Backrooms 2

CAPITULO 3

Silencio.

Un silencio tranquilo.

Mar levantó lentamente la mirada.

Estaban dentro de una pequeña casa sencilla completamente iluminada. El lugar parecía salido de principios de los 2000.

Muebles acomodados perfectamente.
Paredes color crema.
Televisión vieja.
Una cocina limpia.
Cuadros genéricos colgados.
Y una luz cálida entrando por las ventanas.

Pero no había nadie.

Cam observó alrededor lentamente.

—…Qué bonito…

Mar tragó saliva.

—Sí… pero extraño…

La casa se sentía demasiado perfecta.

Demasiado tranquila.

Cam caminó hacia una ventana y abrió un poco la cortina.

Entonces abrió muchísimo los ojos.

—Mar…

Ella se acercó.

Afuera no había ciudad.

No había personas.

Solo calles perfectamente limpias, árboles pequeños y casas idénticas extendiéndose infinitamente bajo un cielo naranja pastel.

Todo era colorido.

Nostálgico.

Como un sueño viejo.

Mar sintió una sensación extraña en el pecho.

Calma.

Mucha calma.

Como si quisiera quedarse ahí.

Cam sacó rápidamente las hojas y comenzó a leer.

—Dreamcore… —murmuró.

Buscó nervioso entre las páginas.

—Dice que hay diferentes tipos de dreamcore… algunos peligrosos… otros no…

Mar seguía viendo por la ventana.

Las banquetas rosadas.
Las luces cálidas.
Los columpios moviéndose lentamente solos.

El lugar parecía seguro.

Cam siguió leyendo.

—Por las características… este es uno seguro.

Mar finalmente respiró un poco más tranquila.

—Entonces podemos descansar aquí…

Cam asintió.

—Pero hay una regla.

Mar volteó.

—¿Cuál?

El niño leyó lentamente.

—“El nivel genera una falsa sensación de conformidad y comodidad. Muchos viajeros dejan de buscar salida y permanecen aquí indefinidamente.”…

Los dos guardaron silencio.

La casa realmente se sentía cómoda.

Segura.

Como hogar.

Y después de todo lo que habían vivido…

la idea de quedarse quietos comenzaba a sonar demasiado tentadora.

Los dos permanecieron varios segundos observando la calle vacía desde la ventana.

Nada se movía afuera.

Ni viento.

Ni personas.

Solo aquella tranquilidad artificial que hacía sentir que todo estaba bien.

Mar finalmente soltó aire.

—Creo que… está bien descansar un poco.

Cam asintió inmediatamente.

—Sí… solo una noche… o un día… no sé cómo funciona aquí.

Por primera vez desde que habían entrado a los Backrooms, el cuerpo comenzó a pesarles realmente. El miedo, correr y la tensión empezaban a cobrarles factura.

Cam revisó la cocina.

El refrigerador funcionaba.

Había comida.

Refrescos.
Fruta.
Pan.
Comida preparada.

Como si alguien hubiera vivido ahí apenas unas horas antes.

—Mar… sí hay cosas…

Ella revisó el fregadero.

También había agua.

La luz funcionaba perfectamente.

Todo parecía… normal.

Y eso daba más miedo.

Aun así decidieron aprovecharlo.

Mar ayudó a Cam a cerrar todas las puertas y ventanas de la casa. Luego tomaron sábanas oscuras y cubrieron parte de las ventanas por precaución.

—¿Por qué hacemos esto si aquí no hay nada? —preguntó Cam.

Mar acomodó una sábana sobre la ventana principal.

—Porque no sabemos si alguien puede vernos desde afuera.

Eso hizo que Cam guardara silencio inmediatamente.

Después improvisaron una pequeña zona para dormir en la sala usando cobijas que encontraron.

La televisión vieja permanecía apagada frente a ellos mientras la luz cálida de la casa seguía iluminando todo.

Cam comenzó a quedarse dormido rápido por el cansancio.

—Mar…

—¿Sí?

—¿Crees que mamá esté preocupada?

Mar sintió un nudo en el pecho.

No sabía cuánto tiempo había pasado realmente.

—Vamos a volver antes de que pase mucho… ¿sí?

Cam asintió lentamente.

Minutos después ya estaba dormido.

Mar permaneció despierta un rato observando la casa silenciosa.

Y aunque intentaba mantenerse alerta…

aquel lugar hacía sentir imposible preocuparse demasiado.

Como si el propio nivel susurrara lentamente:

Quédate aquí.

Todo está bien aquí.

Finalmente el cansancio terminó venciendo a ambos.

Mar seguía sentada junto a la pared observando la oscuridad detrás de las sábanas que cubrían las ventanas. Intentaba mantenerse despierta, pensando en su mamá, en la casa, en cómo todo aquello había comenzado jugando.

Pero poco a poco sus ojos comenzaron a cerrarse.

El silencio del Dreamcore era demasiado tranquilo.

Demasiado cálido.

Como si el lugar quisiera abrazarlos lentamente.

Cam dormía profundamente envuelto en una cobija, todavía sujetando las hojas impresas de Doki entre sus brazos.

Las luces cálidas de la casa seguían encendidas.

La cocina.
La sala.
El pasillo.

Todo permanecía inmóvil.

Y finalmente Mar también se quedó dormida.

Afuera, las calles coloridas y vacías continuaban extendiéndose infinitamente bajo el cielo naranja eterno del Dreamcore.

Mientras dormía, Mar comenzó a soñar.

Pero no eran sueños normales.

Veía pasillos amarillos interminables iluminados por luces fluorescentes. Escuchaba nuevamente el zumbido del Nivel 0 y sentía el miedo de correr mientras algo sin rostro los perseguía.

Luego el sueño cambiaba.

Campos infinitos bajo un cielo gris.

Las figuras blancas observándola entre los cultivos.

Después tuberías.

Vapor caliente.

Golpes metálicos resonando cada vez más cerca.

Y finalmente aquella mano humana golpeando desesperadamente desde dentro del metal.

En cada sueño Mar recordaba perfectamente lo ocurrido.

Como si los niveles no fueran recuerdos…




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.