—Hola “livescapers” —saludó Lana a sus seguidores a través de la cámara frontal de su teléfono—... Ya veo que estabais deseando que empezara con el directo, y también supongo que querréis que os cuente en primicia más detalles de la que viene siendo la mejor “escape room” de terror de la historia –prosiguió la joven generando expectación ante su público.
Lana era una famosa influencer con millones de seguidores en sus redes sociales. Siempre se había sentido atraída por cualquier desafío o reto que se le pusiese por delante, y gracias a eso consiguió hacerse viral en el mundillo digital. Su vídeo despotricando de la penosa originalidad de la “Horror Escape Room” la hizo saltar a la fama. Numerosas organizaciones encargadas de ese tipo de eventos contactaron con ella en busca de su colaboración. A sus veintiséis años, con una licenciatura en antropología, cientos de currículums entregados y con una amplia experiencia laboral en la hostelería, jamás había imaginado que acabaría ganándose la vida de esa forma.
—No os impacientéis... ¡Pero ha sido brutal! Es la primera vez que he pasado miedo de verdad, era tan real... –exageró gesticulando en demasía la última frase.
La influencer continuó explicando algunos de los diferentes retos a los que se había tenido que someter para escapar de la que ella denominaba “habitación del pánico”. Mientras retransmitía su experiencia en vivo, caminaba atravesando la alameda que comunicaba el casco urbano con la urbanización aledaña donde ahora vivía. La oscuridad de la noche se acompasaba con el tono tétrico de su relato, el reflejo de la luz de las farolas iluminaba tenuemente el rostro de la chica. Aquel barrio era perfecto: a tan solo veinte minutos del centro, pero lo suficiente tranquilo para olvidarse del ajetreo y del bullicio de la ciudad. Allí dejaba de ser Ele, como se hacía llamar en su redes, para convertirse en Lana. Sin embargo, ni su alter ego ni ella misma sabían del forzoso desafío al que tendría que enfrentarse...
Ajena a todo, una camioneta paró junto a su lado, dos tipos con pasamontañas y ropa oscura se abalanzaron sobre ella y, tras un breve forcejeo, la ataron de pies y manos y la lanzaron dentro del maletero como si de una bolsa de basura se tratase. Al otro lado de la pantalla, el rostro de Lana dejó de advertirse, la imagen pasó a ser completamente negra. Los gritos de socorro se entremezclaron con los sollozos, el pánico dominaba la estancia. Aquello sí que parecía una verdadera escena de terror, vivida en primera persona. Lana se dió cuenta que por más que pateara, por más que chillara, nadie haría nada... ¿o sí? El teléfono, que había caído entre los pliegues de su chaqueta, aún seguía grabando. Eso significaba que sus fans, pese a que no podían descifrar dónde se encontraba, sí que escuchaban su llamada de auxilio.
—Dos encapuchados me acaban de raptar, estoy en el maletero del vehículo... Son tres, el tercero conduce la camioneta... No sé adónde me llevan, pero necesito ayuda —susurró la chica al móvil con la voz temblorosa mientras reprimía las lágrimas y daba sorbitones por la nariz. Mantenía la esperanza de que sus seguidores no hubiesen abandonado el directo...
Tras un breve recorrido, la camioneta redujo la velocidad hasta quedar detenida. Habían llegado a su destino, supuso. En el momento en el que cesó el ruido del motor, la voz de Lana también dejó de escucharse. La joven se limitó apretar con fuerza su brazo contra el costado, a fin de que el teléfono quedase encajado y oculto por la tela de su abrigo. Permaneció en posición de alerta, esa podía ser su única oportunidad de escapar de sus secuestradores. No obstante, era una contra tres, sin tener en cuenta que le había sido imposible desatar las cuerdas que sujetaban sus extremidades. Ahora más que nunca necesitaba actuar con sensatez, dejando a un lado el miedo y la angustia que sentía.
—¿Por qué no le has tapado los ojos antes de meterla en el maletero? Ahora verá dónde la hemos traído —uno de los captores reprendió al otro–. Tienes diez segundos para ponerle la venda —sentenció furioso. Lana comprendió que solo disponía de ese tiempo para quedarse con el máximo de detalles, después tendría que valerse de otros sentidos para descifrar lo que había a su alrededor.
