con estas manos trabajadoras, seguro que terminamos antes del mediodía.
Los niños se pusieron manos a la obra desde el primer momento. Benjamín ayudaba a recoger los restos de madera pequeña y llevarlos a un montón que iban a quemar más tarde en un lugar seguro. Sofía se encargó de organizar las provisiones y dar de beber agua a todos los trabajadores, mientras Matías ayudaba a su padre y a los demás hombres a limpiar el terreno baldío donde iban a montar la carpa. Elena trabajaba junto a otras mujeres del pueblo, preparando una comida abundante que iban a compartir cuando el trabajo principal estuviera terminado.
Mientras limpiaban la tierra, Gabriel encontró un viejo surco que su padre había hecho años atrás para sembrar frijoles. El suelo aún conservaba la forma de aquel surco, como si la tierra misma recordara los trabajos que se habían hecho en ella. Se agachó y tomó un puñado de tierra entre sus manos, sintiendo su textura húmeda y fértil.
—Aquí es donde vamos a sembrar las calabazas —dijo en voz alta, dirigiéndose
#1697 en Otros
#284 en Novela histórica
luchar por lo que es tuyo, amar a tu familia, la familia es primero
Editado: 08.01.2026