Las tres chicas comienzan a correr, esquivando camillas de hospital, puertas que se abren entre más cosas. Las sirenas de alarma del hospital les taladran la mente, un agotamiento psicológico que les cobrará factura mientras corren. Marian tras diez minutos está agotada.
– ¿¡Cuanto falta!? – grita Marian.
– ¡No lo sé! ¡Según algunas teorías debemos correr 10 km! – explica Luna a gritos, que es la única manera de comunicarse para que la alarma no opaque sus voces.
– ¡Ah! – chilla Mia antes de caerse con una silla de ruedas que estaba en movimiento.
Luna mantenía la marcha, pero Marian intenta volver atrás y se queda paralizada observando a entidades.
– ¡¡No lo hagas, las criaturas te atraparán a ti también, huye!! – le ordena Mia mientras logra ponerse de pie y empuja a Marian hacia delante justo antes de que las entidades le atrapen.
Luna retrocede un poco para tirar del brazo de Marian.
– Corre si quieres seguir viva. – grita Luna por primera vez en un tono serio.
Las dos chicas apresuran el paso. Pueden oler a muertos, les dan náuseas, pero siguen corriendo. A veces tropiezan pero siguen adelante. Luna se gira un momento para ver donde estaba Mia, y la pudo observar. Estaba a pocos metros de las criaturas, corriendo como podía ya que se había roto el tobillo. Mia siempre había sido la más atlética así que eso explicaba cómo podía seguir corriendo con ese dolor. Siguieron corriendo, se les hacía eterno, no sabían cuánto llevaban. ¿Diez minutos? ¿Media hora? ¿Una hora? ¿Dos? Les parecía una eternidad, pero siguieron corriendo como podían. Las piernas se cansan, los zapatos de Marian están desgastados. Marian ya no puede más, pero Luna le sigue tirando del brazo.
– ¡Vamos, que nos van a atrapar! – le ordena Luna pero Marian no parece estar presente ahora mismo. Estaba mirando a la nada, sus ojos estaban abiertos, pero vacíos, ella estaba arrastrando sus pies y su cuerpo estaba débil.
Las entidades están bastante cerca, se pueden escuchar los gruñidos y como se arrastran quitando todos los obstáculos de enmedio.
Mia sigue a Luna y a Marian, bastante atrás pero aún viva. Hace un sprint con todos sus esfuerzos al ver que al final hay una puerta de Exit.
– ¡Esa es la salida! – exclama Luna alegre y emocionada pero con esfuerzo ya que sus pulmones ardían.
Mia les alcanza a ambas y las empuja hacia la salida. Las tres logran salir justo antes de que las entidades les atrapen, pero Mía, con el tobillo ya destrozado, apenas logró pasar antes de que le arañaran la espalda
Tras haber pasado la puerta, Marian se cae al suelo del cansancio, Mia también se cae pero porque no se puede mantener de pie con el tobillo roto y Luna comienza a analizar el nuevo escenario.
– M-me… duele todo… – se queja Marian con el poco aire que le quedaba. Y al escupir algo de saliva, pudo ver rojo carmesí, sangre.