Una vez que la puerta del maletero se abrió Lana parpadeó con rapidez, pues no podía desperdiciar ni un segundo de su vida. Oscuro, deshabitado y sombrío... Así era el lugar donde se encontraba. Le vendaron los ojos sin bajarla del vehículo, por lo que ni siquiera pudo ver la matrícula de la camioneta. Se hallaba en un descampado, un almacén no muy grande era lo único reseñable de aquel sitio. Una corazonada le hizo presentir que ya había visitado con anterioridad aquel abandonado paraje. Si bien hizo un intento por no desilusionarse, con tan poca información la ansiedad se fue acrecentando en su interior.
Uno de los tipos tiró del brazo de Lana con el objetivo de hacerla bajar. Por suerte, fue del brazo contrario y no del que escondía su teléfono. La chica se opuso a colaborar con aquellos indeseables, por lo que el más fuerte del grupo acabó cogiéndola por las piernas y echándosela sobre el hombro. Lana lo fue pateando y golpendo con sus muñecas maniatadas hasta que terminó el recorrido, su cuerpo pasó de estar en las alturas a caer sobre el frío pavimento. Al recolocarse notó que el teléfono había desaparecido de entre los pliegues de su chaqueta, tanteó como pudo todo su cuerpo. Sin embargo, el aparato ya no iba consigo...
—¿Buscas tu teléfono, Ele? —preguntó una voz que pronto identificó con la del mismo captor que había ordenado que le tapasen los ojos. Ese parecía ser el cabecilla de la banda.
—¿Qué quieres de mí? —le contestó Lana con otro interrogante—. Me conoces, ¿no es así? —agregó cayendo en la cuenta de que no había sido una víctima elegida al azar. El secuestrador la conocía, o al menos conocía a Ele.
—No has respondido a mi pregunta —recalcó con cierta dureza en su tono de voz—. “¿Qué está pasando?”, “Dinos cómo podemos ayudarte”, “Te salvaremos, Ele” —leyó el hombre los comentarios que los seguidores habían publicado en la retransmisión—. No, no, no... Estás preocupando a tus fans. Quítale la venda —le imploró a su subordinado—. Vamos, Ele, explícales que esto es solo un juego —concluyó señalando la pantalla iluminada, lo único que lograba distinguir en aquella oscura habitación.
—¿Qué juego? —repuso ella tratando de entender la situación.
—Uno que he creado para ti... ¿serás capaz de escapar de la “Escape Room de la Muerte”? —esbozó con tono siniestro, para después dirigirse al público que, por cierto, no paraba de crecer exponencialmente—. Ele ha aguado la sorpresa pero, ¿sabéis?... Así es más emocionante, vosotros también participaréis en el reto.
—¿Qué estás diciendo? ¡Estás loco! —gritó Lana enloqueciendo a la vez que las lágrimas recorrían sus mejillas.
—Sí, estoy loco gracias a ti... Llevo meses siguiendo tu vida, tus directos, todo el contenido que subes... Acompañándote en cada paso que dabas... Pero, ¿quién soy yo entre un millón de seguidores? —confesó con un matiz obsesivo en su voz. Lana temblaba aterrada—. Apuesto a que cuando salgas jamás te olvidarás de mí, si es que consigues superar el desafío.
—¡Suéltame! ¡Esto no tiene gracia! —insistió la joven intentando deshacerse de la cuerda que ataba sus manos.
—Tranquila... No te adelantes, todo a su debido tiempo. Te hemos dado una pequeña ventaja para empezar —agitó la cinta que antes cubría sus ojos—, y conforme vayas superando retos, quién sabe, incluso podrás salir viva de esta —masculló haciendo que Lana se retorciese de pánico—. ¡Vamos allá!... A ver, a ver... ¿qué dicen por aquí tus seguidores, Ele?
—Co-comencemos con el juego —aceptó resignada sin salir todavía de ese trance. Inspiró aire con fuerza, necesitaba estar serena y aprovechar la mínima ocasión para huir de allí. Por lo visto, desafiar el mayor reto de su vida y proclamarse como vencedora, parecía ser la única solución viable... por el momento. Sin más dilación, Lana miró la cámara y se dirigió a su comunidad—. Escuchadme muy bien, chicos, tenéis que ayudarme...
