Ayúdame (volumen 1)

Secreto oculto

POV: NOA

Yo quería apurar a Rushi porque, si no, llegaríamos tarde a clases. Entre risas y empujones suaves entramos justo antes de que cerraran la puerta. El resto del día pasó relativamente normal… demasiado normal, tal vez. Cuando sonó la última campana, recogí mis cosas y me despedí de ella en la entrada.

—Te veo mañana —Le dije con esa sonrisa que siempre la hace sonreír.

Yo me fui primero, pero a mitad de camino me di cuenta de que se me había quedado un cuaderno en el aula, así que regresé casi corriendo. Tomé mi cuaderno del pupitre y, cuando salí al pasillo, escuché voces cerca de las escaleras traseras. Reconocí una de inmediato: Shon.

Me detuve en seco. No estaba solo. Con él había un chico que nunca había visto; era más alto que Shon, de cabello oscuro perfectamente peinado y una sonrisa confiada. No llevaba uniforme. Parecía extrañamente cómodo. Me escondí detrás de la esquina del pasillo, intentando no hacer ruido.

—Entonces es ella —dijo Shon en voz baja.

—¿La amiga nueva? —respondió el otro chico con una risa ligera—. Dijiste que era bonita.

Sentí un nudo en el estómago.

—Lo es. Y está siempre pegada a Noa —añadió Shon con fastidio—. Quiero que te acerques a ella, Kass. La otra vez los escuché hablar con el hermano de Noa y parece que se gustan. Tienes que romper ese lazo ahora mismo. Haz lo que mejor sabes hacer.

El tal Kass soltó una risa presumida

—Romper corazones, ¿no? —respondió con orgullo—. Tranquilo. Me mudaré aquí “casualmente” y nadie sospechará. Le hablaré, la enamoraré… y cuando se aleje de Noa, tú haces el resto.

—No la lastimes demasiado —añadió Shon—. Solo quiero que Noa deje de sonreír.

—Confía en mí —dijo el chico—. Siempre caen.

Escuché pasos acercándose y me pegué más contra la pared, conteniendo la respiración. Pasaron frente a mí sin notar que estaba ahí. Cuando sus voces se perdieron, salí de mi escondite con el corazón golpeándome el pecho.

Sentí que la sangre me hervía. No era una broma. Shon planeaba usar a ese chico, para jugar con los sentimientos de Rushi. No iba a permitirlo. Si alguien intentaba lastimar su corazón, primero tendría que pasar por mí.

Al día siguiente, cuando la vi, intenté actuar normal, pero estaba en alerta constante. No me aparté de ella ni un segundo. La acompañé a la biblioteca, al salón, a todas partes. La amo, y aunque me cueste admitirlo, ella es mi mundo. Quiero protegerla y verla feliz siempre.

Al final de la jornada escolar, intenté ser casual.

—¿Te acompaño a casa, Rushi?

Ella bajó la mirada.

—No hace falta, Noa.

—¿Por qué no? —pregunté, frunciendo el ceño sin poder evitarlo—. ¿Qué tiene de malo que te acompañe?

Por dentro solo podía pensar en ese chico y en Shon. En la posibilidad de que nos estuvieran observando.

—No puedo llegar tarde a casa —dijo suavemente.

No quería presionarla… aunque algo en su voz me sonó extraño. Como si hubiera algo más que no estaba diciendo.

Antes de que pudiera insistir, ella se acercó de repente y me dio un beso en la mejilla. Me quedé completamente paralizado, sintiendo cómo el calor me subía al rostro. El tiempo se detuvo por un segundo. Para cuando reaccioné, ella ya estaba corriendo calle abajo.

—¡Rushi! —alcancé a decir, pero no se detuvo. La vi alejarse… Algo no estaba bien.

POV: LUCIA

Corrí lo más rápido que pude. Las lágrimas empezaron a caer antes de que pudiera detenerlas. No quería alejarme de Noa, pero no podía permitir que descubriera la verdad. No quiero que sepa que mi madre me golpea. No quiero que vea mi realidad y termine lastimado por mi culpa. El beso fue un impulso. Una despedida dulce para cubrir una mentira amarga.

Lloré mientras corría, intentando secarme las lágrimas antes de llegar a casa. Porque si hay algo que he aprendido… es a fingir que todo está bien.

Abrí la puerta de mi casa y un silencio pesado me recibió. Apenas di dos pasos cuando la sentí frente a mí. La bofetada llegó sin aviso; un estallido seco que me giró el rostro y me dejó un pitido agudo en el oído.

Por un segundo no entendí nada. Solo sentí el calor quemándome la mejilla.

—¿Por qué llegas a esta hora? —preguntó mi madre con esa voz fría que corta más que el golpe.

—Lo siento, mamá… —susurré, con la mirada clavada en el suelo.

—No me digas que lo sientes —respondió con desprecio—. Ve a la cocina y ponte hielo. Que en el colegio no noten lo que te hice.

Lo que más me dolió no fue el golpe, sino su frialdad. No le importaba mi dolor. Le importaba que nadie sospechara. Que su imagen siguiera intacta.

—Sí, madre —respondí.

Caminé hacia la cocina con pasos mecánicos. Abrí el congelador. El aire helado me golpeó el rostro. Tomé un cubo de hielo y lo envolví en un paño. Cuando lo apoyé en mi mejilla, el frío me mordió la piel.

Hace una hora, mis labios rozaban la piel de Noa y sentía una calidez que nunca había conocido; ahora, el frío del hielo me muerde la mejilla, tratando de borrar la marca de mi madre. Vivo dos vidas: Una de luz con Noa y otra de oscuridad en esta casa.



#16074 en Novela romántica
#4293 en Thriller
#1637 en Suspenso

En el texto hay: encontrar suspenso y amor

Editado: 23.02.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.