Backrooms

CAPITULO 3

El aire era cálido.

Quieto.

Frente a ellos había un cielo anaranjado como de atardecer eterno.

Nubes suaves flotaban lentamente sobre estructuras imposibles: escaleras que no llevaban a ningún lado, edificios redondos, juegos infantiles vacíos y calles silenciosas iluminadas por una luz nostálgica.

Todo parecía salido de un sueño.

O de un recuerdo viejo.

Lucas se incorporó lentamente del suelo.

—¿Dónde… estamos?

Doki observó alrededor en silencio.

Reconoció inmediatamente el ambiente por las imágenes de internet.

—Dreamcore…

Arriaga respiraba agitado mientras bajaba lentamente el rifle.

El lugar era extraño, pero no se sentía hostil.

No había zumbidos.

No había pasos.

No había criaturas observándolos desde la oscuridad.

Solo un silencio tranquilo acompañado por el sonido lejano del viento.

A unos metros había una pequeña área de juegos vacía con columpios moviéndose suavemente solos.

Lucas dejó caer la mochila y se sentó sobre el pavimento.

—No me importa dónde estamos… al menos salimos de ese infierno.

Por primera vez desde que todo comenzó, pudieron respirar sin sentir que algo los perseguía.

Arriaga revisó rápidamente el equipo.

Habían perdido varias cosas durante la huida, pero todavía conservaban:

  • Agua.
  • Algunas herramientas.
  • La libreta de Doki.
  • Dos cámaras.
  • El rifle de postas.
  • Linternas y baterías.

Doki caminó lentamente observando el horizonte imposible.

El lugar le producía una sensación rara.

Como nostalgia.

Como si hubiera estado allí de niño.

Entonces encontró algo más.

Una nota pegada en un poste de luz.

Vieja.

Arrugada.

La letra estaba temblorosa.

"Si llegaste al Dreamcore, descansa mientras puedas."

Debajo alguien había escrito otra frase.

"Aquí no cazan cuerpos."

Doki sintió un escalofrío.

Porque abajo, casi borrado…

había otra línea más.

"Cazan recuerdos."

Los tres se sentaron unos minutos cerca del área de juegos vacía mientras el extraño cielo anaranjado permanecía inmóvil sobre ellos.

Por primera vez desde que todo empezó, podían pensar con claridad.

Arriaga abrió una de las mochilas y comenzó a revisar el equipo restante.

—Perdimos varias cosas… pero todavía tenemos suficiente para movernos.

Sacó dos rifles de postas cortos que llevaban desmontados entre el equipo de utilería. Tomó uno para él y le extendió el segundo a Lucas.

—Ten. Por si acaso.

Lucas observó el arma unos segundos antes de negar lentamente con la cabeza.

—No… no creo poder usar eso.

Arriaga no insistió.

Doki tomó el segundo rifle y revisó rápidamente el cargador.

—Entonces yo lo llevo.

Después comenzaron a prepararse mejor.

Tomaron las GoPros restantes y se las ajustaron al pecho con correas improvisadas.

—Si nos separamos, al menos quedará grabado qué pasó —murmuró Lucas.

Nadie respondió a eso.

Luego agarraron unas varas metálicas que usaban para sostener iluminación durante los rodajes. Con cinta, alambre y fuerza improvisaron lanzas rudimentarias amarrando cuchillos en la punta.

No eran armas perfectas.

Pero en ese lugar cualquier cosa servía.

Cada uno tomó:

  • Una linterna.
  • Baterías extra.
  • Agua.
  • Herramientas pequeñas.
  • Sus celulares.

Aunque no tenían señal, activaron rastreo y llamadas automáticas entre ellos.

—Tal vez en algún nivel funcione algo —dijo Doki mientras configuraba el suyo.

Arriaga terminó de ajustar la correa del rifle sobre su hombro y comenzó a vigilar alrededor.

El Dreamcore se sentía tranquilo…

pero demasiado silencioso.

Los columpios seguían moviéndose solos con lentitud.

A lo lejos había edificios imposibles flotando entre neblina naranja.

Y algunas calles parecían doblarse hacia el cielo.

Finalmente comenzaron a caminar.

Sus pasos resonaban suavemente sobre el pavimento vacío mientras Doki avanzaba leyendo fragmentos de su libreta.

—Escuchen bien —dijo mientras caminaban—. El Dreamcore no suele ser tan agresivo como el Nivel 0. Aquí lo peligroso no siempre son las entidades.

Lucas miró alrededor nervioso.

—Entonces ¿qué es?

Doki levantó la mirada.

—El lugar mismo.

Pasaron junto a una cancha vacía iluminada por faroles antiguos.

—Muchos dicen que aquí empiezas a perder recuerdos… primero pequeños detalles… luego cosas importantes. Nombres. Rostros. Incluso quién eres.

Lucas se quedó callado inmediatamente.

Arriaga seguía observando cada esquina con el rifle listo.

—¿Y cómo evitamos eso?

—Manteniéndonos despiertos. Hablando entre nosotros. Recordando cosas constantemente.

Doki guardó silencio un momento antes de continuar.

—Y nunca sigan algo que “se sienta familiar”. Aquí el nivel intenta atraerte usando nostalgia.

El viento sopló suavemente.

Entonces escucharon algo.

Música.

Muy lejana.

Como la melodía vieja de una caricatura infantil.

Arriaga levantó inmediatamente el rifle.

—¿Escucharon eso?

Doki sintió un escalofrío.

Porque aunque nunca había estado ahí antes…

reconoció esa canción.

Mientras avanzaban por las calles vacías del Dreamcore, el entorno comenzaba a cambiar poco a poco.

Al principio todo parecía tranquilo.

Las colinas verdes, las casas blancas y las cercas impecables daban una falsa sensación de seguridad. El cielo azul tenía algo extraño, como si fuera demasiado perfecto, demasiado limpio para ser real.

Pero conforme caminaban…

las cosas empezaron a deformarse.

Las pendientes se volvían más inclinadas de lo normal. Algunas casas aparecían torcidas apenas unos grados. Los caminos ya no conectaban correctamente entre sí.



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En el texto hay: criaturas, terror, terror suspenso

Editado: 25.05.2026

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