—Shh —la mandó callar el secuestrador—, solo podrás hablar cuando yo lo diga. “Livescapers”, atended bien porque solo explicaré las reglas del juego una vez. Siempre habéis estado al otro lado de la pantalla, viendo cómo Ele visitaba cada “escape room” y os contaba la experiencia. Pero esta vez será diferente: vosotros seréis los jugadores y de vosotros dependerá que Ele sea liberada.
Los mensajes de los seguidores de la intrépida joven aglomeraron la pantalla en cuestión de segundos. Algunos habían sucumbido al ficticio juego que el captor les había planteado, otros seguían comentando mensajes de apoyo y auxilio hacia su adorada influencer. Estos últimos fueron los que acabaron sacando de quicio al secuestrador que poco a poco iba revelando su verdadera cara, en sentido figurado. Ya se había definido como un fanático obsesionado y depravado que buscaba atentar contra Ele. Esa era la cara “b” de la fama, su fascinación por la joven aventurera lo había llevado al extremo. Y esa fijación era algo que Lana podía jugar a su favor...
—Veamos... Parece que la mayoría de tus seguidores no están entendiendo la mecánica del juego —bramó rebuscando entre las respuestas alguna que cumpliese los requisitos—... “Queremos ver que Ele está bien” —leyó uno de los comentarios—. ¿Por qué no? Os daré un voto de confianza para que colaboréis y veáis que vuestra querida Ele no corre peligro. Podréis verla, pero solo si acertáis esta adivinanza: Soy el brillo que muere en la oscuridad, la chispa que al verla trae mortalidad... ¿No diréis que el reto es difícil? —rió como si todo aquello tuviese una pizca de gracia.
Lana miraba los ojos de su captor, lo único que quedaba al descubierto de su rostro. La luz de la pantalla de su teléfono móvil volvía aquella mirada aún más inquietante. Esa sagacidad le resultaba familiar, pero ¿quién estaría detrás de su secuestro? Ojalá pudiera resolver esa incógnita, arrojar luz al asunto... ¡Sí, eso era! Lástima que la respuesta que había descifrado no contestaba a su pregunta.
—¡Vamos! ¡No podéis fallar en algo tan obvio! Si se acaba el juego, esto perderá la gracia —objetó el tipo con voz rasposa—... Bueno, aún no está todo perdido, parece que hay algún cerebrito entre tanto insensato—. La luz... ¿la verás al final del camino? —le lanzó la cuestión a una Lana que parecía perder la poca cordura que le quedaba.
Acto seguido, el secuestrador encendió la luz de la habitación y dirigió la cámara del teléfono hacia la joven influencer buscando cumplir con el propósito del reto. Sus seguidores vieron a una Ele con el cabello alborotado, atada de pies y manos, en mitad de una sala sombría. A Lana le costó unos segundos habituarse a la luminosidad del cuarto. Una vez que sus pupilas se adaptaron al cambio, desvió su mirada hacia el captor. No consiguió dilucidar algo más de lo que ya había visto en la penumbra. Si bien, la pared de la sala, a medio enlucir y dejando entrever sus bloques, sirvió para desempolvar algún que otro recuerdo olvidado en su memoria. Ella había estado ahí...
—Tápale la boca —le ordenó a uno de sus secuaces en voz baja—, no quiero que se vaya de la lengua y arruine el juego... Sigamos “livescapers”, ahora podréis ver a vuestra Ele con mayor claridad. Y antes de que os volváis locos enviando mensajes pidiendo que queréis oír su voz, la escucharemos... —el captor reprodujo la llamada de auxilio que Lana había hecho desde el maletero del vehículo antes de que le confiscaran el teléfono—. ¿Pensabas que no estaba siguiendo el directo?... En efecto, somos tres personas, yo, este patán —señaló al otro hombre— y el conductor de la camioneta... Pero, ¡qué gran error ha cometido Ele al no decir el color! Esa será la siguiente prueba: ¿Podréis encontrarla infiltrada en una de sus publicaciones?
