Backrooms 3

INTRODUCCION

Diez años.

Diez años habían pasado desde que Doki Barclay y Alejandro De Silva escaparon de los Backrooms.

Diez años desde aquellas paredes amarillas.

Diez años desde que juraron dejar atrás aquella pesadilla.

Sin embargo, algunas noches seguían regresando.

Doki abrió los ojos de golpe dentro del helicóptero.

Por un instante volvió a escuchar aquel zumbido.

Las luces fluorescentes.

Los pasillos interminables.

Las carreras.

Las criaturas.

Respiró profundo.

Ya no era el adolescente que grababa videos.

Ahora era el Capitán Segundo Doki Barclay.

Frente a él, Alejandro De Silva revisaba el plan de operación.

Los demás soldados preparaban sus armas mientras el helicóptero avanzaba sobre el desierto.

Ethan Walker.

Marcus Reed.

Esteban Navarro.

Diego Valverde.

Connor Hayes.

Samuel Ortega.

Ocho soldados.

Una misión.

Y ningún motivo para pensar que ese día cambiaría sus vidas.

La luz verde se encendió.

—¡Vamos! —ordenó De Silva.

Los ocho descendieron por las cuerdas detrás de una montaña a varios kilómetros del objetivo.

El calor golpeó inmediatamente sus rostros.

La casa donde se escondía Víctor Barragán podía verse a la distancia.

Doki acomodó su fusil.

Era una misión más.

O eso creía.

Porque esa misma tarde...

volvería a entrar a los Backrooms.

El escuadrón avanzó agachado entre las rocas mientras el sol golpeaba el desierto. A la distancia, la casa de adobe donde se ocultaba Víctor Barragán parecía tranquila, pero todos sabían que estaba llena de hombres armados.

Alejandro De Silva levantó el puño.

Los ocho soldados se detuvieron.

Luego señaló la casa.

—Posiciones.

Los militares se separaron rodeando el perímetro.

Doki Barclay revisó su fusil una última vez.

—Listos.

De Silva asintió.

—Entramos.

La puerta principal fue derribada.

Los disparos resonaron inmediatamente.

Los hombres de Barragán apenas tuvieron tiempo de reaccionar.

Walker eliminó a uno en el pasillo.

Navarro y Hayes despejaron la cocina.

Valverde cubría las ventanas.

Samuel avanzaba detrás de Barclay.

La operación estaba saliendo perfecta.

Habitación tras habitación fueron neutralizando objetivos hasta que finalmente localizaron a Víctor Barragán.

Lo redujeron rápidamente.

De Silva lo sujetó contra una pared.

—Se acabó.

Barragán sonrió.

Como si supiera algo que ellos no.

Entonces se escucharon pasos en el segundo piso.

Todos levantaron las armas.

Tac.

Tac.

Tac.

Pasos lentos.

Pesados.

Arriba.

—¿Quién más está aquí? —preguntó De Silva.

Barragán soltó una risa.

—No tienen idea de dónde están...

Aprovechando la distracción intentó soltarse y correr hacia las escaleras.

No llegó lejos.

Dos disparos.

Barragán cayó muerto sobre los escalones.

Silencio.

Los soldados intercambiaron miradas.

—Subimos —ordenó De Silva.

El equipo comenzó a ascender.

Las escaleras eran normales.

Vieja madera.

Paredes de adobe.

Todo parecía parte de la arquitectura de la casa.

Nada extraño.

Nada fuera de lugar.

Walker fue el primero en llegar arriba.

Luego Marcus.

Navarro.

Samuel.

Connor.

Valverde.

Finalmente De Silva y Barclay.

El segundo piso parecía vacío.

Solo un pasillo.

Y una habitación abierta al fondo.

Los soldados avanzaron.

Entraron.

Y todo cambió.

Sin darse cuenta.

Sin una explosión.

Sin una transición.

Simplemente ocurrió.

Las paredes desaparecieron.

El adobe desapareció.

La casa desapareció.

Y cuando levantaron la vista...

estaban rodeados por paredes amarillas.

Luces fluorescentes.

Alfombra húmeda.

Pasillos infinitos.

Walker frunció el ceño.

—¿Qué demonios?

Marcus intentó usar la radio.

Solo obtuvo estática.

Samuel giró confundido.

—¿Dónde está la casa?

Nadie respondió.

Porque todos seguían intentando comprender lo que estaban viendo.

Mientras tanto, De Silva y Barclay habían permanecido unos segundos atrás observando el cadáver de Barragán junto a la escalera.

Solicitaban extracción por radio mientras analizaban cómo sacarían el cuerpo.

—Central, objetivo neutralizado, solicitamos extracción...

Solo ruido.

Estática.

Nada más.

Entonces escucharon una voz.

—¡Capitán!

Era Samuel.

Sonaba alterado.

De Silva y Barclay caminaron hacia la habitación donde habían entrado los demás.

Y se quedaron inmóviles.

No había habitación.

No había casa.

Solo paredes amarillas interminables.

El rostro de De Silva perdió el color.

Barclay ni siquiera parpadeó.

Reconocía aquel lugar.

Lo había visto en pesadillas durante diez años.

Walker observó a ambos.

—¿Qué está pasando?

Silencio.

Nadie respondió.

Hasta que Barclay habló.

Su voz sonó mucho más seria de lo normal.

—Escúchenme bien.

Los siete soldados lo miraron.

—Acabamos de entrar a un lugar del que no deberían existir registros.

Las luces zumbaban sobre sus cabezas.

El miedo comenzaba a aparecer en los rostros del escuadrón.

Y por primera vez en una década...

Doki Barclay había regresado a los Backrooms.




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