Me cuesta mucho esfuerzo cada día, pero estoy tratando de resolver todos los problemas que me agobian. Soy Lucía, aunque prefiero que me digan Rushi. Mi vida no ha sido fácil, especialmente desde que mis padres se divorciaron. Mi madre no me apoya; al contrario, me recuerda constantemente que soy un “error" y que nunca debí nacer.
Me duele, me duele mucho. A veces siento que no puedo más, que no puedo seguir adelante. Sufro ataques de ansiedad y lloro sin parar; incluso he llegado a pensar en el suicidio para acabar con todo este dolor. Pero algo me detiene. Algo me empuja a resistir.
Cuando me siento así, busco refugio en la biblioteca y elijo un libro. Siempre el mismo libro. No es un libro cualquiera, es el que me hace sentir que puedo ser fuerte. La protagonista es una mujer que no se rinde, que no se deja vencer por las adversidades. Quiero ser como ella. Mi madre me repite que soy la peor, que no valgo nada, pero yo sé que no es verdad. Sé que soy fuerte, que puedo superar esto.
Lo hago por mí y por mi querida abuela, quien fue la única que siempre me apoyó. Quiero ser libre; quiero que mi madre deje de golpearme y de lastimarme. Voy a seguir adelante, voy a ser como la protagonista de mi libro: fuerte y valiente. No voy a dejar que mi madre me destruya. Voy a ser libre.
Ese libro es la razón por la que visito tanto la biblioteca. Trata sobre una chica que nunca se rinde y que, cada vez que está en problemas, repite una frase que se quedó grabada en mi alma:
“Las cicatrices son la prueba de que he sobrevivido, y cada una me hace fuerte. Tú también puedes ser fuerte, no es la situación, sino cómo decides enfrentarla.”
Esa frase siempre me inspira a seguir a pesar de todo lo que he vivido: el abuso de mi madre y el abandono de mi padre. Nada de eso me convierte en alguien frágil; al contrario, me hace invencible, como una muralla de acero.