Los fans prosiguieron con la investigación. Mientras tanto, Lana continuaba dándole vueltas al asunto... Si la camioneta aparecía en una de las imágenes o vídeos que había posteado en su perfil, eso significaba que el secuestrador no solo la había estado siguiendo a través de sus redes sociales, sino que lo había tenido más cerca de lo que pensaba. No había demasiadas camionetas rojas por su zona... Se esforzó por recordar en qué momento se había cruzado con un vehículo de esas características, pero su mente no logró dar con el momento exacto. Agradeció que uno de sus seguidores capturase la fotografía casi en un tiempo récord.
—¡Bien hecho! Hace justo un mes Ele publicó un “reel” hablando de los cinco tips imprescindibles para que organizar “la escape room perfecta”... ¿No crees que esta cumple con esos cinco ridículos requisitos? El desafío ideal... ¿no es así, Lana? —atacó el hombre mencionando el verdadero nombre de la chica.
A la influencer se le desencajó la cara, aquello confirmaba que llevaba tiempo tras sus pasos. El recuerdo de ese día llegó a su mente como si al relatar tal acto se activase la función de reminiscencia. La grabación tuvo lugar en la misma alameda donde la capturaron... Su secuestrador había escogido ese lugar por lo poco transitado que era, y de sobra conocía que Lana acostumbraba a repetir el mismo recorrido de camino a casa todos los días. De repente, un símbolo se dibujó con nitidez en su memoria...
—Ya veo, amordazada no puedes hablar... Retírasela —le exigió a su ayudante—. ¿Te estás divirtiendo, Lana?
—Quiero... Quiero proponer yo el siguiente desafío —susurró casi en tono suplicante.
—Bueno, aquí el que decide las reglas soy yo... Pero por supuesto que estoy abierto a propuestas –la invitó a que expusiera su idea.
—La camioneta, recuerdo... recuerdo que tenía una insignia, un símbolo —masculló Lana temerosa.
—El emblema de una empresa, tal vez —sugirió el secuestrador, a lo que la joven asintió—. Y supongo que querrás que tus seguidores prueben su agudeza visual encontrando ese elemento... Lamento decirte que no se aprecia en el “reel” y que de ser así, no sería tan idiota de dejar que la viesen y llegasen hasta ti.
Lana se armó de valor y lo enfrentó. —¿Y no crees que podrían rastrear la ubicación a través del teléfono?
—¡Muy inteligente de tu parte! Sin embargo, no solo soy experto en espionaje, también se me da bien “hackear” teléfonos. Así que siento decirte que esa opción está desactivada en tu móvil —sentenció cayendo en su propia trampa. Lo que menos le importaba ahora era que fuese imposible rastrear su localización, pues el captor se había delatado al reconocer que Lana se encontraba retenida en la dirección de la empresa a la que pertenecía el emblema. Confiaba en sus seguidores, sabía que estarían pendientes de todos los detalles... La camioneta roja con el emblema que ni ella misma recordaba. En sí el símbolo era lo de menos, tenía que rememorar el membrete que lo acompañaba y la información podía ser la cable para activar su memoria.
—¿Qué ganas con esto? No solo conoces a Ele, también has estado persiguiéndome... ¿Por qué? —lo presionó en un contraataque cargado de tensión. Aquel rapto olía a venganza.
—¿Acaso no puedo ser un fan que sueña con conocer en primera persona a mi influencer favorita? —se jactó el hombre haciendo un ademán para exagerar su planteamiento.
—Eso es lo que quieres hacernos creer —resopló Lana indignada—. Pero me has secuestrado en mitad de la calle, me has traído hasta este almacén olvidado y encima pretendes hacer un “show” involucrando a mis seguidores para que me liberen. ¿Cuándo piensas terminar este juego? ¿nunca, verdad? —le echó en cara detallando cómo había transcurrido la farsa—. ¿Para qué sirve esto? ¿para hacerte viral retransmitiendo lo que tú llamas “juego”? Me niego a seguir tus reglas. Finaliza el directo.
