—Tres… dos… uno… acción.
Lucas comenzó a caminar lentamente por el pasillo amarillo. El eco de sus pasos rebotaba por todas partes mientras fingía nerviosismo para la escena.
—“No debimos venir aquí…” —dijo actuando, mirando alrededor—. “Siento que alguien nos está viendo…”
Doki sonrió detrás de la cámara.
La toma estaba quedando increíblemente real.
Demasiado real.
Las luces fluorescentes parpadearon apenas.
Bzzzzzz.
Lucas se detuvo un segundo.
—¿Seguimos? —preguntó en voz baja.
—Sí, síguete —respondió Doki.
Entonces, detrás de ellos, la grabadora volvió a encenderse sola.
CLACK.
La pequeña pantalla brilló con una luz verde.
Los dos voltearon al mismo tiempo.
Solo se escuchaba estática.
Luego una voz.
Débil.
Distorsionada.
Como si alguien hablara desde muy lejos.
“…si escuchan el zumbido… ya es tarde…”
Lucas dejó de actuar inmediatamente.
—Ey… eso no fui yo.
Doki bajó un poco la cámara.
La voz continuó entre interferencias.
“…no volteen cuando escuchen pasos…”
Y entonces, desde algún punto profundo del edificio…
se escuchó un golpe.
CLONK.
Metálico.
Lejano.
Como si algo hubiera tirado una tubería.
Los dos se quedaron inmóviles.
—Arriaga… —llamó Lucas nervioso—. ¿Eres tú?
No hubo respuesta.
Solo el interminable zumbido de las luces amarillas.
En ese momento apareció Arriaga saliendo de entre los cubículos oscuros.
Traía parte del disfraz colgando del hombro y una sonrisa nerviosa en la cara.
—¿Esos golpes fueron ustedes? —preguntó mientras miraba alrededor—. Wow… este lugar sí se siente real y aterrador.
Doki lo enfocó inmediatamente con la cámara.
—¿No fuiste tú?
Arriaga frunció el ceño.
—No. De hecho vine porque me equivoqué de mochila y dejé parte del disfraz aquí.
Por primera vez, los tres se quedaron completamente callados.
Porque eso significaba que el ruido metálico no había sido ninguno de ellos.
El zumbido de las luces volvió a crecer.
Bzzzzzzzz…
Lucas tragó saliva.
—Entonces… ¿quién hizo el ruido?
Nadie respondió.
De repente, una de las cámaras que habían dejado apuntando al pasillo comenzó a moverse sola.
Muy lento.
Como si alguien estuviera empujando el tripié desde atrás.
CRRRRK.
Los tres voltearon al mismo tiempo.
La cámara terminó apuntando directamente hacia un corredor oscuro al fondo.
Un pasillo que estaban seguros de no haber visto antes.
Doki sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—¿Había otro pasillo ahí?
—No… —murmuró Lucas—. Estoy seguro de que no.
Entonces las luces parpadearon violentamente.
Todo quedó oscuro durante un segundo.
Y cuando volvieron…
las notas pegadas en las paredes habían cambiado.
Ahora había nuevos mensajes escritos con marcador negro.
NO SIGAN EL ZUMBIDO.
NO SE SEPAREN.
NO CONFÍEN EN LAS VOCES.
Arriaga soltó una risa nerviosa.
—Ok… ¿quién está haciendo esto? Ya en serio.
Pero Doki ya no estaba sonriendo.
Porque detrás de Arriaga, al fondo del corredor recién aparecido…
acababa de ver una silueta asomarse lentamente.
Alta.
Inmóvil.
Observándolos.
Arriaga dejó caer parte del disfraz al suelo y abrió rápidamente una de las mochilas.
De entre el equipo sacó un rifle de postas modificado que usaban como utilería para videos y prácticas de tiro.
Aunque no era un arma real, en ese momento sostenerlo le daba algo de seguridad.
—Ya no me está gustando esto… —murmuró mientras apuntaba hacia el pasillo oscuro.
Lucas corrió de inmediato hacia la entrada por donde habían llegado.
Sujetó la manija oxidada de la puerta metálica y tiró con fuerza.
CLANK.
No abrió.
Volvió a intentarlo más fuerte.
Nada.
—¡Ey! ¡Ey, no está abriendo!
Empujó con el hombro desesperadamente.
La puerta ni siquiera vibró.
Era como intentar mover una pared.
Doki sintió cómo el pecho se le hundía lentamente.
El aire se estaba volviendo más pesado.
El zumbido de las luces parecía entrarle directo a la cabeza.
Pero en medio del miedo, algo hizo clic en su mente.
Rápidamente dejó la cámara sobre la mesa y sacó su libreta café del bolsillo lateral de la mochila.
La abrió entre páginas llenas de teorías, dibujos y notas sobre los Backrooms.
Manos temblorosas pasaban hojas llenas de apuntes sobre “noclips”, “realidad inestable” y niveles.
—No, no, no… esto no puede estar pasando… —susurró.
Lucas seguía golpeando la puerta.
—¡Doki, abre esta cosa!
Pero Doki apenas escuchaba.
Sus ojos se quedaron fijos en una nota escrita semanas atrás, basada en un foro extraño que había encontrado mientras investigaba.
"Antes de un noclip, el entorno comienza a deformarse lentamente. Los espacios cambian de lugar. Las puertas dejan de funcionar. Aparecen sonidos imposibles y el zumbido se vuelve más intenso."
Debajo había otra frase subrayada varias veces:
"Cuando el lugar empieza a sentirse más grande por dentro que por fuera… ya es demasiado tarde."
Doki levantó lentamente la mirada.
El pasillo frente a ellos ya no terminaba donde recordaba.
Ahora se extendía muchísimo más lejos.
Demasiado lejos.
Como si el edificio hubiera crecido mientras no miraban.
Entonces la grabadora volvió a encenderse sola.
Y esta vez la voz sonó mucho más clara.
“…ya entraron…”
Doki cerró la libreta lentamente.
Sus manos temblaban.
Lucas seguía intentando abrir la puerta, respirando agitado, mientras Arriaga mantenía el rifle apuntando hacia el corredor oscuro.
—Doki… ¿qué está pasando? —preguntó Lucas con la voz quebrada.
Editado: 25.05.2026