Más de treinta horas sin electricidad en todo el pueblo. Mientras a los ricos de la ciudad no les falta nada, viven de nuestro sufrimiento. Disfrutan sus fiestas, alimentos, derrochan el dinero que ganan gracias a nosotros. Mientras aquí, en el pueblo, nos matamos unos a otros y ellos lo disfrutan.
Miro a mi mejor amigo, Lion. La luz de la luna me deja ver su rostro moreno. Sus ojos oscuros chocan con los míos.
—¿Crees que siempre será así?— No puedo evitar preguntarle, aunque ya sé su respuesta. Siento que la vida se me va en este lugar. Como a todos.
—No lo sé— me responde así de simple, mientras el humo sale de sus labios. Me hubiera gustado que me diera otra respuesta, pero ¿cuál? Si me decía que sí cambiaría, estaría mintiendo, al igual que si decía que no. Al final, nadie sabe si pasará. Todos deseamos un cambio, pero solo nos hacemos daño entre nosotros. Son tantos años de sufrimiento y explotación que muchos se han acostumbrado a esto.
Camino al borde de la azotea. A lo lejos se ve el muro que separa la ciudad de AXSELION del pueblo. AXSELION, la ciudad de los grandes. No puedo evitar imaginar qué se sentirá vivir así. Que no te falte nada, no preocuparte por la comida ni por cosas básicas del ser humano. Salir sin miedo a que alguien decida matarte solo por un trozo de pan o por alguna baratija. O, no lo sé, por cualquier otra cosa. El ser humano saca lo peor de sí mismo cuando lo ponen en situaciones de supervivencia, dañando a quien sea.
Siento a Lion acercarse a mí. Se para a mi lado, en el borde, siguiendo mi mirada.
—Si tuviera la oportunidad, los mataría uno por uno. Una muerte rápida sería demasiado buena para ellos. Haría que sufrieran...— me dice Lion de repente, sacándome de mis pensamientos. A veces dice cosas así y yo estoy de acuerdo con él. Si mueren de la peor forma, estaría bien para mí. No merecen vivir. Pero ahora mismo pensar en ellos solo hará que me moleste.
Las estrellas aquí se ven hermosas. Al menos, no tener electricidad me deja ver algo tan perfecto. Solemos subir aquí casi todas las noches. A veces solo nos sentamos y miramos el cielo, o hablamos sobre muchos temas distintos. El tema favorito: si quizás vivimos en una simulación o estamos jugando algún tipo de videojuego de supervivencia en realidad virtual. Uno muy difícil. Quién sabe...
Cierro mis ojos, perdiéndome en mis pensamientos. Siento la brisa fresca en mi rostro, estiro mis brazos hacia los lados. Siento que puedo volar. Por un momento pienso en dejarme caer. Terminar con todo, pero no puedo hacerlo. No puedo dejarlos, y tengo miedo y curiosidad sobre qué pasará en el futuro, conmigo. Con AXSELION.
La sensación de libertad que siento aquí se siente demasiado bien. Me dan deseos de quedarme para siempre. Mi momento de paz es interrumpido al escuchar unos fuertes sonidos de disparos a una calle de aquí. A veces suele pasar. Los desahuciados entran a la zona de los obreros para robar lo poco que tenemos y, por eso, han muerto unas cuantas personas. Los de la clase obrera trabajamos, luchamos para tener nuestras cosas, y ellos, los desahuciados, quieren todo fácil. Malditas ratas.
—Me iré ya, Hava está sola— me informa Lion mientras camina hacia la salida.
Y yo me quedo aquí sola, escuchando las sirenas a lo lejos. Me quedaría a dormir, pero no es buena idea. Al parecer habrá una tormenta y no me apetece enfermarme.
Doy una última mirada a la ciudad y bajo a casa. Al llegar a mi apartamento me encuentro una escena que me resulta muy desagradable. Estoy tan harta de esto.
—Joanne. ¿No hablamos de esto?
Sí que lo hablamos. Pensé que por una vez me iba a escuchar. Pero no, no le importa nada. Prefiere traer su trabajo a casa, hacer sus cosas aquí. Donde apenas tenemos privacidad y espacio. Donde mis hermanos pueden verla. La mujer que me trajo al mundo trabaja en el lugar con menos moral que puede existir. El burdel. Es donde mejor pagan, pero a costa de mostrar tu cuerpo y dejarte hacer lo que sea por cualquier enfermo. Realmente preferiría que trabaje recogiendo basura y no de pu... No logro terminar la palabra, es mi mamá después de todo.
Ella me ignora, siguiendo en lo suyo. Molesta, subo a mi habitación. Los gemelos están durmiendo en mi cama. Son tan pequeños, tienen ocho años y están viviendo algo que nadie debería. Me duele que tengan que pasar por esto. Odio no poder darles más, todo lo que necesitan los niños. Estoy tan enojada todo el tiempo. ¿Por qué ellos sí pueden todo? ¿Por qué nosotros tenemos que sufrir para que unos imbéciles tengan una vida fácil? ¿Por qué tenemos que...?
—¿Ashay?...— La voz de Jill me saca de mis pensamientos. Me había quedado parada en medio de la habitación, mirando la vela. Mi hermanita me da una sonrisa adormilada mientras restriega sus ojitos verdes. Verlos hace que mi día mejore. Son tan inocentes.
Camino hacia la cama, donde Jill me espera con sus bracitos estirados. Recuerdo que de pequeña pensaba que yo era su mamá. Me pasé mucho tiempo explicándole que yo era su hermana mayor.
—¿Qué haces despierta? Es tarde— digo esto mientras la tomo en brazos y me envuelve en un abrazo lleno de cariño. No sé qué haría sin ellos.
—Estaba esperándote. Quería darte las buenas noches. Oli también quería, pero se quedó dormido.
Esto me hace sonreír. Siempre les doy las buenas noches y ellos a mí. Aunque sea algo pequeño, es nuestra tradición de hermanos. Arropo a Jill junto a Oliver, los beso en la frente a cada uno y me acuesto en el espacio que queda para mí.
Soy de las personas a las que les gusta dormir. Me duermo rápido, pero ¿ahora? Solo estoy dando vueltas en la cama. Trato de no moverme mucho para no despertar a los gemelos. Frustrada, me levanto. Camino hacia el baño y miro mi reflejo en el espejo. Me paso unos cinco minutos mirándome. Mis ojeras están más pronunciadas, mis ojos marrones más oscuros y apagados. Creo que estoy hasta más delgada. No sé describir lo que siento en estos momentos. Es como un vacío en mi pecho que crece.
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Editado: 30.07.2026