—¿Ya? ¿tan pronto? Si esto apenas ha comenzado... Pero tengo que darte la razón en algo de lo que has dicho, no soy un fanático obsesionado contigo. Ele, Lana o como quieras llamarte, tengo razones de peso para mantenerte aquí retenida. ¡Tú hundiste mi vida, y ahora yo hundiré la tuya! —exclamó amenazándola mientras la señalaba con su dedo acusador—. Te propongo el último reto de la noche, antes de apagar la cámara... ¿Seguís ahí “livescapers”? —se dirigió ahora al público virtual—. Terminamos con un trivial sobre vuestra idolatrada Ele: ¿Cuál fue la primera “escape room” a la que asistió?
Los mensajes con la respuesta fueron casi instantáneos. Su comunidad ansiaba acabar con aquel sinsentido, y sabía que de ellos dependería confirmar su ubicación y alertar a las autoridades competentes. Sin embargo, lo que necesitaban era tiempo. De modo que entre todos trazaron una jugada maestra, ya solo faltaba que el inexperto secuestrador picara el anzuelo.
—“La habitación del pánico” —leyó desconcertado—. Lo siento, pero la respuesta es incorrecta... Para que no digáis que soy mal anfitrión, os permitiré utilizar un comodín. Tres palabras: desastrosa, penosa e insultante... ¿Recordáis ese vídeo?
Aquellos tres vocablos cobraron sentido en la memoria de Lana. Hablaba de su primera publicación que la catapultó al estrellato. En aquel vídeo criticaba la pésima organización de la “Horror Escape Room”. De ahí a que le sonase el lugar, las paredes con bloques expuestos... Ese era el membrete que acompañaba el emblema que su mente trataba de descifrar, el mismo que su subconsciente le hacía recordar que lo había visto estampado en la puerta de la camioneta. Era imposible que su club de fans hubiese olvidado ese momento, y mucho menos que lo confundiese con la última “escape room” a la que había ido... Pero entonces, ¿qué estaban tramando sus seguidores?
—No puedo creer que no os suene de nada —refunfuñó el encapuchado al no salirse con la suya. Su paciencia estaba llegando al límite. Así que decidió preguntarle a la influencer—. Lena, ¿podrías tú explicarles a estos ineptos dónde recuerdas haber dicho esas palabras?
—No lo sé —masculló sin más. Su negativa provocó que la ira acumulada del secuestrador saliera a la superficie.
—¿No lo sabes? ¿Te estás quedando conmigo? ¿De verdad que no te acuerdas de cómo hundiste mi negocio? Me dejaste en números rojos, el banco me despropió todos mis bienes y ahora estoy de deudas hasta el cuello... Y todo por una niñata que no tuvo una idea mejor que grabarse despotricando de la “Horror Escape Room” para ganarse un puñado de “likes” y hacerse viral —escupió toda la furia como si se tratase de un volcán entrando en erupción.
—¿Y qué quieres de mí? ¿que te pida perdón públicamente?... Lo siento, pero esto que acabas de hacer es demasiado... Tal vez yo sea la culpable de tus desgracias, pero eso no evita que hayas cometido un delito. ¡Y ojalá lo pagues muy caro! —expresó Lana enorgulleciéndose de su comunidad, que no de sus actos.
—Sí, mi vida es tan desgraciada como lo será la tuya —sentenció arrojando el teléfono contra la pared, haciendo que múltiples y diminutos fragmentos de cristales procedentes de su pantalla inundaran la sala—. Cógela, patán, la echaremos a la camioneta y escaparemos antes de que esos inútiles le den parte a la policía.
—¡No! ¡Suéltame! ¡Suéltame! —chilló Lana a la desesperada...
Sus seguidores ya habían escuchado el lugar donde la tenían retenida, pero por mucha rapidez que se dieran en avisar a las autoridades sería casi imposible que llegasen a tiempo antes de poner rumbo a otra dirección. Las lágrimas emanaban de sus ojos deslizándose por la ardiente mejilla en la que acababa de recibir una bofetada. Quería seguir luchando por su vida, escapar de aquella aterradora pesadilla. No obstante, su destino parecía estar sentenciado.
—¿Sabes cuál era mi única salida?... Dejar de vivir... Y eso será lo que tú hagas —le susurró a la joven antes de atravesar el umbral del almacén.