POV: NOA
Llegué temprano al colegio solo para esperarla. Cuando la vi cruzar la entrada, sentí que el día por fin comenzaba de verdad. Rushi corrió hacia mí sin pensarlo y me abrazó con una fuerza inusual, escondiendo su rostro en mi pecho. Me encantaba tenerla así, pero en cuanto se separó un poco, algo me golpeó más fuerte que cualquier abrazo.
Fruncí el ceño. Mis ojos se fijaron en su mejilla; la marca era evidente, una mancha que no encajaba con su luz.
—Rushi… ¿qué te pasó en la cara? —pregunté, bajando la voz.
Noté cómo su corazón daba un vuelco.
—Ah… —soltó una risa nerviosa que no le llegó a los ojos—. Me golpeé con un poste de camino aquí, ¿por?
No me reí. Ni siquiera pude forzar una sonrisa. Me quedé mirándola fijamente, intentando leer la verdad detrás de esa mentira tan mal ensayada. Sabía perfectamente que un poste no dejaba una marca así.
—No, por nada… —dije finalmente, aunque por dentro me hervía la sangre—. Pero para la próxima ten más cuidado, chica.
—Ok, jajaja —respondió ella, intentando sonar natural.
Caminamos hacia el salón y le seguí el juego, pero mi mente no dejaba de dar vueltas. Estoy 90% seguro de que alguien la golpeó. Alguien está apagando su sonrisa y no voy a quedarme de brazos cruzados. Durante la clase, no pude concentrarme. Me incliné hacia ella, ignorando al profesor.
—Rushi —susurré—. Yo sé cuándo alguien miente, y más si eres tú. Dime la verdad… ¿cómo te hiciste ese golpe? No fue un poste. Ya no lo soporto más, me preocupas. Eres lo que más me importa en este mundo.
Ella tragó saliva y evitó mi mirada.
—No te preocupes… estoy bien —mintió otra vez.
Esa respuesta dolió más que el silencio. El resto del día fue una tortura. Veía cómo le ardía la mejilla al gesticular, cómo intentaba ocultarse tras su cabello. Cuando sonó el timbre de salida, ella intentó huir, pero fui más rápido. Le sujeté la muñeca con firmeza, pero con suavidad, antes de que cruzara la reja.
—Rushi… ven conmigo.
La llevé a un rincón apartado del patio. Le tomé el mentón con delicadeza, obligándola a mirarme. Mis ojos debían reflejar una tormenta de ira hacia quien le hizo eso, y de tristeza por verla sufrir.
—Deja de mentirme en la cara, Rushi. Alguien te puso la mano encima. ¿Tengo razón?
POV LUCIA
Sentí que algo dentro de mí se terminaba de romper. Sus ojos estaban rotos, llenos de una bondad que yo sentía que no merecía por ocultarle tanto. Ya no tenía fuerzas para sostener la máscara. Estaba cansada de mentir. Cansada de fingir. Cansada de sostener dos vidas al mismo tiempo.
Busqué instintivamente el collar de mi abuela y lo apreté con mis dedos temblorosos, buscando en el metal frío el valor que me faltaba. Una lágrima caliente rodó justo por encima de la mejilla herida, y el ardor fue el detonante final. Asentí. Un movimiento pequeño, pero que lo cambió todo entre nosotros.
—Dime quién fue —su voz tembló apenas.
Bajé la mirada, incapaz de sostener el peso de sus ojos llenos de bondad. Mis dedos jugaron con la correa de mi mochila. El silencio alrededor se hizo absoluto.
Podía escuchar mi propia respiración quebrada.
Temblé.
—Es… —mi voz salió como un hilo roto—. Es mi madre.
Las palabras cayeron entre nosotros como una explosión. Sentí que el mundo se detenía. Ya no pude contenerme. Las lágrimas empezaron a caer sin control, una tras otra, liberando meses de dolor acumulado. Le conté todo. Entre sollozos. Entre pausas. Entre respiraciones que dolían.
Le hablé de las bofetadas. De los empujones. De las palabras que lastiman más que los golpes. De cómo siempre me manda a ponerme hielo para que nadie sospechara. De cómo vivía cada minuto para no llegar tarde .
—No quería que lo supieras… —dije, llorando sobre su pecho—. No quería arruinar lo que tenemos. Yo… yo te amo, Noa… y no quería que te pasara nada malo por mi culpa.
Mi mejilla dolía, pero al sentir sus brazos rodeándome con esa fuerza protectora, el vacío en mi pecho empezó a llenarse. Por primera vez, la oscuridad de mi casa no parecía tan invencible. Ya no estaba sola.