La alarma de nuestro sector suena exactamente a las cinco treinta de la mañana, y hace apenas una maldita hora que pude cerrar mis ojos. Quiero seguir durmiendo, pero faltar al trabajo solo me llevaría a una sanción. Los gemelos siguen durmiendo, y pensar que en unos tres días cumplen nueve años. A esa edad empiezan el trabajo que les asignen o… se los llevan. Solo pensar en eso hace que mi corazón se encoja; no puedo ni imaginar lo que haría si les llegan a hacer algo.
Voy al baño y me doy una ducha de agua fría, tampoco es que tenga opción. Tenemos agua cada cuatro días y electricidad cada que ellos quieran. Aun así, el agua fría me ayuda a relajarme, a pensar. Dejo mi imaginación volar y, de un momento a otro, estoy en una casa junto al mar, como las que he visto en los libros. Estamos nosotros cuatro. Jill y Oliver corretean por toda la playa junto con nuestro perro. Mamá está sentada en el portal, leyendo su libro favorito, y yo trabajando en mi huerto. Pero solo son sueños estúpidos que jamás se van a cumplir.
Me obligo a caer en la realidad. Miro el reloj en mi muñeca, llevo diez minutos aquí. Maldita sea. Salgo apurada del baño, poniéndome el uniforme y las botas. Veo a Joanne en la cocina.
—Llévate esto, es tu comida de anoche. Quería darte algo más, pero…
Tomo la lonchera y salgo sin decir nada. Quería decir gracias, pero hasta eso me resulta incómodo con ella. También es su forma de pedir disculpas cuando hace algo mal, pero no es tan fácil. Recuerdo que de pequeña éramos más unidas. Siempre que llegaba del trabajo, yo corría a abrazarla y lloraba cuando se iba. Ella era más cariñosa. Luego pasó aquel accidente donde… casi muero, y con el tiempo papá se fue. Ella cambió, nuestra relación dejó de ser lo que era, y luego nacieron los gemelos. Pero esa persona que yo conocí nunca volvió.
Camino hacia la formación que me corresponde, busco a Lion entre la multitud y lo veo entre los últimos diez. Me coloco detrás de él; llegué a la hora exacta. Todos empiezan a moverse. Cada formación está formada por treinta personas, cada una para un trabajo distinto. Todos van hablando y sonriendo como si nada. Se nota el cansancio en sus caras; algunos no han dormido en la noche. Yo no digo nada, me gusta el silencio en las mañanas.
Mientras caminamos hacia nuestro destino, me fijo en las calles mojadas por la tormenta de anoche. En los basureros que cada día crecen más; luego se preguntan por qué hay tantas enfermedades… Algunas casas están a medio derrumbe, otras partes de la calle están llenas de agua y basura. Una mueca de asco se refleja en mi cara. En serio no sé cómo pueden. Y, aun así, actúan así en las mañanas y en cualquier otro momento. Se conforman con tan poco…
Más adelante puedo ver Las Minas, el trabajo de muchos asignado a los nueve años. ¿A quién se le ocurre asignar trabajos así de pesados a niños? Pues a la Élite.
La fila se detiene de momento, haciendo que choque con Lion. Según los comentarios, alguien se ha caído más adelante. Me salgo de la fila y me dirijo al inicio de la formación.
—¡Alguien que lo ayude!
Una mujer grita a todos, pero ella no se mueve. Es un viejo; solo de verlo sé que ya ha muerto. Está flaco, es increíble que, aun así… Aprieto los puños con rabia. Nadie hace nada. Él no me importa, no es mi familia. Me molesta que nadie haga nada, en fin, no es mi asunto. Vuelvo a mi lugar y le cuento a Lion lo que pasa.
Los guardias de los obreros, alias Los Carceleros, llegan al poco tiempo, llevándose al viejo en una de sus carretillas para cadáveres. Eso vi mientras lo dejábamos atrás y seguíamos con nuestra vida como si nada hubiera pasado. Es normal que cosas así sucedan día tras día.
Mis manos duelen, aunque tengo puestos los guantes; jamás me voy a acostumbrar a esto. Empiezo a golpear más fuerte la pared de tierra con el pico, imaginando que es la cabeza de alguno de ellos, en específico la de Hemilan Lincoln. Él es quien está al mando de la Élite, el presidente de AXSELION. Maldito viejo.
Unas horas después, estoy sentada junto a Lion en el acantilado. Es la hora de almuerzo, así que tenemos una hora libre. Abro la lonchera y al instante un olor a papas hervidas me llega a la nariz. No me gusta, pero tampoco me desagrada; a veces ni siquiera podemos comer esto. Las papas son un lujo, así como otros alimentos.
Miro hacia el mar, tan grande y tan aterrador, pero eso no le quita que sea increíble. Hermoso y peligroso. Más allá no existe más nada. En la Gran Guerra contra los Extraños todo se perdió y los sobrevivientes crearon AXSELION. Luego, con el tiempo, se fueron uniendo más personas, creando el pueblo. Y, por supuesto, la Élite no iba a permitir que vivieran en su territorio así de gratis, así que creó el sistema de división de clases y sus trabajos asignados. Todo eso pasó hace un montón de años. Una sensación de soledad y miedo me inunda a veces al recordar eso. Que nosotros somos los últimos humanos en nuestro planeta.
—Ya casi es el cumpleaños de Hava y los gemelos… —me dice Lion, haciendo que piense nuevamente en lo que estoy evitando. Solo faltan tres días… tres malditos días.
—Mjm.
—Sé que estás preocupada. Y que lo ignores no significa que no vaya a pasar.
—Ya lo sé, pero no sé qué quieres que diga, Lion. No lo sé. Estoy malditamente preocupada, claro que lo estoy, pero existe la posibilidad de que no se los lleven. A mí no me llevaron.
—Y eso no significa nada.
Y tiene razón, no significa nada. Me muerdo las mejillas por dentro y el sabor a sangre me llena la boca. No quiero llorar, me niego a hacerlo. Siento tanta rabia, tanto odio, que no sé cómo sacarlo y termino golpeando la pared. Fijo la vista nuevamente en el mar, dejando mi mente volar. Por un momento me permito olvidar todo. Solo me concentro en el aire fresco y salado, el sol cálido en mi piel… No existe AXSELION, no existe nada. Solo estoy en el lugar de mis sueños junto a mi familia.
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Editado: 30.07.2026