Aysha - La Hechicera de la Luna Roja

Capítulo 4 – Sombras en la estación

La lluvia empezó antes del amanecer.

Me desperté con el sonido del agua golpeando la ventana de la posada. Por un momento creí que estaba en mi casa, en mi cuarto, con mi abuela moviéndose por la cocina.

Después abrí bien los ojos y la realidad fue cruel.

No estaba en casa.

Estaba en la ciudad, en un cuarto pequeño, húmedo y barato. Llevaba semanas escondida allí, bajo otro nombre, en otra ciudad y en otra cama donde no podía dormir tranquila.

Me senté en el borde del colchón y me puse el chal de mi abuela sobre los hombros. El suelo estaba frío. Afuera se veía la estación, grande y oscura, con los faroles encendidos aunque ya estaba aclarando. Un tren soltó vapor a lo lejos y las vías temblaron un poco.

Un tren soltó vapor a lo lejos y las vías temblaron un poco

Apoyé la frente en el vidrio.

—No hice nada malo —murmuré.

Lo dije porque necesitaba escucharlo.

Pero no me calmó.

La gente no necesitaba pruebas para empezar a hablar. Bastaba con verme sola, sin familia cerca, usando un nombre falso y trabajando con flores que duraban más de lo normal. Tanbién con que alguien me mirara dos veces y notara que mi cara no cambiaba.

Porque esa era la verdad.

Yo seguía igual.

Habían pasado años desde que me fui de la casa de mi abuela y mi cuerpo apenas había cambiado. A veces me miraba al espejo y me tocaba la cara, buscando una señal normal del paso del tiempo, pero no encontraba nada y eso me daba miedo.

Mi abuela me lo había advertido muchas veces.

Cuando empiecen a buscarte, te vas.

El problema era saber cuándo empezar a correr. A veces no sabía si de verdad me seguían o si el miedo me estaba haciendo ver peligro en todas partes.

Metí la mano bajo el abrigo y toqué mi cuaderno negro. Lo llevaba conmigo a todos lados. Allí escribía las reglas, los sueños, los nombres falsos y cualquier cosa rara que sintiera en las manos.

En esa ciudad me hacía llamar Ari.

No era un nombre especial, por eso me servía.

Me vestí, guardé el cuaderno y bajé a la cocina. Una persona tosió detrás de una puerta y en otra habitación alguien discutía en voz baja.

La posada nunca estaba completamente tranquila.

La cocinera ya estaba despierta. Era una mujer de cabello recogido, con cara de no tener paciencia para tonterías, que removía una olla grande sin mirarme.

—Otra vez despierta antes de hora —dijo.

Me quedé en la entrada.

—La lluvia no me dejó dormir.

—Ni que hiciera tanto ruido. Lo que no deja dormir es que tienes muchos pensamientos.

No respondí.

Ella señaló la mesa con la cuchara.

—Siéntate, tienes cara de que te vas a caer encima de mi comida.

—No tengo hambre.

—No te pregunté.

Me senté porque no tenía fuerzas para discutir. Ella me sirvió un plato de guiso caliente que olía bien y, por un segundo, me recordó a la comida de mi abuela, lo que me apretó el pecho.

—Come —ordenó.

Tomé la cuchara y probé un poco. Me ardió la garganta, pero el calor me hizo bien.

La cocinera se apoyó en la mesa y me miró sin disimulo.

—Tienes cara de haber llorado.

—No lo he hecho.

—Entonces tienes cara de querer hacerlo.

Solté una risa pequeña.

—¿Hablas así con todos?

—Solo con los que bajan pálidos, no comen y miran la puerta como si alguien fuera a entrar a llevárselos.

La cuchara se me quedó quieta.

Ella lo notó, pero no cambió el tono.

—No voy a preguntarte de qué huyes —dijo más bajo—. Pero en esta ciudad la gente con dinero compra silencios, y la gente con hambre vende rumores. Así que ten mucho cuidado.

Tragué saliva.

—No estoy huyendo.

—Claro, y yo soy la reina del drama.

Quise sonreír, pero no pude.

—Perdí a mi abuela —dije de pronto.

No sabía por qué se lo contaba. Tal vez porque estaba cansada de callar o porque ella no me hablaba con lástima.

La cocinera dejó la cuchara sobre la mesa.

—Lo siento.

Asentí y miré el plato.

—A veces despierto y creo que sigue en la otra habitación. Después recuerdo que no está y eso me da rabia. Todo sigue igual para los demás, pero para mí todo cambió.



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En el texto hay: #misterio, #fantasía oscura, #inmortalidad

Editado: 17.07.2026

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