Backrooms 2

CAPITULO 1

—Han pasado cuatro años desde aquella vez… —dijo Doki frente a la cámara mientras acomodaba el micrófono—. Y aunque muchos crean que fue una historia inventada, los Backrooms son reales.

La habitación donde grababa seguía igual de desordenada:
luces LED azules, cámaras, figuras de terror y una repisa llena de libretas. Arriaga estaba sentado a un lado, más serio que antes.

—La gente sigue creyendo que fue marketing para el libro —dijo Arriaga cruzado de brazos.

Doki soltó una pequeña risa.

—Ojalá. Créanme… jamás desearía volver ahí.

En pantalla aparecieron imágenes del libro:
“BACKROOMS — MEMORIAS DE SUPERVIVENCIA”

Debajo:
$250 PESOS

—Ahí vienen todas las reglas que descubrimos, niveles, entidades y cosas que jamás contamos completas en videos —continuó Doki—. Y no, no intenten entrar. No es un juego.

Por un momento el ambiente se volvió incómodo.

Arriaga bajó la mirada.

—Hay gente que no salió.

El video terminó con la clásica despedida del canal.

—Nos vemos en el próximo podcast de Okidoki.

La pantalla cambió a negro.

El brillo del monitor iluminaba una habitación llena de cajas cafés apiladas.

Ropa, juguetes y libros seguían sin desempacar.

Sentado frente a la computadora estaba Cam, un niño de 8 años con cabello estilo hongo, sudadera impermeable azul oscuro y unos tenis azules llenos de tierra seca.

Miraba el video fascinado.

—Te dije… sí son reales… —murmuró emocionado.

Entonces un ruido se escuchó abajo.

—¡Caaaaam! ¡A cenarrrr! —gritó su mamá.

Cam brincó del asiento.

—¡Ya voy mamá!

Salió corriendo de la habitación mientras el pasillo de la nueva casa crujía bajo sus pies.

La casa era remodelada, enorme y silenciosa.

Todavía olía a pintura reciente.

Al bajar las escaleras encontró a su mamá Dory sirviendo comida, mientras Mar ya estaba sentada mirando el celular.

Mar tenía el cabello café suelto y ropa cómoda y una expresión cansada, aunque tranquila.

—¿Qué hacías arriba? —preguntó Dory.

—Viendo el nuevo video de Okidoki —respondió Cam sentándose rápido.

Mar levantó la mirada.

—¿Y ahora de qué habló?

—De cuando quedó atrapado en los Backrooms. Ya pasaron cuatro años.

Dory negó con una sonrisa.

—Siguen con esas historias…

Cam empezó a comer emocionado.

—Yo si estuviera atrapado saldría fácil.

Mar soltó una pequeña risa.

—¿Ah sí?

—Sí. En los videojuegos siempre encuentro la salida. Además, ya me sé las reglas.

Mar lo miró divertida.

—Claro, experto.

Cam señaló serio hacia arriba.

—No, en serio. Si algún día entramos, yo sí sabría qué hacer.

La mañana siguiente fue mucho más tranquila.

A las ocho, Dory ya estaba lista para irse a trabajar. Vestida rápido y tomando café mientras buscaba sus llaves entre cajas todavía cerradas.

—Voy a llegar como a las seis, ¿sí? —dijo antes de salir—. Mar, te encargo a Cam.

—Sí mamá —respondió ella desde la cocina.

Dory dejó algo de dinero sobre la mesa.

—Pidan comida o algo. Ya quedó instalado el internet y todo, así que no destruyan la casa.

Cam levantó la mano emocionado.

—¿Podemos pedir sushi?

—Si ayudan a desempacar primero.

La puerta principal se cerró y la enorme casa volvió a quedarse silenciosa.

Después de desayunar comenzaron a desempacar desde temprano.

Las horas pasaron lentas entre:

  • cajas,
  • ropa,
  • libros,
  • cables,
  • platos envueltos,
  • y muebles que todavía no sabían dónde poner.

Cam se distraía cada cinco minutos encontrando:

  • juguetes viejos,
  • revistas,
  • o cosas raras de la casa.

Mientras tanto Mar intentaba organizar todo el segundo piso.

El tiempo se fue tan rápido que cuando terminaron ya eran casi las cuatro de la tarde.

Cam cayó sentado en el suelo agotado.

—Ya no quiero ver otra caja en mi vida…

Mar soltó una pequeña risa cansada.

—Todavía faltan como….. Dios mio no avanzamos nada. Solo abrimos 5 cajas.

El timbre sonó.

El sushi había llegado.

Después de comer, el cansancio empezó a pegarles.

La lluvia suave golpeaba las ventanas y la casa seguía sintiéndose demasiado grande para ellos solos.

Cam miró a Mar desde el sillón.

—¿Podemos jugar?

—Cam… estoy muerta.

—Ándaleeee.

—No.

—Por favor.

Mar suspiró derrotada.

—¿A qué quieres jugar?

Los ojos de Cam brillaron inmediatamente.

—A los Backrooms.

Mar se dejó caer hacia atrás en el sillón.

—Sabía que dirías eso.

Cam salió corriendo emocionado escaleras arriba.

—¡Voy por las mochilas!

Mar negó con una sonrisa cansada.

Pensó que jugar un rato terminaría agotándolo.

No imaginaba que horas después…
desearía jamás haber aceptado.

—¡Pero te tienes que vestir como en las películas de apocalipsis! —gritó Cam mientras subía las escaleras corriendo.

Mar soltó una risa cansada.

—¿Eso es obligatorio?

—Sí. Si no, no cuenta.

Minutos después salió de su habitación usando:

  • una chamarra negra oversize,
  • pantalones cargo oscuros,
  • botas viejas,
  • y una mochila pequeña.

Cam abrió los ojos impresionado.

—¡Pareces protagonista de videojuego!

—Gracias, supongo.

Cam traía su impermeable azul, shorts cafés y una mochila llena de cosas inútiles:

  • linterna,
  • dulces,
  • walkie-talkie,
  • hojas impresas del libro de Doki,
  • y hasta una pistola de agua.

Entonces comenzó el juego.

Recorrieron la casa fingiendo explorar niveles.

Cam iba adelante iluminando con una linterna aunque todavía era de día.

—Nivel seguro… nivel seguro… —murmuraba mientras abría puertas.




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