Backrooms

CAPITULO 5

El mundo volvió a distorsionarse.

Frío.

Oscuridad.

Viento.

Y luego…

bosque.

Los cuatro cayeron sobre tierra húmeda rodeados de árboles altísimos.

Todo estaba oscuro excepto por una tenue neblina gris que flotaba entre el bosque interminable.

No había sonidos de criaturas.

No había edificios.

Solo árboles.

Miles de árboles.

Doki abrió rápidamente la libreta mientras respiraba agitado.

Leyó unas líneas apresuradamente.

Y su expresión cambió.

—No… aquí no podemos detenernos.

Arriaga levantó el rifle mirando alrededor.

—¿Qué pasa ahora?

Doki pasó saliva.

—Este nivel… el bosque infinito… aquí no debes quedarte quieto.

Lucas ayudó a levantarse a la chica.

—¿Entonces qué hacemos?

Doki señaló hacia la oscuridad del bosque.

—Correr.

Arriaga frunció el ceño.

—¿Cómo que correr?

—Solo eso. Sigue avanzando hasta encontrar una puerta. Según las notas… eventualmente aparece una.

Lucas miró alrededor aterrado.

—¿Y si nos perdemos?

Doki negó rápidamente.

—No importa. Solo no se detengan y crucen cuando aparezca.

El viento sopló entre los árboles.

Y entonces…

muy lejos detrás de ellos…

algo comenzó a correr también.

—¡AHORA! —gritó Doki.

Todos comenzaron a correr entre los árboles oscuros del bosque infinito.

No había camino.

No había dirección.

Solo neblina, tierra húmeda y troncos interminables apareciendo frente a ellos.

Las ramas golpeaban sus rostros mientras corrían sin detenerse.

Detrás…

algo también corría.

No podían verlo bien.

Pero se escuchaba.

Las pisadas pesadas.

La respiración.

El sonido de árboles quebrándose a la distancia.

Arriaga corría al frente apartando ramas con la lanza improvisada mientras Lucas ayudaba a la chica del refugio a mantenerse en pie.

—¡NO VOLTEEN! —gritó Doki.

Porque en su libreta había una advertencia clara.

"En el bosque, lo que te persigue se acerca más cuando lo miras."

El aire comenzaba a volverse helado.

Todo se veía igual.

Los mismos árboles.

La misma niebla.

La misma oscuridad interminable.

Poco a poco comenzaron a perder completamente la noción de dirección.

Pero nadie se detenía.

Porque detenerse no era opción.

Entonces algo pasó rozando entre los árboles a la izquierda.

Demasiado grande.

Demasiado rápido.

Lucas respiraba desesperadamente.

—¡¿CUÁNDO APARECE ESA MALDITA PUERTA?!

Doki apenas podía responder entre jadeos.

—¡SIGAN CORRIENDO!

Y entonces…

la vieron.

Una puerta blanca.

Sola.

En medio del bosque.

Iluminada débilmente.

Parecía la puerta de un salón escolar.

—¡AHÍ! —gritó Arriaga.

Todos corrieron hacia ella mientras detrás el sonido de la criatura se acercaba violentamente.

Las ramas explotaban.

Los árboles temblaban.

Algo enorme venía directo hacia ellos.

Arriaga abrió la puerta de golpe.

Y uno por uno cruzaron sin pensar.

Doki cayó pesadamente sobre piso de mosaico.

Parpadeó confundido.

Ya no estaban en el bosque.

Ahora se encontraba dentro de un salón de clases antiguo.

Pupitres pequeños.

Pizarrón verde.

Ventanas altas.

Todo iluminado por una luz blanca tranquila.

Entonces escuchó un golpe metálico detrás.

CLANK.

Un casillero se abrió.

Arriaga salió de él cayendo al suelo.

Respiraba agitado.

Doki rápidamente se acercó.

—¡Arriaga! ¿Estás bien?

—Sí… creo…

Otro casillero se abrió de golpe.

Lucas salió tropezando junto con la chica del refugio.

Después comenzaron a abrirse más.

Dos señores.

Una señora.

Otros refugiados.

Todos apareciendo desde diferentes casilleros metálicos alrededor del salón.

Confundidos.

Asustados.

Lucas respiró aliviado.

—Pensé que nos habíamos separado…

Uno de los hombres del refugio miró alrededor desesperado.

—¿Y los demás?

El salón quedó en silencio.

Porque faltaban personas.

Varias.

Doki bajó lentamente la mirada.

Y entonces ocurrió otra vez.

Ese extraño “sentimiento”.

El mundo alrededor se distorsionó apenas por un segundo.

Y Doki vio algo.

Un lugar diferente.

Oscuro.

Industrial.

Los refugiados perdidos estaban ahí.

Golpeando una puerta metálica mientras algo se acercaba desde las sombras.

La visión desapareció inmediatamente.

Doki retrocedió respirando agitado.

Arriaga lo sujetó.

—¿Qué viste?

Doki levantó lentamente la mirada.

—No murieron…

El silencio llenó el salón.

—Pero terminaron en otro nivel.

Doki seguía respirando agitado después de la visión.

Poco a poco comenzó a entender el nuevo nivel.

El salón era tranquilo.

Seguro.

Las luces blancas iluminaban los pupitres viejos mientras afuera solo se extendían pasillos escolares interminables.

Arriaga se acercó.

—¿Qué pasa aquí?

Doki observó hacia la puerta cerrada del salón.

—Hay una entidad… parece una maestra.

Lucas soltó un suspiro cansado.

—¿Y qué hace?

Doki abrió la libreta y comenzó a escribir rápidamente.

—Solo camina por los pasillos.

Todos guardaron silencio escuchando.

Y entonces…

Tac.

Tac.

Tac.

Pasos.

Lentos y constantes.

Pasaron frente al salón.

Sin detenerse.

Sin mirar hacia dentro.

Solo caminando.

Como si estuviera patrullando la escuela eterna.

Los refugiados permanecieron quietos mientras el sonido se alejaba lentamente por el corredor.

Tac…

Tac…

Tac…

Hasta desaparecer.

Doki levantó la mirada.



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En el texto hay: criaturas, terror, terror suspenso

Editado: 25.05.2026

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