Los cinco cayeron dentro de un pequeño cuarto de almacén lleno de cajas y productos viejos. Afuera se escuchaban motores, viento y el sonido lejano de una gasolinera funcionando.
Lucas abrió lentamente la puerta.
Y todos se quedaron inmóviles.
Era su mundo.
O eso parecía.
Una carretera normal.
Autos pasando.
Luces de neón.
Una tienda de autoservicio iluminada.
El cielo nocturno completamente tranquilo.
Lucas casi sonrió.
—Lo logramos…
Incluso Doki dudó por un momento.
El aire se sentía real.
Normal.
Ray abrazó a su padre llorando mientras Alex respiraba aliviado.
—Gracias… de verdad.
Se despidieron ahí mismo, creyendo que finalmente todo había terminado.
Pero el trío todavía sentía algo raro.
Entraron lentamente a la tienda de autoservicio mientras afuera Alex y Ray se alejaban hacia la carretera.
Entonces comenzaron a notar detalles.
Los relojes no avanzaban.
Todos marcaban exactamente la misma hora.
Las cámaras de seguridad se movían de forma errática.
Y las pantallas tenían estática por segundos.
Lucas retrocedió lentamente.
—No…
Doki entendió inmediatamente.
Seguían atrapados.
Sin hacer mucho ruido comenzaron a hablar en voz baja, fingiendo normalidad mientras caminaban entre los pasillos de la tienda.
—No hagan que el nivel se dé cuenta que sabemos —susurró Doki.
Arriaga observó alrededor nervioso.
—¿Ahora qué hacemos?
Doki respiró hondo.
—No sé… este nivel no aparece en ninguna nota.
Lucas se sujetó la cabeza.
—Perfecto… PERFECTO. Si no hubiera entrado a esa maldita tienda seguramente ya habríamos salido.
Entonces Doki se quedó quieto.
Pensando.
Y algo conectó en su mente.
Volteó lentamente hacia Arriaga.
—Es cierto.
—¿Qué cosa?
—Entramos por el mercado abandonado… tal vez la única forma de salir sea regresar al punto donde empezó todo.
Arriaga entendió de inmediato.
Doki le hizo una pequeña señal para seguirle la corriente.
Entonces habló más fuerte fingiendo normalidad:
—Oye… deberíamos terminar el cortometraje, ¿no?
Arriaga captó la idea aunque todavía confundido.
Sacó un celular y fingió buscar.
—Sí… según esto las oficinas del mercado quedan a diez minutos en auto.
Lucas los miró como si estuvieran locos.
—¿Hablan en serio?
En ese momento una anciana bajó de un automóvil estacionado frente a la tienda.
Doki no dudó.
—Vámonos.
Los tres salieron corriendo.
Arriaga abrió la puerta del auto mientras Lucas subía atrás.
La anciana volteó lentamente desde la entrada de la tienda.
—Ese es mi auto…
Pero algo en su voz sonaba… incorrecto.
Los chicos intentaban encender el vehículo desesperadamente.
Entonces el motor arrancó.
BRRRMMM.
—¡Dale reversa! —gritó Lucas.
Doki aceleró inmediatamente hacia atrás mientras Arriaga sacaba el rifle por la ventana.
La anciana comenzó a correr hacia ellos.
No como una persona normal.
Corría perfectamente recta.
Demasiado rápido.
Con una sonrisa imposible creciendo en el rostro.
PUM.
PUM.
PUM.
Arriaga disparó varias veces mientras Doki aceleraba hacia la carretera.
La anciana seguía persiguiéndolos.
Y entonces…
del bosque comenzaron a salir criaturas.
Sombras deformes corriendo entre los árboles siguiendo el auto a toda velocidad.
Lucas miró hacia atrás aterrado.
—¡¿QUÉ ES ESO?!
Pero lo peor venía detrás de las criaturas.
Oscuridad.
Una enorme pared negra devorando el paisaje completo mientras avanzaba rápidamente por la carretera.
Como si el nivel entero estuviera colapsando.
A lo lejos ya podía verse el mercado abandonado.
A lo lejos, sobre la carretera oscura, Doki alcanzó a ver a Ray y Alex caminando apresurados entre las luces parpadeantes del falso vecindario.
Detrás de ellos también venían criaturas saliendo del bosque.
—¡AHÍ ESTÁN! —gritó Lucas.
Doki aceleró más mientras la oscuridad seguía tragándose todo detrás.
La anciana todavía corría a la distancia sonriendo de forma imposible.
Cuando pasaron junto a ellos, Lucas abrió la puerta trasera y gritó:
—¡SALTEN!
Ray y Alex, sin entender nada pero confiando completamente en ellos, se lanzaron al vehículo en movimiento.
Pero al reducir la velocidad…
otras cosas también alcanzaron el auto.
Criaturas deformes saltaron sobre el techo y las ventanas golpeando violentamente el vehículo.
THUD.
THUD.
THUD.
Una de ellas logró meter parcialmente el rostro por la ventana rota.
Sonreía mientras hablaba con voces mezcladas.
—No tienen que irse…
Otra susurraba desde el techo:
—Pueden quedarse…
Arriaga golpeó una mano monstruosa con el rifle mientras Lucas intentaba cerrar una puerta que algo quería abrir desde afuera.
El mercado abandonado ya estaba enfrente.
La entrada rota.
Exactamente igual que cuando comenzaron todo.
Doki entendió.
Era ahí.
La verdadera salida.
Entonces gritó:
—¡TODOS AGÁRRENSE DEL ANTEBRAZO DEL OTRO!
Todos obedecieron inmediatamente formando una cadena dentro del auto mientras las criaturas seguían subiéndose encima.
Doki aceleró directamente hacia la entrada del mercado.
Las luces comenzaron a distorsionarse.
La oscuridad detrás ya casi los alcanzaba.
Y justo antes del impacto…
una de las criaturas sonrió directamente hacia Doki.
—Esta no es la única entrada.
BOOOOOOM.
El automóvil atravesó violentamente las puertas del mercado.
Por un instante todo desapareció.
Las criaturas.
La oscuridad.
La carretera.
El vehículo completo.
Y los cinco salieron disparados violentamente sobre concreto real.
Editado: 25.05.2026